Dimensiones y trayectos. Una realidad en diseño y proyección

1 0
Read Time:5 Minute, 0 Second

Cuando se la considera de este modo,
el placer de la ficción estética no es una mera forma de escapismo,
sino un modo de soportar el recuerdo traumático:
un mecanismo de supervivencia.

~Slavoj Žižek

 

En marzo de 2018 escribí mi primer artículo académico “Bifurcación de la línea: una aproximación al espacio interno en el delito de tortura”, publicado por la revista Reflexiones Marginales[1], de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. A decir verdad, conllevó muchas reflexiones que aún continúo desarrollando y pensando. ¿Qué decir en un primer artículo? Bueno, el interés siempre ha sido el mismo: la contextualización del sentido y formación de la estructura psicológica. Entiendo, pasados los años, la importancia del ámbito histórico y crítico, más allá de la cultura y la sociedad. No dejo, a su vez, de creer en la importancia de la imaginación y el desarrollo de la personalidad como eje importante de la realidad. Es pues, esta pequeña reflexión, una contribución más a aquellas ideas que nacieron en un contexto universitario, lleno de incertidumbres, ausencias y posibilidades. Disfruten.

Vivimos en un mundo arquitectónico. No lo notamos, no de la manera en que estamos permeados por su estructura, pero lo habitamos. Somos en el espacio que se despliega. Incorporamos campos diversos a la contextura del tiempo, y entre las zonas por los cuales nos movemos hay una dimensión oculta que permea nuestra subjetividad. Existen espacios tan necesarios que sin ellos seríamos los dientes que devoran al cuerpo. O bien, como diría Artaud: antes de seguir hablando de cultura señalo que el mundo tiene hambre…

Hay una mirada cruel del universo, un fragmento de cuerda sobre lo real que permite mirar la arquitectura de la que somos parte. Las vigas sobre las cuales nos movemos. En este terreno donde nuestros pies descalzos andan, y que a pasos lentos van reconociendo, nuestros dedos tocan las aristas de los grandes trazos geométricos que nos sostienen. El espacio inhabitado permite nuestras prolongaciones que enferman nuestra esencia. Filtramos la realidad que nos consume, y sin darnos cuenta, construimos nuevos espacios que moldean el cuerpo de la libertad.

El espacio crítico, del que habló Edward T. Hall, da la sensación de una propiedad inherente al desarrollo de la identidad. Sin este horizonte propio, buscamos la manera de desintegrar la estructura de la diversidad que nos rodea. Somos un molde dispuesto a consumir la existencia:

Como ya vimos, todos los animales tienen necesidad de un espacio mínimo, sin el cual no pueden sobrevivir: es el “espacio crítico” de cada organismo. Cuando la población aumenta tanto que ya no hay espacio crítico disponible, aparece una “situación crítica”. El modo más sencillo de resolver la situación es suprimir a algunos individuos.

Esta es realmente nuestra estética: un abundante abismo que conduce a la prisión. No hay escape de las grandes murallas que construimos y revolucionamos. La gran guerra está expresada a la manera de Chesterton: un péndulo que recorre un extremo al otro hasta regresar al punto de partida. En ese cruce encontramos la reflexión para lo bello, lo universal y el juicio de calidad. La arquitectura que habitamos es una gran conciencia estética que crea un espacio para sí misma. Un museo de la memoria moral. Los inmensos pasillos y la gran cúpula quedan representados por el desarrollo subjetivo de las prolongaciones que los sujetos necesitan para sobrevivir. Se proyecta entre los pasillos y el laberinto la estructura social y universal que nos mantiene entre la armonía (cosmos) y el caos. El sentido de continuidad nos lo otorgan las dimensiones ocultas que dan esencia a la existencia. Y justamente entre los ventanales y los espejos, miramos nuestra propia arquitectura.

Si logramos reapropiarnos de nuestro cuerpo habría que entender que somos arquitectura efímera. El plano sobre el que nos movemos es efímero y fugaz. Hay una representación latente de nuestro imaginario, y la estructura también tiene su lado falso, su escenografía creada para momentos específicos del deseo. La arquitectura del cuerpo entra en un espacio simbólico de creación, de cohabitación y duración; pero también hay espacio para lo oscuro, para lo perverso y lo que desaparece cuando el sol brilla.  La percepción no está hecha solamente para el aprendizaje de nuevos modelos y realidades, sino que en ella encontraremos espacio para la exclusión y la destrucción. En este proceso de desarrollo psicológico nos enfrentamos al sótano, al espacio con el que luchamos desde que inicia la actividad práctica del individuo. En la realidad también hay escenarios para el desarrollo de la psique no funcional. Los grandes hospitales, los oscuros rincones, las mesas para la locura y las producciones institucionales que excluyen y discriminan se muestran como los grandes espacios para el terror, para la pesadilla. ¿Acaso estos espacios también son estéticos?

La estética, a la manera de Gadamer, vendría a representar una forma de experiencia subjetiva, viva, gozante, de constante reinterpretación y deconstrucción. Una experiencia objetiva para la propia arquitectura del individuo. Los huecos internos que crea la arquitectura que habitamos son productores estéticos para lo que Georges Matoré denominó “la geometría inconsciente del espacio humano”. En nosotros, en nuestro desarrollo subjetivo para la propia identidad también hay algo que nos sostiene, un nudo-vacío que permite la interpretación estética de la realidad que incluye un ámbito cruel de lo fantástico, del trauma… Una dulce mirada a nuestro desarrollo, a ese estelar témpano de hielo que imaginó Lacan y esa estructura cartografiada que Deleuze y Guattari llamaron “lo esquizo”. La propiedad matemática y topológica que representa la cinta de Möbius, que no es más que nuestra completa estructura identitaria y personal de la que el propio cuerpo lleva un registro: heridas, espacios inexplorados, cicatrices abundantes y un margen inconsciente profundo al que le tememos en demasía. Es, tan solo, un espacio más de nuestra representación interna. Habría que preguntar, entonces, ¿estamos dispuestos a mirarnos y reconocer el rostro que vamos proyectando?

 

[1] https://revista.reflexionesmarginales.com/la-bifurcacion-de-la-linea-una-aproximacion-al-espacio-interno-en-el-delito-de-tortura/

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *