El renacimiento

Desde que nuestro “Gran Maestro” decidió construir un nuevo orden universal en una nueva sociedad, convirtió a los humanos que aun seguían vivos, después de la terrible pandemia que aniquiló a la mayor parte de la humanidad, en seres mejores; desde entonces todos vivimos mucho mejor y  más serenos.

Sólo pensamos en servir de la mejor manera a nuestro “Gran Maestro” que es quien vela por nuestro bienestar. Para evitar nuevas pandemias llevamos injertada en la boca una mascarilla de su invención, que por supuesto le hemos tenido que pagar a nuestro “Gran Maestro”; pero en su inmensa bondad, desde que empezamos a producir nos la va descontando del sueldo poco a poco.

Cada día, cuando amanece, en nuestros dormitorios comunales suenan las palabras de Lord Rutherford; nuestro “Gran Maestro” es de las únicas personas de la nueva humanidad que puede hablar, además de un reducido número de “ciudadanos sabios” y “ciudadanos educadores”, compuesto por hombres y mujeres que viven con él en su inmenso palacio velando por nuestro bienestar. También debemos a los “ciudadanos sabios” la vida, puesto que solo ellos pueden procrear. Los demás “ciudadanos” somos estériles y sin apetitos sexuales; de esa manera podemos dedicarnos a nuestro trabajo con la plenitud necesaria para que la nueva sociedad florezca y podamos olvidar la “gran pandemia”.

Entre semana está prohibido ejercer ninguna actividad después de la jornada de trabajo; al llegar a nuestros hogares comunales solo debemos acostarnos y dormir. El trabajo del día siguiente no debe alterarse con cansancio malsano.

Lord Rutherford, gran compositor, compone preciosas canciones para que el amanecer nos sea más  grato y nadie se quede durmiendo; dormir demasiado es malo para el sujeto y para el bienestar de la nueva sociedad. Al poco rato, sobre una música de fondo, también compuesta por Lord Rutherford, se escuchan sus elevados pensamientos sobre la importancia del trabajo. Sus sabias palabras nos hacen que vayamos a las fábricas con nuestro espíritu enhiesto y contento por nuestra gran responsabilidad con la nueva sociedad.

 Si los encargados de las cadenas de producción están  satisfechos con la calidad de nuestro trabajo, que no siempre es así ya que la perfección que desea nuestro “Gran Maestro” no es fácil de lograr, nos gratifican con un chip insertable en nuestra cabeza con las canciones del “Gran Maestro”.

Para nosotros, que se reconozca el trabajo bien hecho, es la mayor satisfacción que podemos obtener.

 Los domingos es el día que los “ciudadanos productivos” nos reunirnos en los jardines comunales para escuchar las canciones del  “Gran Maestro”. Si hay algo que empaña la felicidad que me produce vivir en este paraíso es no poder convivir como lo hacíamos de niños con mi hermano, el “ciudadano sabio” número 1.235-ZXY. Comprendo que no estén permitidas las relaciones entre los distintos grupos de “ciudadanos”,  eso alteraría la armonía de los  colectivos diseñados por el “Gran Maestro” para el bien de nuestra sociedad.

Mi hermano y yo, antes de que nos operaran y  asignaran número y función en la nueva sociedad, le llamaban Relix; en esa época hablábamos mucho, Relix era muy inteligente. Ya de niños nos inculcaron que la mejor fórmula para el desarrollo de la nueva sociedad era la separación por capacidades,  de esa forma no habría envidias entre las personas. Yo tuve suerte porque hay otra clase de “ciudadanos”, que son mala gente y  no han querido aceptar las bondades de nuestro “Gran Maestro”. Son los llamados “ciudadanos díscolos”, ellos se encargan de los trabajos más sórdidos y despreciables, viven en suburbios comunales vigilados por los “ciudadanos guardianes de la armonía”, estos tampoco hablan solo vigilan y les impiden cualquier contacto con los demás “ciudadanos”;  además los “ciudadanos díscolos”  no tienen ningún derecho, porque según nos dicen los “ciudadanos educadores” no se lo merecen. Por supuesto, tampoco merecen escuchar las bellas canciones y sabias palabras de nuestro “Gran Maestro”.

Yo todavía  soy “ciudadano productivo” y doy gracias a nuestro “Gran Maestro” por ello; aunque espero que llegue el momento de compartir el descanso con  los trabajadores que ya no tienen las capacidades productivas necesarias para el mejor funcionamiento de la nueva sociedad, les llaman “ciudadanos improductivos”.

Cada año, en la semana de vacaciones que el “Gran Maestro” nos concede por su inmensa bondad, hacemos una excursión a los “paraísos vacacionales comunales” para escuchar todo el día las charlas de los “ciudadanos educadores”. Nos explican, con gran detalle los pensamientos y  enseñanzas del “Gran Maestro”, nos dicen que son los “Nuevos Testamentos” del renacido mundo. En el trayecto pasamos por unas verdes campiñas, rodeadas de altas murallas acristaladas adonde se retiran a descansar después de tantos años de trabajo los “ciudadanos improductivos”. Es un complejo muy bello, pintado de color dorado, con grandes naves coronadas por altas chimeneas de las que siempre sale humo; un humo que no huele bien, pero nadie nos ha explicado la causa de ese mal olor. Nos dijeron que eran para que nuestros  mayores no pasen frio. No sé, pero nos dijeron eso.

Un domingo, mientras los “ciudadanos productivos”  escuchábamos las canciones de nuestro “Gran Maestro”, en una gran pantalla en las que Lord Rutherford algunos domingos nos habla, un miembro del consejo de “ciudadanos sabios”, dijo muy serio: “para escarmiento de todos”,  un “ciudadano sabio” de alto rango, cuyo número era 1.235-ZXY, había sido condenado a penar cárcel con los “ciudadanos díscolos”. Su nefando pecado es que solicitó al “Gran Maestro” que nos concediera libertad para hablar y decidir cada uno de nosotros cual será su futuro; por hacer esa petición “tan antirrevolucionaria”, eso dijeron, lo consideran un hereje. ¡¡El “ciudadano díscolo” penado era mi hermano Relix!!

Me impactó sobremanera la noticia y quedé pensativo porque yo no sé qué significa la palabra  “libertad”. Pero si que  sé que mi hermano es muy inteligente…, no sé qué pensar, me gustaría saber el porqué de su condena y qué es la libertad.

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