El problema con el canon

El canon se va formando de acuerdo a los valores sociales y políticos de la época; no existe un estudio del contenido ni del valor de las obras.

El problema con la constante etiquetación académica es que se cree y se vuelve suprema. De esta manera, va creando un valor canónico hegemónico que no clasifica, sino que discrimina y crea un abismo entre el valor literario y lo convierte en valor de escritor. Se llegan a potenciar los nombres de escritores y no la obra, la literatura. Por ejemplo, la academia reconoce a Miguel Ángel Asturias como miembro del canon, y si se encuentra alguna obra “mala” seguiría considerándose “buena” al estar escrita por él. Se habla de las funciones vinculadas al mismo y termina siendo una única función “educadora” de valores que le parecen a un cierto grupo de personas.

Sin embargo, si nos posicionamos desde el punto de vista de Gómez Redondo, en su libro Manual de crítica literaria contemporánea, “La sola delimitación del significado de ‘canon’ implica adoptar una postura ante nociones como ‘cultura’, ‘historia’, ‘política e ‘ideología” (p. 461). En este sentido, apartarse del canon implica reevaluar la historia y la cultura, el cuestionarse la ideología a la que responde dicho canon. Muchas veces, este responde al autor y no tanto a la literatura como tal, y al responderle al autor se enfoca a lo masculino y obra de hombre. Como menciona Gómez Redondo, “Dar acogida a las posiciones de los grupos feministas, neohistoricistas, homosexuales o afroamericanos, es decir todas aquellas tendencias que caben bajo la etiqueta del ‘culturalismo’” (p. 462). Pero cada grupo está en la constante lucha por recordar, por no olvidar.

De acuerdo a esos “grupos feministas”, una de las luchas es evitar que los nombres de escritoras desaparezcan porque no se les incluye en antologías, porque el canon no las incluye dentro de la enseñanza de la literatura. Por ejemplo, la figura de Diotima de Mantinea, una importante filósofa que se conoce “gracias” a que Platón sí le dio crédito en El banquete; es por ella que se conoce la filosofía del amor. Los grupos afroamericanos buscan lo mismo, puesto que este canon se ha hecho desde una selección blanca de lo que es literatura. No es “dar acogida” es enseñar a Francis Williams, el primer hombre jamaiquino escritor, alrededor de 1700. Por lo tanto, no es “dar acogida”, puesto que eso se entiende como exclusivo y no crítico, es reconocer la literatura como lo que es. Entonces, ¿por qué creerse crítico por respaldar al canon que pocas veces se presenta como crítico?

El canon se va formando de acuerdo a los valores sociales y políticos de la época; no existe un estudio del contenido ni del valor de las obras. La academia forma una selección del libros y autores que se adapten a lo que deseen. Los libros que se han rescatado, los autores que todavía se lograron rescatar son esos “apócrifos”. Si su base es bíblica, los mismos textos apócrifos no coinciden con los valores que el cristianismo necesita compartir; se encuentra en el libro de María Magdalena, de acuerdo al artículo de BBC News Qué es el evangelio de María Magdalena y qué dice de lo que ocurre después de la resurrección de Jesús, el argumento de la legitimación del liderazgo de la mujer. Un libro que refuta lo que dice la biblia sobre una mujer sumisa. Una gran conveniencia el no incluirlo, pero no se encuentra algún estudio posterior que respalde tal decisión ni dicha clasificación. Esto mismo sucede con la academia, la falta de respaldo crítico al realizar y consagrar cánones.

También hay que reconocer, como menciona Gómez Redondo, “El canon es un elenco o relación de las obras que, en virtud de determinados criterios, se consideran esenciales, en cuanto portadoras de unos valores estéticos y/o morales que merecen ser preservados y transmitidos de una generación a otra”. (p. 463). Pero ¿cuáles son esos criterios que se consideran esenciales? La academia ha preservado y compartido un canon barroco tratando lo picaresco, pero no encuentra esencial leer a María de Zayas, quien buscaba y cuestionaba la posición de la mujer. Se entiende que el canon de varios siglos la haya excluido porque se comprende el contexto, pero no en la actualidad, no en un canon que conoce de diversos contextos y tiene más herramientas para corregir un canon.

En la academia se conoce y se idolatra el trabajo de Quevedo, de Lope de Vega, se enaltece la obra de Cervantes, y sí existe tiempo para hablar de María de Zayas, puesto que es la primera mujer en el Siglo de Oro en tener la valía de publicar con su nombre. ¿Qué valor y qué acción merece ser preservada? ¿La de una mujer que publica y cuestiona las desigualdades con novelas cortas o la de un hombre que escribe poemas a mujeres? Jamás existirá una respuesta, pero verlo y reconocerlo es un paso.

Ahora bien, según Gomez Rodendo “La formación de los sistemas literarios, el papel de la ciencia literaria, la existencia de los universales literarios, la necesidad de preservar esos principios y de transmitirlos a otras generaciones” (p. 464). Es decir, el canon busca preservar los principios de una época y lograr transmitirlos a otras generaciones. Sin embargo, ¿qué valores son estos? Porque si nos centramos en el canon del Renacimiento nos damos cuenta que es tan pequeño que se habla hasta el cansancio de Petrarca, de Dante, de Arcipreste y ¿por qué no hablar también de Luisa Sigea de Velasco? Tiene obras como el opúsculo Dialogus de differentia vitae rusticae et urbanae y Colloquium havitum apud villam inter Flamminia Romanam et Blesillam Senensem. O siquiera de Teresa de Cepeda, quien escribe obras místicas desde la educación. Pues, Teresa de Cepeda ¿qué valor puede transmitir como para no estar dentro del canon si es considerada como santa?

Pero no solo sucede en la literatura, si leemos la historia desde el punto de vista Ernst Gombrich, quien hace un recorrido histórico del arte, se ha tomado como referencia importante y tiene una cantidad de artistas hombres. Curiosamente se le olvida mencionar a Hildegarda de Bingen, importante pintora medieval. Se le olvida mencionar a Barbara Longhi, a Artemisa Gentileschi, a Ana Mendieta y así a tantas y tantas mujeres pintoras y artistas. ¿Qué imagen errónea podrían a ver cautivado estas mujeres del precioso pasado que el canon lucha por preservar? Muchas preguntas y muchas opiniones, sin embargo, esto será Criticalizando la cultura.


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