Hechiceras mayores

Como señalé en mi anterior columna las brujas son personas atentas a todo lo ocurre en su entorno. No importa que sean ancianas o jóvenes, cada una de ellas tiene el entusiasmo y la pasión por saber. Desarrollan sus cualidades y desde tiempos primigenios son cobijadas por deidades poderosas.

La presencia de divinidades femeninas afloró antes que los propios dioses masculinos. De origen ctónico, han sido veneradas con gran respeto. Los vulnerables mortales les han dedicado complejos ceremoniales con el objetivo de obtener sus beneficios. Así vemos que el pensamiento mágico —entendido como una forma de manipulación de la naturaleza— fue nutriendo las religiones, ornamentándolas con protocolos hechos de ritos orientados a solicitar benevolencia y apoyo de las divinidades. La presencia de grandes diosas ha acompañado el devenir de los pueblos desde la antigüedad grecolatina. Es importante señalar a Hécate, dueña y señora de todo el universo que ha sido invocada para proteger los caminos, la fertilidad, aumentar las cosechas, obtener éxito en competencias, en la guerra, en los negocios y en la totalidad de la propia vida humana.

Es fascinante desentrañar la evolución de esta diosa llamada protectora de las brujas y nigromantes, adorada y a la vez temida por la ambivalencia de su actuar: a veces otorga toda la fortuna, pero en cualquier momento, ella decide quitarles todo a sus devotos fieles. Hécate[1], es también llamada la trifásica, es decir, diosa de los tres rostros, aquellos que simbolizan situaciones vitales para los seres humanos durante su permanencia en este mundo material: el pasado, el presente y el futuro, como las antiguas Parcas. No es extraño ver representaciones femeninas referirse a los ciclos vitales de hombres y mujeres; se nace, se crece y se muere para retornar de nuevo al gran vientre cósmico de la madre,  la madre tierra, mater nostra. Reconocer en el ámbito del mito la fuerza femenina como el detonante de la creación, en algunas mentes se rechaza o se oculta subordinando su poder a las entidades masculinas, sin embargo en el sustrato de la psiquis la raíz del mito conforma el imaginario colectivo. En sus investigaciones, Carl Jung[2], descubrió que el pensamiento primario se construye por medio de los arquetipos míticos; es decir, las ideas y representaciones  más fuertes de la cultura: creencias y símbolos culturales que subyacen en el inconsciente colectivo.

Las diosas, entonces, son el fluir eterno de nuestros miedos, temores, ensueños y asombros, así que se enaltecen con sus seguidoras: mujeres sabias como son las brujas, las cuales reconocen el poder lunar y estelar que estas entidades representan y desean poseer. Cabe mencionar el paralelo que en la mitología precolombina significa la presencia de las tzitzimime, entidades femeninas que se movían tanto en el cielo como en la tierra en la forma de estrellas o espíritus sedientos de sangre y que en el pensamiento mesoamericano fueron comparados con brujas.  La relación que tienen con Hécate, es el poder que ejercen con las fuerzas lunares y la noche. En próximas entregas me referiré a ellas como aliadas de los brujos y brujas en el México antiguo.

Retornemos al poder de Hécate, deidad adorada por las hechiceras debido a sus extraordinarios poderes, además de ser guía en el logro de hechizos y sortilegios.  Sus sacerdotisas en dichos menesteres son consignadas por la mitología y las leyendas, como con Circe la hechicera, pharmaka en el arte de extraer las propiedades de las plantas, de crear ungüentos, pócimas y elixires que le fueran útiles para ayudar, pero también para protegerse de sus enemigos. Su destino fue vivir sola. Otra mujer de saberes mágicos fue Medea[3], que más allá de ser la destructora de su propia estirpe, poseía el don de la palabra mágica, los encantamientos y el uso adecuado de filtros, conjuros y amarres.  Las dos, eran seres capaces de aprehender las energías de su entorno. Han sido mujeres que perturban el orden establecido con su forma de actuar.

