Hoja advenediza

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Pero al menos debías de oír si ladran los perros. Haz por oír.

Juan Rulfo

El escritor advenedizo muerde y muerde duro.

Jorge Ibargüengoitia, de escultista e ingeniero a amante del teatro vía una charla con Salvador Novo; después se hizo dramaturgo, luego crítico teatral, y finalmente narrador. Salvo su maestro Rodolfo Usigli, quienes le pusieron el pie, le mostraron también el tobillo donde él pudo morder con su talento. Se le denostó por ser originario de dos pecados: provinciano y no-literato. De ahí el encono de gente que ahora es mencionada y poco trascendental, salvo en ciertos círculos que cada vez se irán cerrando más. En cambio don Ibar (como Usigli le pedía que se acortara el nombre para que cupiera en las marquesinas de los teatros), hoy es no sólo “un autor” es “El Autor” de imprescindibles obras literarias, Dos Crímenes, Las Muertas, Estas ruinas que vez, por mencionar tres (ojo, de dos de ellas se dice que son “perfectas”, trate de averiguarlo usted).

Otro, Juan Rulfo. También contaba con dos marcas de Caín, provinciano y agente viajero de llantas y sobre llantas. Recorrió el país como pocos, búsquele a su biografía y hallará que no pintaba para ser el grande que luego fue. Ricardo Garibay, entre otros escritores de su círculo, mentaba madres por la incursión y asalto del hombre taciturno y breve, sobre la historia de la literatura nacional, y global. Rulfo dolía en su momento, vivo y ahora muerto murmurando desde el ardor infernal del Más Allá. Quienes pulieron la palabra en semilla de anís, no se explicaban cómo este venido a más había alcanzado las cumbres que alcanzó, material y literariamente. Los perros se mordieron su propia cola y se la siguen mordiendo, Rulfo era pacífico, no tuvo que sacar los dientes para morderlos, solitos cayeron en sus colmillos.

Uno más. Antonio Acevedo Escobedo pudo, tanto por su nacimiento autodidacta en provincia y dejando estudios tempranamente (hasta el quinto de primaria), como por su amor a la literatura, empollado por el calor de las manos del camino del plomo. Se convirtió en el gran editor y promotor de los olvidados y de los que luego ni se mencionan en memorias, cartas o conferencias. Por fortuna ya hay quien estudia su ensombrecido legado, Carmen Arellano Olivas, Dayna Uribe, por mostrar a dos que lo desempolvan del silencio de los encumbrados con los que trató Acevedo Escobedo. Sí bien burócrata, también teócrata forjador de cultura, mordió sin morder, tan así que por el momento virginales intelectuales, dan sus dentelladas linotípicas prensiles a los herederos de quienes se voltean al escuchar el nombre del maestro entre penumbras. Acevedo amó su origen, jamás lo soltó, hoy un premio fundado por él lleva su nombre… el de su tierra, faltaba más, Aguascalientes. Ejemplo floral para sus coterráneos, paisanos y de otras tierras sin el privilegio de ser centro.

El cuarto es Ermilo Abreu Gómez, otro que fue ninguneado y también aconsejado para que dejara de dedicarse no a su pasión. Otro nacido lejos de la capital y de otras capitales… me refiero al político, comercial, mercantil, y de compadrazgos. Adoraba la época virreinal, que otros muchos recuerdan como colonial, fue quien puso de nuevo al centro en el Centro (literario y demás) a la décima de las musas. Hoy se recuerda a otros que tomaron de aquí y allá, con trampas y fe ciega, lo que Sor Juana dejó apenas (aquí otra advenediza, también de provincia, también luego cortesana, también mujer, que mordió con su sabiduría a lo cínica). Don Ermilo consideró seguir la guía del centauro de los escritores y se nutrió de su tierra a la altura de los de la capital. Este autor mordido pero devolvedor de la mordida, lo hizo con Canek, La conjura de Xinum, Leyendas y consejas del antiguo Yucatán. Cuantos sus detractores no alcanzan un numero de edición parecido al de su más conocido libro.

De boca de Acevedo: “Se olvidaron de pagar la prima para la adquisición de un seguro contra el olvido”; el hidrocálido al momento de su ingreso a La Academia Mexicana de la Lengua, se refería a quienes, como él, se despojaron de la ambición para colocarse al frente entre las relaciones públicas de festejos y adulaciones, y mejor se ensimismaron en su íntimo recinto para laborar, labrando, su amado legado al mundo de las letras. Alguien lo tenía que decir, lo dijeron ellos con sus obras, evitando ladrar como tantos otros que no saben más que hacer esta imitación canina y no les sale.

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2 thoughts on “Hoja advenediza

  1. Estimado Rodrigo.
    Cada autor logra definir, mediante su obra, elementos que logran revelarnos algo de lo que somos -o no lo logra- y las circunstancias o la sensibilidad con que responden a las tareas o las exigencias que les plantea su momentum, también en ocasiones, logran definirse en su obra. Más que modelos de escritores, el leerles encuentro lo que han querido decir -aunque en ocasiones lo entendamos en formas muy disímiles o hasta equívocas. Interesante apunte. Saludos:-)

    1. Muchas gracias de nuevo por el tiempo dedicado a lo que hago con tanto cariño. Así es. Concuerdo. Hay veces que queda en estos personajes la revolución y la revolcada, la sacudida a lo que se cree inamovible. Para que la tierra se oxigene hay que darle sus vueltas. La yunta duele para quienes quieren tenerla pareja… Un abrazo.

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