Isadora Duncan, ménade insurrecta de la danza

Isadora Duncan, ménade insurrecta de la danza

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¿A quién no le agrada bailar? Bailar y a cada paso tocar las raíces del universo. La danza es mujer, sinuosos movimientos imantados de energía, de gracia. Así fue Isadora Duncan en su rebelde andar por el mundo. Con sólo 49 años logró revolucionar el arte de la danza. Su pasión por el libre movimiento de los cuerpos siguiendo las ondulaciones y efluvios de la naturaleza fueron desde pequeña su inspiración. Isadora nació bailando, así lo aclaró en su libro autobiográfico: Mi vida,  escrito unos meses antes de su trágico final. Ella decía: “Si me preguntara cuándo empecé a bailar, contestaría: en el seno de mi madre, mucho antes de nacer…1

Su idea de libertad la llevó a interesarse por las culturas clásicas. Observaba en las obras y vasos antiguos la imagen de las mujeres danzarinas proyectando la esencia de la naturaleza. Por ejemplo, Isadora recopiló información respecto a la Grecia antigua. La actuación dominante en las danzas correspondía a las mujeres, como bailadoras, cantadoras, solistas o en grupo. Los bailes sacerdotales en honor a una deidad como Dionisio, eran realizados por las Bacantes o las Ménades. Ellas podían representar las emociones exaltadas por el mágico sopor del vino. Pureza y lubricidad a cada paso. Lujuriosos lances en honor a la naturaleza fecunda y bravía. El baile de la vida resurge después de la muerte, en una perpetua regeneración. Nacimiento y muerte encarnan parte del poder femenino. El surgimiento de los misterios de la naturaleza encarnaba en la fuerza ctónica femenina, por tal razón las Ménades eran respetadas y temidas. Su libertad en los rituales al dios Dionisio no podía ser revelada, so pena de morir. Las consecuencias infaustas del desacato las plasmó en forma magistral Eurípides en su obra Las Bacantes.

¿Quiénes eran estas mujeres? En la mitología eran adoradoras del dios de la fertilidad y de la alegría, de la inspiración y la sexualidad. El culto a Dionisio en Grecia, o Baco, como era reverenciado en Roma, atraía a las mujeres de todas las clases sociales. Sus ceremonias se llevaban a cabo en ciertas fechas del año y se prohibía la participación de los hombres. Las Bacantes establecían un pacto de no divulgar las características ni los lugares donde celebraban sus reuniones, donde prevalecía la total libertad y exacerbación de los instintos. Momentos liberadores de jóvenes y matronas, que asistían para realizar intercambios de contenido esotérico, y sobre la fertilidad, en un desfogue total por el influjo del vino y el consumo de plantas alucinógenas, ritualidades bajo la protección del dios. Si bien esta libertad femenina fue exagerada por la ficción, a ello se aunó la censura y rechazo de algunos varones que consideraban peligrosas aquellas reuniones donde la orgía, consistía en una danza frenética  ejecutada en los campos o montes, sitios adecuados para su celebración. Esta atmósfera, invitaba a las mujeres a desinhibirse y olvidar por unas horas los sufrimientos del parto, cuidado de la prole y la imposición de normas de conducta severas en su proceder cotidiano. Las Ménades o Bacantes contravinieron la rígida moral, defendieron hasta lo posible la secrecía de sus ritos que, con el transcurrir del tiempo, empezaron a ser prohibidos y se contaminaron con celebraciones donde el centro de la fiesta perdió el carácter sagrado, deviniendo en encuentros de todo tipo de personas, que en las postrimerías del imperio romano acabaron en total desorden. 

Isadora Duncan vislumbraba una danza nueva al reinterpretar esas imágenes que, embelesada, admiraba en los museos de Londres y París. Señala en su autobiografía que, no obstante las carencias económicas de su familia, ella y su hermano Raymond visitaban por largas horas estos recintos y quedaban prendados de las bellas imágenes de los vasos griegos y las esculturas donde Isadora estudiaba poses y formas para enriquecer su danza: “Ella observando las figuras de las vasijas y copiando sus posturas para imaginar su movimiento, y él reproduciendo esos dibujos y tomando nota frenéticamente en su libreta”.2

Cabe destacar la invaluable influencia familiar en cuanto a promover la curiosidad, la sensibilidad musical y el amor a las manifestaciones artísticas que la madre de Isadora volcó en su espíritu rebelde y tenaz. Isadora nació en San Francisco el 26 de mayo de 1877, su madre era profesora de piano y su progenitor, Charles Duncan, negociante de poca fortuna que abandonó a la familia cuando Isadora tenía 3 años. Sin embargo,  la personalidad inteligente y luchadora de Isadora, así como su precoz capacidad para convencer y llevar a cabo sus deseos fueron el soporte para que su familia sobreviviera. Así lo narra: “Yo era quien iba a la panadería para gestionar una renovación de crédito. Experimentaba una especie de alegría aventurera cuando realizaba esas excursiones, y sobre todo cuando triunfaba…solía emprender la vuelta a casa bailando por la calle…3

