Frida y Emilia: brazos comunicantes

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Los senderos circulares me arrojaron a una imagen precisa, la más sublime de todas. Mis coordenadas son Latitud: 21.9318, Longitud: -99.9917 21° 55′ 54″ Norte, 99° 59′ 30″ Oeste y frente a mí tengo a dos mujeres iguales, una a lado de la otra. A estas mujeres vagamente las recuerdo y tan presentes las tengo: Las Dos Fridas…Sin embargo, también se me aparecen en un cuento maravilloso de Emilia Pardo Bazán Sangre del Brazo (2012). He de confesar que a cada una la albergo en mis ventrículos.

Primero el ventrículo izquierdo: ahí como alma en pena, mora Frida. Es de todos conocido, que fue atravesada y marcada por una serie de eventos traumáticos, uno de ellos fue a los seis años la secuela de poliomielitis. Quizá desde entonces aparece, en su fantasía, el fenómeno del doble puesto en una especie de pulsión de vida y pulsión de muerte: la pierna derecha le quedó más corta y delgada, el pie derecho ligeramente deformado; la pierna izquierda sana. Ante este dolor no le quedó más recurso que crear a su doble, una amiguita imaginaria con quien bailaba, quien borraba momentáneamente sus limitaciones corporales, el doble le brindó una función restitutiva a su self (Kohut, 1971). Posteriormente, a los 18 años sufrió un accidente vehicular y resultó terriblemente lesionada dejándole secuelas que le obligaron a permanecer en cama inmovilizada, una de esas secuelas fue la incapacidad para convertirse en madre por lesiones uterinas. Fue ahí cuando comenzó a dibujar y aparece el espejo (regalo de su madre), aditamento que se fijó a su cama para que Frida pudiera verse y convertirse en su propio modelo. Comenzaron los autorretratos y las múltiples cirugías en la columna y pierna derecha que podría decirse que intentaban nada más y nada menos que devolverle ese eje estructurador en su psiquismo.

Después aparece en escena Diego, aparentemente, es a partir de los ojos de Diego que empieza a reconocerse como mujer, yo subrayaría que más bien le permitía reconocerse como ser, le devolvía no la feminidad sino, la existencia. La imagen del cuerpo se vuelve totalidad a partir del objeto mirada que envuelve.

Fue en 1939, cuando Diego le pide el divorcio, que Frida entra en una intensa desesperación y se dedicó a pintar su obra “Las dos Fridas”. Se trata de un lienzo altamente llamativo y fascinante. Dos mujeres tomadas de la mano: una Tehuana, la otra con estilo europeo. A quiénes representa, ¿a su madre y su nodriza-nana? A su vez están conectadas por una arteria que las une de corazón a corazón, esto me impresiona como un lazo sanguíneo, casi a manera de cordón umbilical y que inevitablemente deja pensando en su madre, en ese momento de unión madre-hija circundadas por el espacio-ambiente uterino. Ya de entrada llama la atención que en el lienzo solo hay cabida para dos mujeres, es decir, está ausente el padre. En el caso de Frida, era un padre que poco podía devolverle una imagen femenina y que a pesar de ser un padre colorido (por su afición a la pintura y fotografías), era un padre que solo valoraba a su hija por su inteligencia.

La Frida duplicada como un intento de crear un puente con su anhelado reflejo especular; se trata de una pintura que refleja la dualidad: vida-muerte, un puente entre ambas. Como si Frida nos anunciara que la manifestación de su vitalidad psíquica, queda al servicio no de su madre, sino de otra mujer: la nana. La Frida que está a la derecha muestra un corazón intacto y la Frida de la izquierda posee un corazón desgarrado que se continúa con una arteria hasta llegar a una pinza que no puede contener la sangre, de alguna forma se anuncia la piel agujereada por donde hasta los pensamientos se vacían. La Frida de la izquierda identificada con su madre muerta, así como con sus abortos que fueron vividos como experiencias desgarradoras. Además la Frida de la derecha tiene un minirretrato de Diego, lo cual pareciera decirnos: “si tengo a mi Diego –self object- estoy completa de mi corazón (self), no hay hemorragia”. Diego como esa piel cálida, pero también espinosa. Pienso que la pasión de Frida por la imagen la arrastra por herencia, no por nada su padre tenía por oficio el de fotógrafo; en el linaje de los Kahlo, algo se buscaba desesperadamente a través de la imagen, de la mirada…no sabían que la mirada (de la madre) tiene poder constitutivo-restitutivo en el self. La mirada tiene poder de piel.

