Contrapuntos sobre Halloween

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Lo sabemos bien y no está mal recordarlo por si alguien lo olvida: el Halloween no tiene nada que ver con nuestra cultura. No ha ingresado inocentemente a nuestras vidas, sino como una fantasmagoría comercial. Tampoco persiste en él huella alguna de su origen celta por mucho que leamos Wikipedia para buscarla.

Pero, nadie podrá negarlo, el Halloween es chido.

Las polémicas y resistencias estuvieron en boga entre los 80-90: el vecino cristiano y el maestro nacionalista vs el Canal Cinco y Sabrina, la bruja adolescente (a la que sus tías le dicen “sobrina”). Si queremos verlo generacionalmente: los X vivieron la polémica, los millenials ya no tanto, los centenials menos. En Latinoamérica no aplica el término baby boomer, por mucho que haya rasgos en común con los contenidos mediáticos exportados desde el mundo anglosajón, porque en realidad los ritmos generacionales de la cultura de masas no se emparejaron hasta el neoliberalismo, que está como telón de fondo en todo este asunto. Y, aún así, hay secciones de la población latinoamericana en las que resulta imposible imponer conceptos tan homogeneizantes, aún en pleno siglo XXI.

Los debates sobre el Halloween no alcanzaron resolución, parecen obsoletos, pero no por haberse agotado, simplemente pasaron de moda, la inercia del mundo silenció el tema en las agendas. En época de interculturalidades, transnacionalidades y vida digital no está demás recuperarlo, ver qué tan operativo puede ser. Dónde se presenta, si es que se presenta.

En el cronograma de nuestras vidas, el inicio del segundo semestre del año prepara el cierre del ciclo financiero [obviamente] y esto repercute sobre la vida espiritual [no tan obvio]. En el caso de México, hay un ascenso ritual claramente definido por los meses, desde septiembre hasta diciembre: mes patrio → mes religioso. Si, en la vida económica, la progresión de fiestas sirve para activar el mercado; en la vida de las supraestructuras funciona como una serie de actos de renacimiento simbólico colectivo e individual. En ese sentido, Halloween es adoptado con gran facilidad para llenar el puente entre la celebración nacionalista y el comienzo de las celebraciones religiosas. (Punto para Halloween.)

Aquí el cuestionamiento clásico: ¿cuál es la necesidad de celebrar Halloween si ya existe un Día de Muertos, justo un día después, fecha propia, con raíces mestizas o, si se prefiere, originarias? (-1 para Halloween) La respuesta es sencilla. El Día de Muertos no alcanza tanta anticipación como Halloween. La Noche de Brujas reviste a octubre con una especie de aura mágica. Puesto que requiere de cierta disposición preparativa, en cuanto entra el otoño −y poco después octubre− la atmósfera de los días se tiñe de naranjas obstinados y ajengibrados. (+1)

Al encontrarse en el borde final de octubre, y no el borde inicial de noviembre, tenemos la sensación de que podemos estirarlo hasta el día primero. Empiezan los maratones de películas, las compras de adornos, la búsqueda de disfraces. Pero, más allá de las fronteras calendáricas, la industria ha hecho a Halloween tan flexible que nos permite jugar con sus significados (+1 por lo del significado, -1 por lo de la industria). Sucede diferente con el Día de Muertos, que puede tener algo de festivo, pero no tanto como nos lo han hecho creer Coco y quienes injustificadamente ven en el cine de Tim Burton algún eco de mexicanismo.

El Día de Muertos guarda solemnidad. No en razón de una identidad cultural defensiva, eso es agregado ideológico que va y viene con las modas. La solemnidad proviene de algo más simple y profundamente íntimo, por lo tanto, de mucho mayor peso: los difuntos son la familia. El Día de Muertos está altamente codificado, conlleva prácticas difíciles de alterar, posee un conservadurismo justificado porque, de otra manera, perdería su carácter ritual. Cuando se agregan variaciones (como incluir a Michael Jackson y Juan Gabriel en la ofrenda) se interpreta como parodia, propicia la risa del ridículo. En consecuencia, resulta imposible estirar la solemnidad del Día de Muertos hasta el primero de octubre.

Del otro lado, como Halloween nos llegó alterado, no pasa nada si lo alteramos un poquito más a nuestro gusto. Lo mismo permite la liberación del salvajismo infantil como de la libido adolescente, el afán cosplayista del ottaku y del potterhead, las casas de terror y las fiestas, o el momento ideal para enterrar monitos en cementerios (o desenterrarlos, dependiendo de la intención y de qué tan darkss seas). En tanto fiesta, las reglas se suspenden, además de una apertura temporal hacia otros mundos, aprovechamos para desvanecer fronteras culturales. Hay algo de cosmopolita en el Halloween, aunque Estados Unidos acapare la atención. Es un juego, pues.

Más allá de los nacionalismos, la cuestión que realmente debe preocupar a la mirada crítica es: ¿qué papel cumple el Halloween en la enajenación? ¿Se trata de una distracción de los problemas materiales? ¿O es un piso de significados que agregan valor a la mecanización de la vida ultrapostindustrial? ¿Es un velo de encubrimiento o es una capa simbólica?

Como la cuestión no es cuantitativa, no importa la suma total de puntos a favor que hasta ahora haya obtenido la fiesta de las brujas. Si la respuesta es que se trata de un mecanismo de enajenación que reproduce la ideología consumista y la indiferencia social, entonces Halloween es una amenaza. Si nos inclinamos por la segunda opción, entonces hay algo de re-humanización que vale la pena rescatar.

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One thought on “Contrapuntos sobre Halloween

  1. Hola Héctor es un gusto leer tu opinión sobre un debate sobre el Halloween, es oportuno en estos momentos cercanos al Día de muertos nuestra actitud ante la Muerte. Así es solemmne y será todo un simbolismo arraigado en nuestra cultura que ha sido golpeada por las falsas modas de lo extranjero y lo comercial lo llamativo es superficial y como tal se pierde es desechable. En cambio. La celebración de muertos nos define como seres reflexivos sobre el devenir de la dualidad vida-muerte. No hay más. Y lo demás es pasajero. Enhorabuena.

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