Entorno a la argumentación política

Tratar de entender la distinción entre la ciencia política/filosofía política, es buscar la forma de materialización de la práctica política, o para ser más fiel, la política como tal. 

Como un espasmo: fortuito, inesperado, deslumbrante. Así son los encuentros, un dulce espacio entre la inquietud y la templanza. Momentos para develar, y que, si no se está preparado, al igual que los sueños, se pierden en la jungla de nuestros pensamientos inconscientes, como diría Freud. Para vivir el encuentro se necesita la voluntad de querer adentrarse a una historia no contada, trazada o siquiera pincelada. Suceden al ritmo del aleteo de una mariposa y al ruido de la muerte de una pompa de jabón: estallan por sí solos o cuando chocan con los cristales de la realidad.

No hay un orden, por lo que no esperen una lógica en este espacio. Tampoco una hora específica, porque si bien hay un instante donde se da el encuentro, la experiencia y el aprendizaje viene mucho tiempo después. A veces segundos, pero siempre en el horizonte temporal. Y el café se enfría… déjenme darle un trago.

Ya con la sensación de tenerles aquí, en nuestro espacio, descubramos el velo: Bobbio. Mucho se podría hablar sobre su concepción de la filosofía política o, mejor dicho, de la política; sin embargo, amistades, trataremos de que el encuentro sea más una serie de reflexiones que un análisis crítico de su producción teórica. De eso ya hay bastante y bien trabajado. Iniciemos con lo siguiente: existen movimientos y reacciones que sirven de adaptación a los seres vivos, los cuales fueron denominados por Pávlov como reflejos de orientación o investigación. O bien, ya enmarcados en una tradición, ‘actividad orientativo-investigativa’, cuando queremos hablar de la complejidad del individuo y su relación con la realidad como un reflejo a través de imágenes y conceptos abstractos. Menciono esto como analogía, ya que encuentro en la reflexión filosófico-política de Bobbio una constante curiosidad entorno a la argumentación política. Es decir, qué hace que la política se legitime como una actividad práctica. Y aquí, debo decir, podemos encontrar las diferencias y puntos clave que va extendiendo Bobbio a lo largo de un discurso que podría estar entremezclado con su vida práctica y el ejercicio militante y académico realizado a lo largo de su vida. De acuerdo con José Fernández Santillán, discípulo y traductor de varias de sus obras, se registran más de cien títulos únicamente de filosofía política del pensador turinés.

Si hablamos de ciencia política, de acuerdo con Bobbio, existen algunos rasgos específicos para poder tener un marco sobre el cuál movernos. Entre ellos se puede encontrar (y para ello remitirse a su Teoría General de la Política): una metodología acorde a las ciencias empíricas, un carácter avaluativo, verificación a través de la práctica y la experimentación; mientras que, en la filosofía política, se encuentra un carácter normativo que busca el discurso crítico-reflexivo entorno a determinados modelos, una descripción o teorización respecto a un óptimo desarrollo institucional-social (en realidad, sobre el Estado), la búsqueda del fundamento último del poder, es decir, aquello que justifica una obligación civil para con el aparato Estatal —como una actividad autónoma— o bien, el discurso crítico (la meta-ciencia) que lleva una argumentación valorativa.

La relación entre ciencia política/filosofía política, o más allá, entre las ciencias y la filosofía política puede ser armoniosa o conflictiva, dependiendo de cómo se establezca dicha relación. Bobbio nos habla de cuatro tipos de relaciones: de separación y divergencia, separación y convergencia, continuidad e indistinción y de integración recíproca o servicio mutuo. No obstante, si bien el punto en el que nos situemos y la respuesta que se dé con respecto a la naturaleza de la política condiciona algún tipo de relación, mi interés y reflexión se sitúan en la curiosidad que maneja Bobbio entorno a la política como actividad práctica, histórica y variable. Lo político, nos recuerda, constituye la esencia, es decir, es permanente e invariable. Podríamos verlo desde otro punto, y decir que lo político es inherente a las relaciones que se establecen entre cuerpos, o para ajustar esta idea a la de Bobbio (referente a lo permanente e invariable), decir que es inherente al cuerpo —entendido el cuerpo a la manera de Hobbes— que se expresa al momento de la relación.

