Hipótesis exagerada

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¿Necesitamos tipos que seguir? Después de las duras guerras sucesorias, hoy llamadas La Revolución Mexicana, se comenzó a difundir como gestas; debido a que se necesitaba contribuir con un nuevo capítulo a la mitogénesis de este país. Muchos son los casos de matazones que enaltecen y explican la paz alcanzada por algunos pueblos. Desde nuestra tradición cultural podemos mencionar: la guerra de Troya, la de Conquista, la de Independencia y así hasta llegar al siglo XX a la mencionada REV-MEX. ¿Precisamos tipos a seguir? Estas batallas se realizan por hombres y entre hombres, ya luego toca a personas indignadas rascar y encontrar a las mujeres que participan en ellas… y no muchas veces: por Ellas. Cuando se llega a esta parte de la matización histórica e histriónica, la matriz de nuestros relatos completa parte de sus ciclos que serán afianzados por las castas culturales. Entre los juglares, los poetas, los cronistas, los historiadores, los sociólogos, los escritores y quienes producen multimedia, surgen los personajes que condensarán los valores que los condujeron a levantarse en armas. ¿Debemos tener tipos? En el imaginario popular se propagan con canciones, teleseries, radioteatros, vestimentas, deportes, monografías, ¿cómics!, las aventuras de los héroes “que nos dieron patria”. En el estadio de los Revolucionarios, un buen mexicano sabe que “la bola”, es La Bola… de actores que se nos han metido en un mismo saco como gatos que al momento de hallarse en la oscuridad y en el encierro de esa bolsa, comienzan a pelearse. Se nos mezclan chillidos de apellidos y nombres de hombres en un coro anacrónico y pluripolíticodiverso que nos confunde. ¡Villa!, ¡Emiliano!, ¡Carranza!, ¡Zapata!, ¡Madero!, ¡Obregón!, ¡Francisco!, ¡Vasconcelos!, ¡Díaz!, ¡Adelita! ¿Es productivo tener tipos? Si bien nos va, en la larga pero deficiente carrera estudiantil, logramos conjuntar correctamente nombres, apellidos y procesos. Quedando en nuestra cabeza algo así como:

…Emiliano-Zapata-Morelos-ojoschidosychillones-PlandeAyala-traición-Chinameca-SillaPrecidencial-carnaldeVilla-otroRevolucionario-DivisióndelNorte-Parquedelosvenados-Cuatrero-BatalladeColumbus-traición-carrobalaceado…

¿Quién desea un modelo? Dejando a un lado este panteón con sus respectivas teogonías, en el momento en el que nos encontramos, La Revolución Mexicana ha cumplido más de 100 años y para los esperanzados en que cada ciento de añejos ocurría algo similar, nos quedamos nomás milando cómo la única guerra que se libró fue la de un tal Calderón que tuvo la fortuna de tapar el sol de las muertes y desapariciones de su periodo presidencial con una estela de piedra (que no de luz). Esa lápida gigantesca de “luz y de color, de luz y de color”, nos recuerda –sólo si nos la topamos al caminar por la avenida Reforma– que hay mujeres en la Revolución (las revoluciones dirían los expertos, metiendo con calzador lo que todos crecimos conociendo como Independencia) que no son modelo. ¿Quién recuerda qué modelo? La Adelita o las adelitas (adelaidas pá los cuates) hoy son las “defensoras” de los monumentos históricos hechos por un sistema patriarcal centenario, el gobierno central bautizó a este grupo inventado de mujeres policías para confrontar a otras mujeres que no son modelo a seguir: las feministas (las feminazis para sus detractores). ¿Entonces qué modelo… o, ¿modela? Así los insignes hombres de poder (intelectual, político y fáctico) tuvieron la ocurrencia de manipular uno de los pocos modelos femeninos de una de las gestas heroicas reconocidas, para ponerle canelita, azúcar y tolete; Las Adelitas fueron intermezcladas en brocheta con anónimas de otros tiempos con anónimas de esta época. ¿Y el modelo o la modelo, apá? Bien gracias, mujeres buenas deteniendo y en resistencia contra mujeres malas. Así se nos trata de seducir con discursos públicos para convencernos de que las mujeres que guerrean y alzan la voz y que intentan darle en la padre (padre porque es patriarcado) a los afiches y fetiches de sus gónadas. Pintar, rayar, derrumbar un héroe nacional no se compara con devastar y desbastar los pocos modelos que dejan aparecer los académicos (y académicas… porque el machismo también lleva faldas). No es un ejercicio de deconstrucción el robarse de la historia nacional un modelo de mujeres que en inicio guerreaban al lado de sus maridos, siendo participantes de segunda (por las condiciones históricas que se les asignaba) y que después mutó a La MUJER guerrera por antonomasia, para ahora devolverla a la sociedad del siglo XXI como la salvaguardadora del protectorado masculino. ¿Qué modelo quieren los hombres, qué modelo las mujeres? El modelo femenino predilecto para los hombres, que los emborracha, es la modelo que aparece modelando algo, acompañando un producto de consumo, vistiendo poco y pensando menos. De ahí el resto… buchonas, narcotraficantes, vírgenes, putas y cabronas. Las que sirvan al marido-macho-machín-a ser más-machín-macho-marido-papá-papi. El resto de la pregunta, no estoy para responderla yo.

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