La criatura inmuno-de-eficiente: arrebatador de sí

El cuerpo inmunodeficiente nunca se encuentra aislado, y si lo hace será por derecho, pero su plegar trasvasa de lo molecular a lo prolífico.

“He estado enfermo toda mi vida y no pido más que continuar estándolo, pues los estados de privación de la vida me han dado siempre mejores indicios sobre la plétora de mi poder que las creencias pequeño burguesas de que: basta la salud”.
Antonin Artaud

 “Se puede soportar cualquier verdad, por muy destructiva que sea, a condición de que sea total, que lleve en sí tanta vitalidad como la esperanza a la que ha sustituido”.
Émile Michel Cioran

El corporal del individuo inmunodeficiente se ciñe al andar de su línea-travesía por un hacer y un pensar eximidos. Cartografía por un gestar de su ser y practicidad. Transporta las conjeturas de lo inmediato: de la comprensión a la fluctuación. Su elección no aplica a la estabilidad de las normatividades. El cuerpo VIH no remite al padecimiento: es cierto que debe ser examinado, pero nunca constreñido a los patrones de formación facultativa. A de trasladar a terrenos cognitivos insospechados. Se sobrepone de sí mismo para dispersarse por áreas limítrofes de uniformidad que le adjudican. Dosifica descentralizando las adecuaciones y las proporciones. No es un suministro por el que el mundo conozca por un binomio dominante entre los sanos y los enfermos. Su estrategia es desmantelar el sistema diádico. Explota las certidumbres de las uniformidades. Modifica, disemina. No es una indisposición, es una experimentación.

La maniobra es por el devenir. La toma de coordenadas excede los parámetros de la sinonimia de la metrópolis, las apreciaciones de lo estrictamente sano, las comunicaciones, lo social, la publicidad, los mass media, la idiosincrasia, etc.

No es lo que se discierne de su personificación, ni tampoco lo que se representa. La distorsión es la superficie a desplazar como acto de ininteligibilidad y afirmación de postura. El soma infectado hace auto referencia para la interacción, pero no es más que un instrumento protocolario.

La patología sobre el corpus es un nuevo signo de enunciación que no le conduce a su mismidad, sino a una multiplicidad de síntomas alentado por la transgresión incorporada que desprende. El cuerpo inmuno deficiente es una verdad; su verdad encarnada. Su red es tanto coextensiva de sus precisiones como dislates. La relación de los elementos infestados no es nada más de un aspecto obstétrico. Más bien como materia de narcosis, de arte, de colectividades, de praxis. Se vuelca cual acontecer voraz: es decir, como idea, así lo manifiesta el filósofo francés Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari, en Mil Mesetas: “La historia de las ideas nunca debiera ser continua, debería evitar semejanzas, pero también descendencia o filiaciones, contentarse con nombrar los umbrales que atraviesan una idea, los viajes que hace, que cambian su naturaleza o su objeto”. (2002, p. 242).

Los parámetros y despliegues no son los de la lógica de la razón. Hay un tratamiento del cuerpo inficionado que comulga con lo heterogéneo de los componentes y la hermenéutica de las emulsiones. Plasticidad endémica: “…el entendimiento simbólico sustituye a la analogía de proporción por una analogía de proporcionalidad; la seriación de las semejanzas por una estructuración de las diferencias; la identificación de los términos, por una igualdad de las relaciones; las metamorfosis de la imaginación, por metáforas en el concepto; la gran continuidad naturaleza-cultura, por una falla profunda que distribuye correspondencias sin semejanza entre las dos; la imitación de un modelo originario, por una mimesis primera y sin modelo”. (Deleuze & Guattari, 2002, p. 243).