La gran tarea, si es que podemos calificarla de este modo, o la función más útil, de acuerdo con Bobbio, para la filosofía política es el análisis de los conceptos políticos, y principalmente, el de la política. Esta reflexión me lleva de nuevo a la analogía presentada al inicio. Veo a Bobbio con una curiosidad innata que lo lleva a acercarse, por un lado, a la política, y por otro, a los discursos y actividades entorno a la política. Esta reacción, que en un organismo puede surgir a partir de la luz, los colores, el sonido, las impresiones, etc., la encontramos en Bobbio, por ejemplo, en la relación que su familia mantenía con el fascismo y su crítica personal y su posterior pertenencia al Partido de Acción, y a diversos movimientos. A su vez, se puede encontrar un desarrollo posterior hacia aquello que en un principio le hizo tener dicha reacción y encontrar un sistema más complejo de investigación que detona esta curiosidad hacia la política como un concepto que tiene una variabilidad, pero también una estancia.

Tratar de entender la distinción entre la ciencia política/filosofía política, es buscar la forma de materialización de la práctica política, o para ser más fiel, la política como tal. Si el análisis se busca desde la filosofía, es porque se busca entender cómo se legitima en un entorno social y, por ende, civil. Las razones que motiven la aceptación o rechazo de dicho poder me lleva a pensar en la siguiente pregunta: ¿la política podría estar configurada en lo político? Con lo expuesto anteriormente, se podría caer en un error al pensar en algo variable y que cambia con el tiempo y el contexto dentro de una esencia que es invariable. Si pensamos en lo político como una expresión de los fenómenos, podríamos, entonces sí preguntar: ¿en qué momento la sociedad se vuelve política? Si pensamos en las relaciones y lo político como una esencia invariable y permanente, así como pensar en la gens y el desarrollo de la familia y la comunidad, podríamos ver el interés por el cuál Bobbio busca y pide un análisis de las categorías filosófico-políticas, empezando por el de la política, porque ésta se constituye en el momento de la voluntad (quizá muy a la manera de Rousseau o de Hobbes).

Ahora bien, y para ir terminando, Bobbio ve a la política como una estancia donde se expresa el poder y, por ende, existe un juego de fuerzas donde el razonamiento debe tener lugar, aunque éste debe legitimarse, es decir, justificar su pertenencia al Estado como modelo ideal de desarrollo. En ‘El realismo político de Bobbio’ Luis Salazar Carrión nos habla de la necesidad de Bobbio de pensar al derecho y al poder en un mismo espacio, es decir, como una posibilidad de entendimiento del ejercicio crítico de lo legal y la posibilidad de lo legal. Me gustaría recurrir, una última vez, a la idea del concepto y esta curiosidad argumentativa de Bobbio sobre la política. Al decir curiosidad, no hago alusión a un fenómeno simple y llamativo, sino a una búsqueda constante y crítica por entender la expresión de un concepto. Si Bobbio pone a la política como un eslabón importante de reflexión analítica, es quizá (y esto a mi entender) porque logra vislumbrar la importancia del concepto más allá del discurso —ya que recordemos que la práctica también permeó su vida— y entiende que la acción debe ser ejecutada de manera correcta y no ambivalente, es decir, que los razonamientos de justificación de determinado poder en el orden social tienen que ser entendidos en su completitud y complejidad, y al mismo tiempo deben ser los mejores para el acuerdo voluntario de los ciudadanos y el Estado. Aquí no me referiré a cómo el concepto puede asimilarse de manera exitosa, sino a la comprensión crítica y discursiva de que el concepto debe ser asimilado, pero para ello deben encontrarse las razones de aceptación o rechazo que justifiquen el poder en la práctica social. Esto es, a mi parecer, un punto importante que se le debe atribuir a Bobbio: el poder vislumbrar la importancia de las categorías y conceptos rectores de la filosofía política. Es su esencia ‘orientativo-investigativa’ la que lo hace desarrollar una reflexión y búsqueda de suma importancia entorno a la política para entender las relaciones que puede o no tener con otras ciencias la filosofía política y a su vez, ser un realista político que trate de establecer argumentos que permeen una realidad y un discurso crítico entorno a la legitimación dentro del Estado y su entorno social.

El café se ha terminado… nos vemos pronto.


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