Cuando ella se fue

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¿El fin del mundo? Sí, sé qué es lo que se siente.

Éramos jóvenes, mucho. Desconocíamos las normas que se supone están implícitas, pero la verdad teníamos algo especial que nos alienaba de nuestro alrededor. Como capibaras salvajes que ni a zoológico ni a circo llegaban. Yo respiraba, consumía y me fundía en ella. Era como un hechizo inquebrantable que me advertía de lo que sucedería, que me aventaba a escapar, pero que, a su vez, neoliberalizaba mis recursos mentales más profundos. Sí, la verdad es que caí seriamente.

Pero ella me veía diferente, yo era algo distinto para ella. No sé realmente cuáles eran sus intenciones; es decir, no era el mejor, lo sé, pero nunca entenderé por qué propició el fin del mundo sin prepararme correctamente antes. No la culpo, ya no, pero aún duele.

Todo comenzó con una nave; ella me subió, me enseñó nuevos mundos y repentinamente decidió bajarse y buscar tierras alternas. Me hablaba de murciélagos, de gigantes, de criaturas en bosques. Nadie me indicó las instrucciones, aunque quizás era mi tarea investigarlas por mi cuenta. Yo me estrellé en mi planeta y causé un Armagedón imparable que dejaría todo en ruinas.

Al principio no lo entendí. De verdad que no. La vi egoísta.

Ojalá que no; no recuerdo, pero creo que la maldije. Yo había desafiado mis propias convicciones, así como mis libertades para tenerla feliz, por lo que me sentí fatal cuando ella se fue. La culpé de los tornados, de los tsunamis, de los terremotos y casi me mato. Pero entendí muy tarde que ella nunca volvería realmente para ayudarme a reparar un ecosistema que yace roto. Que no se me culpe de no haberlo intentado; contacté gente de otros mundos, les invité a ayudarme, pero simplemente no entendieron la misión y terminé por dejar el asunto en paz hasta que ella realizó una expedición conmigo una vez más, aunque resultó que solo estaba de paso otra vez, pues necesitaba un par de materias primas para continuar con su viaje. Eran tiempos distintos, es nubloso, pero creo que en ese momento yo ya había encontrado respuestas más acertadas que ella terminó por borrar.

Si no puedes verlo, por lo menos imagínalo. Es gris, el núcleo es visible, es vulnerable e irradia un calor incontenible que solo aumenta la consumación de un inevitable final. Mi planeta, mi mundo está muriendo y no hay nada que pueda hacer al respecto. Finjo que ya no la espero, pero la verdad es que sí. Moldeo mi suerte para aferrarme a algo que ya se extinguió completamente. Tengo que ser fuerte, no por mi tierra, sino por las consecuencias de sus condiciones.

A ella, bueno, no tengo nada que perdonarle realmente. No me debía nada, ella es de otra parte. Un poco más de tacto y coherencia hubiera sido bueno, pero fue más culpa de la inestabilidad de aquella masa geoide y de mi incompetencia.

Ella es libre, por eso la admiro. Y por eso puede ser que aún la siga amando. Pero hay algo que quiero más, y eso es mi libertad. Sé que la alcanzaré, incluso cuando el fin del mundo llegue a su clausura. Incluso aunque eso signifique que no vuelva a verla y me olvide de su rostro.

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