El olvido como condena

Todos los personajes que leemos son viejos conocidos nuestros.

Hay libros que son un experimento. La estructura, el punto de vista, el uso del lenguaje. Libros que buscan transforman la definición del relato. Rayuela, por ejemplo, de Julio Cortázar, fue una suerte de rompecabezas que nos daba la posibilidad de distintas lecturas, mientras que Ulises, de James Joyce, experimentó con el lenguaje, creando una obra casi salida de otro planeta.

Los muertos, de Jorge Carrión, es un experimento aún más arriesgado que cualquier otro libro de su época. Es un libro televisado, o una serie de televisión novelada. La razón: todo lo que leeremos nos remitirá a alguna exitosa serie de televisión estadounidense contemporánea. A veces de forma específica, otras, simplemente rescatando elementos que, casi por antonomasia, deben de usarse.

El relato retrata una extraña distopía en donde la gente aparece como por arte de magia en el mundo sin tener un rastro de su identidad. Si son afortunados, alguien los ayudará a que ese encontronazo con la realidad no sea violento; los que no, serán recibidos por alguna pandilla que les recordará, si es que son capaces de recordarlo, que la vida es dura.

Con esto, Carrión crea una metáfora de los indocumentados que llegan a Estados Unidos, sin redes, sin pasado, sin conocimiento de qué y quiénes son, arrojados a un mundo que les exige incorporarse lo antes posible a las cadenas de producción.

Para conocer su pasado, deben de acudir con unos adivinos que se conecten con su pasado y les ayuden a conocer su identidad. Algunas veces, son atormentados por falsos recuerdos que los hacen dudar de sí mismos y de la vida que llevan ahora; otras, se reconocen en los recuerdos de los demás, recogiendo las piezas de su pasado.

Con alusiones constantes a personajes televisivos y de la cultura de masas, aquel mundo gris y condenado a ser habitado por seres sin recuerdos, parece ser el cementerio de la memoria. Todos los personajes que leemos son viejos conocidos nuestros. Los hemos visto en la televisión o en los periódicos, como si todos los medios hubieran colapsado en un solo lugar.

Tal vez de ahí la razón del título. Aquel mundo es un limbo de los personajes de ficción, de la política y la cultura popular.

Conforme avanzamos en la historia, somos testigos de una pandemia mundial que amenaza la continuidad de la humanidad: las personas han comenzado a desaparecer sin dejar rastro, una alusión al rapto bíblico.

Una vez terminado el relato, el libro le da paso a una sección que termina con el acuerdo de la ficción entre el autor y el lector. Un ensayo académico y una entrevista con los creadores ficticios de la serie de televisión cuya historia acabamos de leer.

Ese cementerio del olvido es solo una serie de televisión presentada en dos temporadas que ya algunos académicos han tomado como objeto de estudio.

A diferencia de otros relatos, esto no se siente como una estafa del autor, sino, al contrario, la historia gana profundidad y misticismo.

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