La ejecución del acaecimiento no es la linealidad de lo salutífero a lo deteriorado. Es suceso capaz de gestionarse por fuerzas propias y singulares, y si requiere aditamentos los ha de incrustar para el andamiaje particular de su anatomía sui generis. No se busca el imitar o el dejarse llevar por tal o cual. Lo que impera es la urbanización epistemológica que sirve como edificación en tanto es constante de sus contracciones y propagaciones. El surgimiento de lo invivible no tiene otra razón que su búsqueda de sí. Su exploración hacía los ensimismamientos y las oquedades como mecanismos de refinación. El cuerpo inmunodeficiente nunca se encuentra aislado, y si lo hace será por derecho, pero su plegar trasvasa de lo molecular a lo prolífico. Se confecciona un proceso fisiológico creativo. Un simulacro de caquexia, pero en tanto que es efecto de óptica. La nutrición es intrínseca, la apariencia es incongruente con la transmisión de las contundencias. Regresión productiva-inventiva. El engranaje entre las materias dispuestas para la fabricación de lo que no es equiparable, ni parecido, ni útil, ni paradigmático. “El devenir es involutivo, la involución es creadora. Regresar es ir hacía el menos diferenciado. Pero involucionar es formar un bloque que circula según su propia línea “entre” los términos empleados, y bajo las relaciones asignables”. (Deleuze & Guattari, 2002, p. 245).

La somática del inmunodeficiente por su diferencia de efecto arremete contra el organismo, pero aparte de ser desde los estratos que lo aquejan, también por el transversal de sus rubricas. Se desvincula de la complexión. Se rebela a la instauración por la que toda morfología es imprimida y reprimida. Se compulsa álgido. Lo versátil se constata en lo alotrópico. Una existencia que deja de ser sometida a las carencias de la psique y de lo habitual, para condensarse un bastidor neurálgico. Las magnitudes ya no consideran los confines predispuestos, sino se propondrán la apertura para inéditos trayectos. Gimnasia sensible. Entrenamiento en los roces y delicadeza de colisiones. No hay entendimiento por el que se tenga que subyugar. Es un programa que tanto nunca se ha llevado a cabo como su deambular tampoco lleva una fijación o un final. La virulencia de las operaciones no tiene nada que ver con lo morboso o lo insano, sino con el justo movimiento de su extensión: administración del suplicio. Lo inspecciona el maestro de Lyon: “Toda una vida no orgánica, pues el organismo no es la vida, la aprisiona. El cuerpo es enteramente viviente y sin embargo no orgánico. También la sensación cuando alcanza al cuerpo a través del organismo toma un giro excesivo y espasmódico, rompe los bornes de la actividad orgánica. En plena carne, es directamente producida sobre la onda nerviosa o la emoción vital”. (Deleuze, 1984, p. 28).

El corpus inmunodeficiente revierte tanto los efectos como las causas, pues ya no estamos refiriéndonos a especificaciones o explicaciones. Son contorsiones y acrobacias expuestas a actividades igual de desconocidas. Es decir, lo imperecedero se inocula en lo finito con la función de otorgarle un mecanismo exento de lo razonable y excluyente de lo inopinado. El nacimiento, la vida, el fenecer, la salud y la enfermedad: ninguna es la opresión o la definición de la otra, sino la conexión de las mesetas y de los yermos fluviales por los que se genera el destino de los imposibles atribuibles.

 “Cuando la sensación (…) afronta la fuerza invisible que la condiciona, entonces libera una fuerza que puede vencer a aquella, o bien hacerla una aliada. La vida grita a la muerte, pero justamente la muerte ya no es ese demasiado visible que nos hace desfallecer, es esa fuerza invisible que la vida detecta, desaloja y hace ver gritando. La muerte es juzgada desde el punto de vista de la vida, y no a la inversa en dónde nos complacíamos”. (Deleuze, 1984, p. 38)


Bibliografía:
1. Deleuze, G. (1984). Lógica de la sensación. Francia: De la Différence.
2. Deleuze, G. & Guattari, F. (2002). Mil Mesetas, Capitalismo y esquizofrenia. España: PRE-TEXTOS.

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Un pensamiento en “La criatura inmuno-de-eficiente: arrebatador de sí

  1. Hola Dux, me dejaste con la replica abierte, tu tono sicaléptico me hizo estremecer el cuerpo que no deja de berrear por estar luchando por la inmunidad que nunca llega, más bien es una entelequía. Saludos.

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