Frente a un mundo hiperviolentado: individuo armado

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Libro: Individuo armado.
Autor: Cristian Alcaraz
Editorial: Letraversal, 2021.

Desde el comienzo de este siglo, algo ha quedado bastante cristalino: el siglo XXI arrastra y exacerba el deterioro que se fue germinando, e incluso desarrollando, en el siglo anterior y, sobre todo, en el último cuarto de década. Desde la proyección de una sociedad cada vez más individualizada como mero instrumento de supervivencia (más que de desarrollo humano e interior), marcada por la precariedad económica y vital respecto a los distintos futuros proyectables (como una olla exprés a punto de estallar), el individuo ha encontrado como última salida la violencia en sus distintas manifestaciones; sea desde su noción más ortodoxa —y, por desgracia, milenaria— en la violencia bélica (a veces entre Estados, a veces entre células terroristas y Estados), hasta las manifestaciones más heterodoxas denunciadas a lo largo de este comienzo de milenio: la violencia sobre los cuerpos, sobre lo identitario, sobre el otro como medio de reafirmarse uno mismo. Por eso, más que nunca, es necesaria una poesía comprometida, pero no desde el enfoque panfletario, sino una poesía que a modo de fragmentos de retratos de nuestro tiempo, proyecta esta realidad; la cual no necesita —y esto, también, por desgracia— más distorsión que ella misma. Y esa poesía existe, en los poemas de Individuo armado, de Cristian Alcaraz (Málaga, 1990).

Individuo armado, ha sido publicado por la reciente —y no por ello menos esencial ya en el panorama poético español— Letraversal, la editorial independiente malagueña. En este último libro, Cristian Alcaraz (también originario de la Costa del Sol),  nos muestra un gran salto en su poética. En estos poemas se encuentra un poeta esencial de este siglo, uno que en sus anteriores libros, sobre todo en La orientación de las hormigas (2013), consolidó una voz poética madura, profunda y rigurosa, con la capacidad de influir en los demás autores de su generación, así como en las venideras e, incluso, en autoras y autores mayores que él. Esa línea donde la violencia sobre el cuerpo ya se veía proyectada, aunque no tanto en el sexo, sino en la violencia del deseo sexual en una época cuyas aspiraciones personales se han visto degradadas, desvirtuadas; aquí, ahora, se enriquecen los matices de esa decadencia anunciada: la virtualidad como el único más allá humano donde todo, desde la nube, es posible. Ahí donde el cielo y el infierno están a un clic y una búsqueda en concreto.

Sin embargo, en Individuo armado, muestra además la fuerza ejercida sobre el cuerpo en todos los campos de su existencia, por peliagudos que sean o, incluso, en lo referente al tabú. El terrorismo se refleja como la violencia extrema de querer dominar y explotar el cuerpo del otro, de los otros, donde sea: desde un juego online hasta las calles de Barcelona, París, Budapest o de Valle de Puebla. Está tan desvirtuada la realidad que ambos escenarios aparentan ser lo mismo para el individuo de hoy. Es más, hasta en ciertos aspectos la realidad física puede especularse como mera excusa, pretexto contextual para dar pie a la cibernética donde ningún tribunal juzgará sobre el bien o el mal de tus actos cuando en los Sims haces que mueran tus avatares; o cuando vuelan las horas junto a un mando que simula los controles de un arma semiautomática para dar tiros a diestra y siniestra (imaginemos, por ejemplo, la saga de GTA), donde ese mando, con posterioridad, será más metálico, aumentará su peso, dispondrá de un sonido más verídico para ese individuo que gracias a la realidad virtual notará el retroceso del arma cuando, en su instituto, le sorprenda la similitud entre los gritos del videojuego y aquellos otros de sus compañeros; luego apreciará los matices del color de la sangre mientras su olfato se extraña de ese efecto especial que no conocía desde su pantalla. Esa realidad dantesca es la realidad de hoy. Esa proyección fría y sanguinaria (nunca mejor dicho) es a la que accede el individuo de nuestros tiempos para evadirse de todo. Esa realidad es la que lleva a Estados Unidos, por ejemplo, a desarrollar pupitres resistentes a tiroteos en los institutos en vez de prohibir las armas. La violencia sobre el cuerpo no se combate, se deja ser, se estimula y, en todo caso, se intenta evitar sus vicios más deplorables en vez de atajarlas con pulso cirujano.

Análogamente, esta lógica se extiende a otras cuestiones, quizá no tan esperpénticas, aunque sí igual de problemáticas y acuciantes en estos momentos. Sea la masculinidad tóxica como violencia o aquella otra de los sistemas dominantes y arcaicos frente a las nuevas maneras de expresión del ser humano y de autodeterminación sobre lo identitario. Alrededor se encuentran muchas armas al acecho, algunas en forma física, otras de manera metafórica y, en otros momentos, se entremezclan y dan lugar a otros medios aunque con un mismo fin.

De esta forma, cuando entras en Individuo armado, no eres el mismo que cuando sales de él. Saldrás queriendo quitarte el peso de todas esas violencias sociales con las que esta realidad te carga y arma. Saldrás más ligero y desarmado, con las manos arriba, queriendo gritar que ya no juegas, que ya no formas parte, que ya no, que esta realidad violenta no es para ti. Saldrás siendo un individuo (des)armado.

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