Así fue su existencia, el rebelde andar por el mundo de Isadora Duncan, bailando su revolucionaria danza. Su vida no fue insignificante, su efigie de hechicera antigua llevó a los escenarios del mundo la emotividad y la intuición de su arte. Si bien abandonó la escuela a los 11 años por considerar que la insensibilidad docente hacía los niños se convertía en tortura, Isadora se preparó por su cuenta. Asistía a las bibliotecas públicas, su formación autodidacta permitió su acercamiento a la poesía de Walt Whitman, Charles Dickens y Shakespeare, entre otros autores que fueron nutriendo su sensible e inspirado espíritu. Aprendió varios idiomas, francés, alemán, italiano y algo de ruso. Mujer extraordinaria que transformó su candidez en fructifica entrega a su arte innovador. Logró su sueño de bailar en grandes escenarios. Al inicio de su carrera fue despreciada y considerada una debutante sin técnica formal y más bien ridícula, incluso inmoral por vestir con ropas transparentes y andar descalza. En contraste, fue aclamada por intelectuales, artistas de la talla de Augusto Rodin, Eleonora Duse, el poeta ruso Serguéi Yesenin, además de pianistas y músicos tan cercanos a ella –algunos fueron sus amantes- como Harold Bauer y Hener Skene. De vital trascendencia, fue el actor y escenógrafo Edward Gordon Craig, con quien tuvo una hija. El millonario Paris Singer, fue padre de su segundo hijo. Vivió una funesta experiencia el 19 de abril de 1913, ese día, sus dos pequeños hijos, Deidre y Patrick mueren ahogados en el interior de un auto que se cayó al Río Sena. Isadora, con profundo dolor, dedicó una danza fúnebre a sus criaturas. Únicamente así pudo manifestar el tremendo pesar de su pérdida. A pesar de la trágica vivencia, Isadora poseía en su ser la fuerza de la resiliencia, y así retornó a su labor docente con alumnas que había dejado en diversos países, Estados Unidos y París entre ellos. Su compromiso desde muy joven por compartir su arte dancístico, hizo que sus alumnas propagaran su innovadora propuesta. Adoptó a seis jóvenes conocidas como las Isadorables, que recorrieron varios escenarios como los de la Rusia socialista de 1921. El sueño de Duncan fue crear varias escuelas de danza y con tal fin preparó a sus alumnas. A su muerte, la única que propagó la escuela fue Irma Erich-Grimme, las demás se perdieron en el anonimato. 

La grandeza de Duncan consistió en su permanente lucha por ser ella misma, fue curiosa, creativa, revolucionaria en sus ideas, irreverente, se opuso al sistema del ballet clásico al considerarlo como una imposición al cuerpo por deformar los pies de las bailarinas con la violencia de posturas antinaturales. Contra eso y más fue insumisa, optó por la maternidad libre, por evitar los partos con dolor, enarboló en amor libre, experimentar sin temor el placer propio con la intensidad de todos los poros del cuerpo. Ella no cuestionó las preferencias sexuales, en cambio, reprochó la doble moral burguesa de su época. Por otra parte reflexionó sobre sus propuestas en la estética de la danza al señalar que la concentración de la energía debía de salir del plexo solar, desarrollar la observación de la naturaleza, la profundidad instintiva y emocional para ser trasmitida en movimientos ondulantes y armónicos. Estas ideas que llevó al escenario las tradujo en su libro, El arte de la danza. Finalmente esta dinámica mujer vanguardista, empecinada en renovar la primitiva danza helénica para comunicar emociones insospechadas, actuaba en un escenario minimalista, pero producía un impacto tremendo en los corazones del público. Su insólito fin nos perturba, en Niza el 14 de septiembre de 1927, en un accidente absurdo. El auto Bugatti en que viajaba, y el largo chal que llevaba en el cuello se enreda en la llanta trasera y muere ahorcada, los testigos de ese fatal instante señalaron que tenía rota la columna vertebral. En consecuencia, su obra y vida han sido inspiración para la producción de novelas, dramas, films reveladores 4, el carácter poliédrico, creativo y contradictorio de Isadora. Puedo decir que su legado favoreció nuevas miradas a la emancipación artística de las mujeres en la perspectiva de nuevas estéticas en la danza moderna. Sin sus ideas, Martha Graham 5, Guillermina Bravo, Gladiola Orozco 6 y demás artífices no hubieran enriquecido el terreno vital de la danza.


[1] Mi vida. Isadora Duncan, Grupo editorial Tomo, México, 2004, p.15.

[2] Gemma Moraleda Díaz. Isadora Duncan. Una bailarina de estilo único que liberó el mundo de la danza con su expresividad. RBA, España, 2019. P.56.

[3] Mi vida, Ob.Cit, p.25.

[4] La película Isadora. Interpretada por la fallecida actriz inglesa Vanessa Redgrave, dirigida por Karel Reisz en 1968 se basó de forma textual en la autobiografía póstuma de la bailarina.

[5] Bailarina y coreógrafa estadounidense 1894-1991 experimentó un nuevo lenguaje dancístico como un drama hablado, emocional y espiritual.

[6] Guillermina Bravo fundadora de la Academia de la Danza Mexicana, fue con su técnica el pilar de la danza moderna. Gladiola Orozco fue su alumna y destaca por ser la cofundadora Ballet Teatro del Espacio; donde continúo sin interrupción alguna al frente de la compañía, unificando el esfuerzo creativo con el maestro Michel Descombey.

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One thought on “Isadora Duncan, ménade insurrecta de la danza

  1. Extraordinaria historia de la bailarina Isadora Duncan,líneas escritas por la maestra María de la Luz,quien de una forma mágica nos adentra haciéndonos vivir cada momento de lo que expresa en su texto.

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