Chabelo o la curvatura del espacio-tiempo

Chabelo o la curvatura del espacio-tiempo

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El 25 de noviembre de 1915, Einstein publicó el artículo Die Feldgleichungen der Gravitation, donde presentaba las ecuaciones de su famosa Teoría de la Relatividad. Exactamente un siglo después, Chabelo anunció el final de su programa En familia, la máquina moralizante de al menos tres generaciones de niños mexicanos. ¿Coincidencia? … Sí, obviamente, pero pocas veces el caos del universo nos regala una coincidencia tan feliz, pues ambas figuras representan desafíos al concepto clásico del tiempo. Desde el campo de las ciencias, la teoría de Einstein confirmó lo que poetas y filósofos sospechaban: la medida de un fenómeno depende de la percepción, es decir, la descripción del acontecer natural está sujeta a las condiciones que rodean a un observador. La medición del tiempo es relativa y la existencia de Chabelo ha venido a demostrarlo.

Por supuesto que me estoy saltando consideraciones clave en función del chiste. Chabelo sólo es un acontecer natural en tanto entidad biológica, pero su longevidad es, más bien, un constructo cultural posibilitado por los medios de comunicación masiva. La vida humana, sin embargo, se encuentra entre estas dos esferas: la muerte es tan factual como la existencia imaginaria de Dorian Grey (o Edward Cullen). La inmortalidad de Chabelo es memética, proviene de su huella en el imaginario mexicano y de la apropiación de quienes reproducimos su imagen a la menor provocación. Pero la huella es cada vez más tenue, es ahí, en la reproducción espontánea de la máquina, donde arrancamos al sujeto de su significado y lo hacemos cosa.

No es esto una apología de Chabelo. Hace poco leía una nota biográfica sobre Xavier López que publicó Fabrizio Mejía en Proceso y creo que, si fuera necesario hacerle justicia de algún tipo al actor, la tarea está cumplida. Seguramente, cuando llegue el inconcebible día de su muerte, habrá muchas otras por el estilo. A lo mejor hasta una película, su vida da para una buena biopic. Aquí nos interesa la imagen, la cosificación del hombre, su resignificación a través de moléculas de sentido que salen de los textos originales y van a dar a reinos de ideas ajenas contra toda predicción. ¿Cómo convergen la Relatividad del Tiempo y Chabelo?

La respuesta, naturalmente, se encuentra en Alfonso Reyes. En sus notas de lectura sobre Einstein, el ateneísta anuncia: “En Einstein, la matemática es sólo un lenguaje para expresar investigaciones experimentales. Un día se le explicará sin fórmulas. Un día entrará en el hábito, y se hará intuición como las nociones clásicas de espacio y tiempo, o la del sistema copernicano. Estas nociones ya empiezan a rondar nuestra sensibilidad, dice Maeterlinck” (22). ¡Reyes siempre tan amable con la humanidad! Tiene razón en algo. A cien años de la Teoría de la Relatividad, la mayoría de los ciudadanos de la Tierra hemos digerido algunas de sus premisas fundamentales, aunque no terminemos de entenderla. Así como a Chabelo, hemos extraído de su textualidad algunos elementos útiles para jugar con nuestra percepción del mundo.

En algún lugar he escuchado la broma de que, para los mexicanos, la Relatividad nos cayó como anillo al dedo: nuestro famoso “ahorita”, lo mismo significa un segundo que una semana, dependiendo de la perspectiva de quien mira al tiempo. El “ahorititita” expresa nuestro íntimo coqueteo con la muerte, a modo de Aquiles y la tortuga. En las inexactitudes de la poesía, tanto como en la sabiduría china ─dice Reyes─, “puede asegurarse que hay intuiciones de metageometría” (101). Agregamos, sólo por el gusto de mencionar a Chopin, que su tendencia a dilatar el tiempo musical con las notas sobreabundantes que se fuerzan en los compases de los nocturnos son una ruptura de la mirada clásica por pura voluntad de comulgar con el ritmo de la naturaleza.

No obstante, mientras en el campo científico y humanístico la relatividad de Einstein, a la par de la filosofía natural de Bergson, desató la rienda de la hegemonía racional de Occidente, una revolución que desemboca en la ecología de saberes; en el campo de la cultura de masas americana, hicimos de la relatividad un pretexto para la fiesta comunicativa. Todas las generaciones vivas han mirado a Chabelo (y a la Reina Isabel), pero cada individuo lo mira desde su trinchera. Al más joven de los centenials ni siquiera le tocó despertar un domingo para encontrarse con él porque, afortunadamente, la televisión ya no domina el sonido de los hogares (ahora son ruidos más heterogéneos). Es más, la palabra katafixia ha dejado de figurar en el vocabulario común. Chabelo es prueba, pues, de que en la cultura líquida la relatividad es más violenta que en las ciencias. No sólo nos hemos apropiado de los conceptos de Einstein, como esperaba Alfonso Reyes, sino que los hemos flexibilizado para justificar nuestro afán por cosificar a los sujetos y negar los procesos históricos.


Fuente citada:
Reyes, Alfonso. 2009. Einstein. Notas de lectura. México: FCE.

 

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