Dos clases de escritores

Su cara se iluminó, casi tanto como antes, antes de que ella le mostrara que el sapo era eléctrico.

 

Philip K. Dick, Blade Runner

Decido creer que existen dos clases de escritores.

  1. Están los intuitivos,
  2. y los de formación.

Intuitivos

Lo que uno quiere hacer. Son los que buscan expresarse, contando algo, diciendo algo. Detrás de esta expresión está completamente lo personal. Esto último se convierte en un logro individual en sí mismo pues, se ha jugado con el ego o con el nos. Es poner en riesgo el lado afectivo, pues es cumplirse “el gusto” a pesar del ego en relación con el nos colectivo. Es la obra por sí misma.

De formación

Lo que se espera de uno. Aquí se produce, se le cuenta algo a alguien sobre algo, se le dice a alguien algo sobre algo, pero, como debe ser. Se ajustan estos escritores a una industria, a un canon, a una “maestría” del hacer. Y “uno se hace escritor” por saber-haciendo-oficiando. El cómo es lo que importa y el qué es lo menos importante. Lo verosímil hecho de artificios. Es la obra en sí misma.

La obra por sí misma

¡Qué aburrición! No hay nada en la telera y el cine cada vez está peor! Y las redes: si no son para estar sacando las frustraciones, mezcladas con aspiraciones, nomás te quitan el tiempo y hasta te deprimen. Ya leí lo que tenía en casa, pedí prestados otros libros y revistas y “no me hallo”. El techo y sus imágenes son las mismas, a falta de ver nubes en el cielo, las arañas juegan con mi mente y las deformaciones propias de la construcción, también. Puras proyecciones a lo Rorschach (por primera vez lo digo bien). Allí mi abuelita está acariciando a la gata y la nalgona que dibujó la humedad, cada vez se hace más ancha.

Ya me di dos vueltas en el sillón. Se me calienta la espalda. Ya estornudé. ¿Otro resfrío? Abriré la ventana. Méndigo tamalero, ya está torturando a los perros. ¡Bájale, cabrón! Qué fácil sería gritárselo desde el anonimato de mi ventana. Los cánidos aúllan. Ya los vengara el Cerbero cuando baje el infeliz a dar cuentas al chamuco. Me rasco, ya me arranqué unos pelos, me pican los entrededos, se me antojó un helado, quiero unas chaskas… con limón, sin chile, sabor pastor. Nel, luego me la paso echando sapos. Me lleva. Mejor voy por un atole. Pero me tengo que vestir…

Ya me harté. Voy a buscar mi pluma. Mira, el cuaderno viejo de Portugués tiene unas hojas sin anotaciones. Agárrense, a soltar la sopa. ¿De qué hablar si no tengo más que la lengua? Ay tú. Pues de que he vivido he vivido, por mucho que a mis padres les debo ser la oveja negra. Ahora se aguantan. Obvio aprenderé algunas cosas en el camino o las busco… ¿o para qué tanta lectura y tantos libros en casa?

¿Y si se enojan? Me vale. La cosa es darse el gusto. Si me tengo que publicar yo, ya qué. Si me tengo que poner a buscar dónde circular esto, ya qué. No seré la única persona. La cosa es fijarse en no regarla. Darlo a leer. Aceptar críticas… todo sea por la historia y los personajes. Está canijo no haber nacido en el circuito pero, otra vez… No seré la primera persona. ¡Con miedos a ningún lado se llega! Algunas clases de lo que me interesa dominar, para aprender los trucos, me basta. El resto sobre la marcha. Qué hueva leer todo, mejor leer lo indispensable para lo que quiero.

Que sólo mis amigos y mi familia me va a leer… seguro serán más de los que leen a cualquier principiante. Yo no nací para ganar concursos ni para quedar bien, estoy a gusto con el resultado. Lo mejor fue haber dejado el vicio de la tele, del cine, de todo eso que sólo pinta la caverna de cosas ajenas.

La obra en sí misma

¡Ahg! Un cuento de cinco cuartillas para dentro de un mes. A ver qué me invento, de algún lado sacaré la historia. Mientras me dé un chapuzón a mis apuntes y a mis anotaciones viejas, de algo me serviré. Aunque debo construir una estructura para no regarla. Sí, no quiero quedar mal. Capaz un conocido entra, o peor: un profe. Entre más estudié menos seguridad agarré. ¿Qué es eso de saber tanto para hacer tan poco? Ya ni la pluma sé mover, puros trabajos por encargo. Extraño cuando mis papás me leían y nos reíamos de las ocurrencias de los grandes. Qué lastre de querer ser como ellos… y tan pocas ellas.

A ver, concéntrate. Pura procrastinación. Otra vez el gato me ha revuelto los papeles. Michi, quítate, quiero trabajar. Ahora ya está todo lleno de pelos. ¡No! Otra vez con tu colita me barriste las colillas. Pinche Michi. Mejor un sapo.

¡Ay Jesús! Las tres de la mañana y nada más tengo el proyecto. San Bloom, hazme del boom. Si hubiera nacido en Francia o en Inglaterra, o de perdis en Estados Unidos, tendría más idea, pero no. Quizá en España la armaría más. Al fin que tengo la doble nacionalidad y los contactos… ¿pero obra? Chale, todo por hacerme universitario. Chulos los títulos pero on tá la obra de joven creador. ¿En algún lugar alcanzaré aún beca? Ni tiempo entre las traducciones y los papers. “Hay que comer” dicen los del Cuarteto… ¿dónde está mi disco? ¡Uta! Ya está amaneciendo y nada que avanzo.

¿Qué onda con mi familia? Ya ni me hablan. ¿Pues qué querían? Son cosas muy feas pero al menos salió para el desarrollo, el medio y el final circular. No es gran cosa, ahí están los Átridas, los Salinas, los Buendía… los Castro, los Osborn. Si gano hasta pueden luego agradecérmelo. Apenitas cierro el envío. Yo diría que es medio existencialista con un tono a lo Foulkner. Sepa, la convocatoria la sacaron para una antología Post-boom. No se les ocurre nada nuevo, a explotar el exotismo para que se venda. Pero la lana es la lana. Ya con eso pagaría dos tres… ya duérmete. Otra vez las cinco. Bendición al correo. Ya está, ahora ir a dormir como los justos. Qué desmadre, pero quién me manda.


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Un pensamiento en “Dos clases de escritores

  1. Buen rollo eso de escribir. Es pensar en nada y a la vez en todo. Escribir es pensar en tres caminos el qué digo. Cómo lo digo y lo qué sale. Saludos y las arañas voladoras.

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