¿Cuántas fascinantes historias surgen en torno a las brujas? Escritoras, como Pilar Pedraza las considera como personas libertarias que hacen todo lo  posible por tener poder, rebeldes a su manera. Si bien las pobres mujeres que fueron víctimas de la matazón por parte de la Inquisición en Europa son un reflejo de lo limitado de sus vidas y de la vulnerabilidad de sus propios cuerpos, ellas, junto con otras féminas, abrieron caminos donde transitarán las más aptas y continuarán avanzando en la vida. Así la obra literaria de Pilar Pedraza nos invita a conocer los mundos de estas mujeres y, en sus narrativas de ficción, las ubica desde la Roma imperial, la antigua Alejandría, pasando por los salones del siglo XVII y las nuevas hechiceras. Me detengo para comentar su obra Lobas de Tesalia.[4] En esta novela, la autora atraviesa la ficción con la historia de la Roma imperial donde ubica a su protagonista Lupercia Mania, viuda de oficio farmakeutria. Su vida es tranquila y se siente satisfecha en compañía de su sirvienta Demetria y la adolescente Cátula; sin embargo, algo maligno surge al morir su querida amiga Póstuma, de oficio  hechicera. Durante el cortejo funerario, fuerzas oscuras intervienen con una gran tolvanera que impide incinerar el cuerpo de Póstuma. Cuando el terror ha pasado se dan cuenta de que alguien ha cercenado una parte del cuerpo de la difunta, señal de mal augurio para el espíritu de Póstuma, que estará condenada a vagar como alma en pena convertida en una larva —espectro maligno condenado a vagar por cien años—. Lupercia Mania sabe que sólo una persona es la causante del robo: una bruja de Tesalia que huye a Grecia. Así, en honor a su querida amiga, Lupercia decide aventurarse en una delirante travesía por mar y tierra tras esta malvada hechicera. Cabe señalar que en Tesalia —región de la Antigua Grecia de resonancias mágicas y de poder femenino, donde las mujeres se inclinaban por estudiar los misterios del universo—, entre las artes de la adivinación y la hechicería se practicaba también la necromancia: la práctica de utilizar los cadáveres o sus restos para realizar pócimas, así como oscuros y peligrosos encantamientos. En pues en Tesalia que surgían estas portentosas mujeres.

Pilar Pedraza nos hace recorrer este enigmático mundo de su grandiosa creación, donde sus personajes femeninos y sus brujas son libres, independientes y a veces equívocas, pero siempre hablan por sí mismas y persiguen sus deseos. Considero a Pilar Pedraza una hechicera mayor, de pensamiento y visión libérrima; su gran comprensión del mundo antiguo y su refinada cultura clásica, pero sobre todo, sus amplios conocimientos sobre la historia de la brujería a través del arte la hacen ser digna sacerdotisa de Hécate, la patrona por excelencia de hechiceras y pharmakides[5].


[1] Ángel María Garibay, Mitología griega. Dioses y héroes. Porrúa, México, 1989, p.114.

[2] Ver sus estudios sobre los mitos. El hombre y sus símbolos, Paidós, 1964.

[3] Pilar Pedraza, Brujas, sapos y aquelarres. Valdemar, Intempestivas, Madrid, 2014, pp.42-43.

[4] Valdemar, El club de Diógenes, Madrid, 2015.

[5] Sabias mujeres qué tenían el talento de manipular a la naturaleza, los procesos del cuerpo, su capacidad de previsión, del conocimiento de lo cotidiano. Unían la medicina y la magia en sus conjuros. 

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2 comentarios sobre “Hechiceras mayores

  1. ¡Muchas gracias por el recorrido tan espléndido! Me uno a la lectura de Pilar Pedraza, me hechizó lo que comentas.

    Saludos y felicidades

  2. Felicidades por la elección del tema. Me recordó la postura de Michelet, la de renovar la visión que se tiene de las brujas como seres de conocimiento y acción. Voy muy de acuerdo con el cierre de uno de tus párrafos: “Han sido mujeres que perturban el orden establecido con su forma de actuar”. Y así seguirá siendo. Ser pensante, ser que se revela y rebela.

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