El lado cósmico del sueño paradójico

El primero de diciembre del 2020, tras once meses previos con catástrofes, desgracias y malos infortunios para la humanidad, el último mes iniciará con una lluvia de estrellas vista por todo el mundo.

Antes del evento, con cierta subestimación, los ciudadanos obviaron las medidas preventivas de un posible contagio, se dirigieron a establecimientos para adquirir carbón, carne, cerveza y demás ingredientes para celebrar.

Un trío de compadres hacía fila, la cual daba la vuelta a la cuadra; uno de ellos tuvo la necesidad angustiosa de orinar, se dirigieron a un callejón y el cielo, de pronto, se tornó melón, parpadeaba con tonalidades rojizas y, cuando menos lo esperaban, se dieron cuenta que había un anciano en harapos, el cual afirmó que “se acercaba el final”.

Cuando una algarabía pareció indicarles que el pánico había cundido, el anciano se incorporó sin darles la cara.

Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; por lo tanto, sé fervoroso y arrepiéntete –dijo en voz alta y se asustaron apenas los contempló fijamente.

En su mano derecha, sostenía aferrado un pergamino enrollado.

¿Quién creen que soy? –la pregunta pareció un reto.

“¿Nos haría el milagrito de desaparecer el coronavirus? Todos necesitamos volver al jale, ¿no cree? ¿O no trabajan en el Cielo?”, dijo burlón Pablo, uno de los hombres. “¿Para qué? Se arriesgan por carbón y “cheves”. Mi mujer, que es peor de enojona que todas las mujeres juntas, no le falta razón: el aire aquí es denso y no tienen árboles, señores”.

En eso, sonó el celular de Querubín, que no había participado en la intervención, se alejó para responder y se topó con alguien que se aproximaba hacia los demás.

“El milagrito tendrás que pedírselo a Chronos, querido padre”, intervino un joven con melena y barba larga, parecía impaciente, pero indiferente ante los demás. “Cosas de hijos, pero ¿podría yo retirar el siguiente?”, cuestionó atento y curioso al quinto sello.

Cuando Juan retrocedió un paso, chocó con su amigo de la llamada: “Ven, Juan. ¿A poco ese güey no se parece a Jared Leto?”, dijo Querubín. “Ya vámonos, compares. Si se nos enojaron por el corderito, matado delante de los güercos, ya ni se diga la espera”, dijo Pablo.

“Les presento sus tres milagritos: para Querubín, un corcel que responde al nombre de Iztac; para Juan, Cuezalli; y para Pablo, Tliltic”, finalizó Dios para concentrarse en las primeras cuatro quemaduras visibles sobre el enrollado.

De manera imprevista, Dios se desprendió el rostro como máscara, había una galaxia colorida que adornaba un vacío color VANTABLACK, y cada hombre vio la analepsis de su vida actual y las pasadas. A los seis minutos con diez segundos después, se apagó la llama de la que sería la quinta huella. “Si terminaste de fanfarronear, ¿podemos irnos?”.

*

En cada casa, al término del evento, se materializará un barro, parecido a la “Dopamina de Visnú”, “Barro hegeliano”, “cuarzo cósmico” o “engrudo onírico” serán algunos de los términos que se harán eco en los medios de comunicación, las redes sociales y los gurús en YouTube, los cuales difundirán diferentes orígenes, usos y propiedades del mismo, pero la mayoría descubriremos que sólo podrá utilizarles por los que no hemos asesinado, robado, secuestrado, violado, vejado ni hemos recurrido a actos ilícitos, dignos de políticos y empresarios corruptos.

El barro será una realidad para identificar bajo una laguna legal cósmica a los corruptos y corrompidos, quienes podrán ser presas de los deseos de los portadores del barro.

Al final del 2020, las personas, que alcanzarán la frecuencia prevista, serán trasladadas a un universo que, al mismo tiempo, será evacuado a un cosmos diferente, que integrará una pléyade de universos limpios y positivos; para los corrompidos, les esperará la aniquilación con la aparición de Tifón, Apofis y Antropoceno, nacido por la unión de los tendones arrancados de Zeus, la esencia de Gea y la placenta de la náyade Lete; entonces, la tríada apocalíptica devorará hasta el último humano corrompido por sus acciones monstruosas, estarán exentos al descanso eterno o a algún infierno piadoso.

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