El mundo como imagen

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El mundo se ha convertido en imagen de una realidad sin contenido. Los objetos cumplen una función de inmediatez; se consumen y desechan a la misma velocidad con la que se crean. El ser humano es el actor secundario de una realidad desfasada; vive ahora disuelto entre tres realidades que lo dislocan: Lo aparente-sensible, lo trascendente- inteligible y lo virtual.

El mundo es un generador de imágenes. Nuestro entorno se construye a base de la descarga lumínica que el ojo recibe y envía a través de los foto receptores al cerebro, convirtiendo los impulsos eléctricos en contornos figurativos; imagos fantasmales de un pasado cultural que nos determina.

El mundo y los seres que lo habitan son imágenes inscritas en la realidad; sellos impresos que legitiman la autenticidad y la veracidad de su existencia trazada por una identidad, resultado de acumulaciones de conjuntos biológicos, psíquicos y sociales que dan forma a la máscara y a la persona.

Todo ojo que ve es visto, y todo ojo que observa, proyecta. De esta manera el ojo construye su mundo de distancias e interferencias, de juegos de miradas que articulan geometrías angulares y arborescentes.

Esta relación binaria de  auto afirmación del sujeto a través del otro ha quedado trastocada por el desarrollo tecnológico; tercer actor que se ha convertido en mediador relacional jugando un papel determinante en el control de la interacción y la relación entre seres humanos. La tecnología es hoy en día el espacio de vinculación del Ser. En la red, millones de datos se almacenan en centros especializados que analizan el flujo de interacciones de usuarios que vierten sus afecciones dentro de dispositivos virtuales que muestran estímulos que llegan al cerebro través del órgano ocular, influyendo en el comportamiento de las personas y haciéndolos participe de un círculo continuo de estimulo-respuesta, lo que permite que la maquinaria económico social basado en el trending y en el stock  funcione y se perpetúe.

El internet se ha convertido en el nuevo espacio de lo relacional, de lo racional y de lo espiritual. Es el espejo del inconsciente. Es el topus de una mística escindida de lo virtual. Su constitución visual está hecha a base de multiplicidades estratificadas que se agolpan actualizándose de manera permanente. Ya no hay sujeción. El sujeto se cuantifica en pixeles. No es más que la imagen del desfasamiento de la percepción de un Yo que ahora deviene en imagen de consumo.

En esta lógica El espacio social se ha convertido en el espacio de exhibición. El filósofo Boris Groys ha señalado esta distinción, donde el espacio de lo social se diseña a través de representaciones aparentes. Cada actor tiene la posibilidad de generar su propia imagen, y cada imagen generada está hecha para ser consumida a través de la mirada deseante. Ya no es el sujeto en sí el que se construye desde la mirada del otro; es la imagen tomada por un dispositivo y la posibilidad de su alteración lo que determina la configuración de la construcción del Otro y del Yo. Ya no hay diferencia entre la máscara y el actor. El mundo se ha convertido en el espacio de representación de una imagen que se actualiza y se modifica a través de un usuario y una contraseña. El Ser se despliega en una alteridad depositada en proyecciones que apuntan a la satisfacción del ojo que desea en su imposibilidad. El ojo ha perdido la capacidad de observación. Hijos de Edipo, nacimos sin ojos, o en todo caso nos fueron arrancados los ojos cuando tomamos conciencia, Así que, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti. Más te vale perder una parte del cuerpo que ser arrojado entero a la gehena, cuenta el pasaje bíblico.

El mundo se ha convertido en imagen de una realidad sin contenido. Los objetos cumplen una función de inmediatez; se consumen y desechan a la misma velocidad con la que se crean. El ser humano es el actor secundario de una realidad desfasada; vive ahora disuelto entre tres realidades que lo dislocan: Lo aparente-sensible, lo trascendente- inteligible y lo virtual. En esta formulación se ha intercambiando al sujeto de la sabiduría y del espíritu por el sujeto de la información y lo cuantificable, cuya particularidad es la precariedad del significado. Todo se reduce a la abstracción en serie. En este nuevo universo ¿Dónde queda el espacio de representación de lo inteligible ? El sujeto en su propio devenir narcisista y exhibicionista fluye en lo aparente que lo consume y lo destruye. Los ojos volcados hacia la exterioridad no le permiten ver más allá de la inmediatez de los estímulos que producen la relación placer-displacer.

El mundo ha dejado de tener significación trascendental; el símbolo ha dado paso al signo. Estamos en la era del signo. El desierto Deleuziano de lo esquizoide se ha expandido. La actividad humana se reduce a la actividad de lo inmediato, de lo material, de lo intrascendente efímero, de la repetición, de la máquina deseante. Se ha perdido la relación profunda con la naturaleza y con lo sagrado. El mundo se ha vuelto imagen de su propia incapacidad y de su propia imposibilidad.

Pero debajo del velo histórico impuesto por las patologías del ser humano, fluye una corriente cristalina que perdura desde los orígenes. Un fluyo hecho de vida que se mantiene como el magma del volcán activo a espera de su manifestación. El sujeto humano, arrojado a la existencia de la pluralidad de las formas cambiantes y crepusculares de la imagen, sigue escribiendo su propia historia dictada por los sentidos. Sin embargo, más allá del reflejo, de la imagen, de lo aparente,  del ojo que ve y que desea,  y de lo sensual sensitivo que aprisiona, existe otro mundo. En una órbita alterna la imagen se despliega abriéndose en su proceso de maduración. En este espacio es donde el poeta ciego y sin voz canta sus elegías. En esta abertura no existe la representación: existe la experiencia. En lo abierto, el ser humano se debilita en luz monocromática que sofoca la carne, negándose y alcanzado así la potencia totalizadora de la carga positiva.

En lo abierto no existe el pensamiento en la coherencia lógica del razonamiento que se asocia con la acción del pensar. Existe una forma de especulación con lo cual se aprehende la realidad de una manera intuitiva, casi visionaria. El entorno para el ser abierto deja de ser un ello, algo impersonal cuya relación se da entre sujeto y objeto. En lo abierto, la relación del ser se da entre un Tu y un Yo.  La relación con el entorno se produce de manera personal. Estamos ante el territorio del mito; ante el territorio de la magia; ante el territorio de la imaginación y de la fantasía; de la personificación del fenómeno. En este espacio la imagen trasciende de lo meramente figurativo a una abstracción casi aniquiladora. Sin rostro, sin máscara, sin identidad, se representa por impulsos, por catexias. Las imágenes se revelan así en su propia individualidad, en su propia naturaleza inteligible. En este topus, la imagen está dotada de voluntades y cualidades y afecta directamente al ser en su interioridad porque incide directamente en el, como el incide directamente en la imagen. Es el espacio del pensamiento especulativo. Es el lugar donde las imágenes encuentran otra lógica de representación distinta de lo sensible. Aquí los sentidos no son físicos, sino espirituales. En este lugar, el ser humano se actualiza no desde una pantalla, o un dispositivo; sino desde la propia relación que tiene con el cosmos. Es este espacio, de lo real trascendente, el ser humano encuentra la unión de las partes, se hace presente como un ser pneumático, dando así paso al resurgimiento de su propia realidad simbólica.

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One thought on “El mundo como imagen

  1. Hola estimado Raúl
    Fre nte a los medios digitales somos imágenes que se consumen en un click y a la vez en constante transformación en un avasallante aparecer y desaparecer en el mundo de otros. En este sentido hemos construido un falso espejo donde volcamos hacia los demás un rostro falso, maquillado, demandado a gustar, y dejar en el olvido nuestro verdadero. Enhorabuena.

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