El Ariel al espejo

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“Ariel, genio del aire, representa, en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad”. – José Enrique Rodó

 A modo de un planteamiento introductorio, como muchos ya han trabajado el simbolismo de los personajes de Ariel y Calibán desde los inicios con Shakespeare, pasando por Renan y terminando con Rodó; siempre se han trabajado como entidades contrarias y separadas, siendo símbolos socioculturales, en especial en Rodó trabaja la simetría “Calibán – Estados Unidos y Ariel – lo mejor de nuestra civilización”, como bien menciona Alvarado (2003), en su artículo Rodó y su Ariel. El Ariel de Rodó.

Entonces, el objetivo del trabajar este texto es tomar al pueblo de Guatemala y convertirlo en un personaje con Trastorno de identidad disociativo, pues, se pretende explicar que Guatemala es el dominado y el dominador. Guatemala alberga a Ariel y a Calibán.

Para comprender la idea es necesario entender que el trastorno ya mencionado puede surgir por un trauma psicológico, como bien mencionan los doctores Barahona y Reyes (2010). Esta situación traumática comienza con la conquista y la colonización de las tierras, por los españoles. En ese momento se genera el trauma. Resaltando, de la misma fuente ya mencionada, que es un trastorno que maneja la amnesia reversible y cambios de identidad repentinos.

A lo largo del ensayo de Rodó (2003) se exhorta a la libertad, al rechazo al consumismo y al trabajo esclavizador como a la pérdida de la vida por lo material; se propone a Ariel como la figura a seguir, el ídolo idóneo para ser un modelo, pues, es descrito de la siguiente manera:
Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es el entusiasmo generoso, e móvil alto y desinteresado en la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia (p.2).

Mientras que Calibán goza de dos palabras “símbolo de sensualidad y de torpeza”. Calibán es asociado al consumismo que no debe gobernar al humano, es la figura de la carne, según menciona Lapoujade (s. f.), en su trabajo Ariel y Calibán.

Se ha hecho la contraposición de Ariel y Calibán tal como se hace de lo bueno y lo malo. Están aquellos libres, jóvenes que siguen a Ariel o los que quedan bajo el control de Calibán. Más aún, colocando, como se ha mencionado antes, a Estados Unidos como ese Calibán consumista y materialista que le va quitando la libertad, el espíritu, el alma. Que toda esa concepción de hacer todo útil solo mata el espíritu y al perder el espíritu se muere.

Como bien plantea Alvarado (2003) “Calibán existe toda vez que tenga otro a quien hacerle frente”, para ello necesita a Ariel. Por tanto, se tiene la concepción de Rodó con respecto a Calibán y a los Estados Unidos, por la situación de Cuba. Igual Guatemala tiene historial con Estados Unidos, con la Fruit Company, un momento en el que se personificó a Calibán. De esta manera, siempre ha sido Guatemala un indefenso Ariel que vive y lucha por su libertad, por cuidar la poca libertad que goza. Siempre hay fuerzas esclavizadoras que lo dejan sin espíritu, y como se mencionó al inicio, Guatemala ya tiene un trauma que no deja y lo hace dividirse en dos: la parte que recuerda y la parte que olvida.

Es en esa división que se crea un Calibán y un Ariel, dominador y dominado. Llega una Guatemala corrompida por el materialismo, el utilitarismo, consumista y aquella que es feliz para su espíritu. El problema es que la concepción natural que se tiene es la de poderes superiores, fuera de Guatemala, que manejan al país y el pueblo se conforma manifestando que tiene libertad, pero al día siguiente deben estar una hora antes de lo normal en sus trabajos que los esclavizan y les vuelven a robar otro poco de su espíritu hasta convertirse en una generación de adultos hechos silencios y con la cabeza baja. Un Calibán los convierte en Calibán.

Es cuando Ariel, Guatemala, la juventud manifestante, se ve al espejo para darse cuenta que son reproducciones de Calibánes. Cuando, luego de manifestar por la libertad, regresan a sus casas a seguir con sus vidas sin hacer un cambio. Hay una Guatemala que constantemente se encuentre en cambios de personalidad. Aquella que defiende, aquella que grita, aquella que calla.

Desde una óptica europea de los dos personajes, se hace memora de que se han venido trabajando concepciones hechas por un latinoamericano, según Escobar Negri (2013): Ariel es la energía performativa, que acciona y ejecuta el mandato, (…); Calibán representaría la energía de la resistencia y la auto-gobernación de sus acciones (…)”. Es en ese fragmento que se denota una bipolaridad, y como se ha dicho anteriormente, Guatemala acciona y ejecuta el mandato volviendo al trabajo utilitario, consumista, un día después de haber presentado resistencia y la autogobernación de sus acciones.

Es de esa manera que Guatemala puede mostrarse con el trastorno de identidad disociativo, pues, olvida los momentos más fuertes, en otras ocasiones se aferra a ellos, pero siempre se ha manejado en esa dicotomía, ha perdido su identidad y se encuentra en un ciclo de intercambio entre ser Ariel y Calibán. No lo maneja, no lo controla, le sucede por los momentos traumáticos que ha vivido y no será hasta que ella se ponga en paz con la diversidad que alberga que no dejará de ser libremente esclavizada por ella misma. Ella es la llave y el guardián, la salvadora y el verdugo.

Guatemala un país que no necesita de Calibánes externos porque con ella misma es suficiente. Un día se despierta sabiéndose Ariel y al verse al espejo es Calibán, o bien, sabe que está siendo Calibán, pero lo que ve es un Ariel deseoso por salir de nuevo.

Por tanto, se parte del ensayo de José Enrique Rodó (2003) porque este se dirige a la juventud y la insta a librarse. Dialoga con el lector a manera de enseñanzas y consejos. Rodó toma, la ya tratada simbología de Ariel y Calibán de la obra La tempestad, de Shakespeare, para adaptar las características que rondan a esos dos personajes, además de tomar a Próspero, al contexto latinoamericano.

De igual manera, utiliza, de manera eficiente, las parábolas y los cuentos para dar a conocer su punto. Es así como consigue una lectura más fluida y atractiva para aquel que la lee. Rodó (2003) se hace valer de varios ejemplos para explicar lo que desea decirles a los jóvenes. También se hace valer de los tres personajes como ejemplos recurrentes para decir, en ese sentido, “deben seguir estos pasos”, “no deben convertirse en esto”.

Para finalizar, se resalta la insistencia en la libertad del espíritu y el cuidado de este. Rodó (2003) constantemente recalca qué evitar para que el espíritu no sea esclavizado. Se puede comparar, de modo muy burdo, como una guía de sobrevivencia en el mundo de los adultos, pues, el ensayo está dirigido a los jóvenes de América, en especial, a los jóvenes que no pertenecen a la América del norte. Pues, en la contextualización se encuentra que fue escrita por la apropiación de Estados Unidos hacia Cuba, comparando a Estados Unidos como Calibán, el ser materialista y consumista, y a Ariel le llama lo mejor de nuestra civilización”.

 

 

 

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2 thoughts on “El Ariel al espejo

  1. Hola estimada Raquel, la historia de cada país corresponde ser conocida por su pueblo. Si se ocultan sus orígenes los yerros se repiten. Así hay que apostar para que la juventud latina como la de Guatemala reencarne en Ariel y retomen la lucha para evitar ser contagiados por la desmemoria del Caliban gringo. Enhorabuena.

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