Y casi al unísono late mi ventrículo derecho, el templo a Emilia Pardo Bazán. Conforme leía su cuento Sangre del brazo (2012) a mi mente llegaron imágenes que irrigaron zonas grises. Nuevamente dos mujeres me trasladaron al escenario primigenio por excelencia. Es la historia de una pareja, donde la historia nos anuncia el cataclismo durante la luna de miel, que auguraba ser un banquete rebosante de amor puro, genuino…pero maldito febrero que como peste inoculó a María de las Azucenas…Lo que llegó a oídos del pueblo de Abencerraje fue que tras un idílico embarazo, en el sexto mes María cayó enferma y una buena mañana comenzó a desangrarse, al borde del aliento sepulcral el médico pregona un último recurso “si se encuentra una persona sana, robusta, joven y que quiera lo bastante a esta señora para dar su sangre de las venas de su brazo…”.

“Patitas pa que las quiero” -pensó Luisilla, que yacía en el lecho de su patrona- en ofrenda dio su brazo izquierdo, un brazo desnudo y humedecido como suelen ser los brazos trabajadores. El galeno de inmediato practicó la sangría, 700g bastarían para recuperar lo perdido, ¿Será que más o menos eso pesa el alma?, entre 230 y 250g pesa el corazón. Cuando surge el primer esbozo celular que después se convertirá en el corazón, aparece el primer registro de aquella otra mujer, son tan dulces sus sístoles-diástoles. Tal vez continuamente buscamos regresar al momento de esos dos corazones palpitantes.

¿Qué hacer cuando despiertas y no encuentras a tu otra mitad: mitad amada, mitad cilíndrica aristofánica? Saben, el rojo no sólo es el color del amor, de la furia, de la pasión, también es el color de la vergüenza.  Justo eso goteaba ahora por las venas de María. ¿Y el adorado esposo? Pronto, ambas mujeres regresaron a la casa, cabizbajas, miradas esquivas, enlutadas. Pascua de Resurrección, no olvidemos que, en el principio fue Ella… Así por siempre unidas, abiertas una a la otra, ligadas por el ombligo. Ya María Azucena caía envenenada de bilis negra, ya pronto corría Luisilla a digerir lo tormentoso; irremediablemente fusionadas. Aunque María se hubiera matado, aunque la daga recorriera de tajo capa por capa sus entrañas, bajo su lápida hablaría la roca fulgurante… el corazón delator de la otra.

Como ven, no podré evitar recurrir una y otra vez en mi vida a esas dos mujeres: las Dos Fridas y a María Azucena y Luisilla. Son figuras poderosas, emblema de la dualidad de sus autoras. Ambas son mujeres que mezclaron rasgos conservadores con otros progresistas, son el prototipo de la mujer adelantada a su tiempo, o mejor dicho fuera del tiempo circular que tanto asfixia.

Son el viejo y el nuevo continente que nos muestran los cuentos y los lienzos como espacios femeninos. Son dos mujeres enlazadas, por vasos comunicantes, unidas por plexos sanguíneos voluntariosos. Los tres tiempos anudados por un sofisticado sistema de intercambio; en realidad esas dos mujeres son la placenta misma. Lo comunicante es de vital importancia, necesario para el intercambio dialógico, promotor de encuentros insospechados “entre dos realidades distintas que, al encontrarse, provocan la emergencia de una realidad nueva, ajena a las dos anteriores que le dieron sentido (Villamil, 2009)

Regreso a la tumba, nos vemos pronto con más poéticas del self.

Debo viajar del corazón al cuerpo
Viajar del corazón al cuerpo.
Del corazón, con todo y el corazón,
Debo llegar al sitio donde esperan sedientas las arterias,
Ocuparlo porque es mío y porque está hueco.
…Afuera estoy, en sístole y en diástole.
Desnudo voy, sin pecho, sin costillas…

Carmen Boullosa (2000, p. 11)


 Referencias bibliográficas:

1.- Boullosa, C. (2002). Salto de Mantarraya (y otros dos). Fondo de Cultura Económica.
2.- Kohut, H. (1971). The Analysis of the self. A Systematic Approach to the treatment of narcissistic personality disorders. New York: International Universities Press.
3.- Pardo, E. (2012) Cuentos de amor. Sangre del brazo, Hermida Editores. España.
4.- Villamil, R(2009). Vasos comunicantes. Breve recuento histórico del intercambio entre la inconformidad y el delirio. Pág. 303-314.

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One thought on “Frida y Emilia: brazos comunicantes

  1. Hola Liliana, es interesante la comparación que realizas entre el arte y la literatura: Frida y Emilia Pardo
    Bazán (precursora de las ideas feministas en una España toda confesional) Reconocer que la unión de fuerzas entre las mujeres, crear ese vículo comunicante(sangre, ideas, vida) demuestra que somos capaces de crear y destruir con esa inmensa fuerza telúrica que a muchos asombra y a otros intimida.
    Felicidades.

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