La hora de la verdad

Basado en hechos reales

El mensaje que contenía la alerta que apareció en el móvil era unívoco y apocalíptico: “Alerta de misil balístico atómico en dirección a Hawái. Busque refugio de inmediato. Esto no es un simulacro”.

— Corramos, hay que buscar una estructura resistente y protegernos los ojos — conminó la mujer.

— ¿Con qué, con las manos? — respondió con sorna el marido.

— Fueron los consejos que nos dieron, tenemos quince minutos antes de que llegue el misil.

—¡A la mierda los consejos y a la mierda todo!

— Pero, ¡haz algo! Llama a los niños, al menos.

— ¿Los niños, dices? Ambos con más de veinte años y sigues llamándolos los niños, ¿te refieres a ese par de zánganos que viven en nuestra casa? Vete a saber dónde coño están; la golfa de nuestra hija en la cama de algún macarra, y nuestro hijo tirado, borracho o drogado en alguna parte. Lo único en lo que son buenos es en refregarse bailando reguetón.

— ¿Cómo puedes hablar en un momento así de nuestra familia?

— ¿Familia? ¡Un puto fracaso es lo que tenemos! Hemos criado a dos parásitos, dos gandules, dos seres egoístas y viciosos, dos vampiros que no han hecho otra cosa que chuparnos tiempo, energía y dinero. Sí, llora, llora. En el fondo me alegro que todo se vaya a la mierda. Qué liberación poder hablar claro de una puta vez. ¡Gracias Kim Jong Un!

— ¿Quiero pensar que no sabes lo que dices, que el pánico te ha trastornado?

— Para nada, jamás me he sentido más lúcido en toda mi vida. Esta es la hora de la verdad. Y ahora mismo me quedo aquí, esperando el apocalipsis mientras me tomo un whisky doble y me meto una raya de coca.

— ¡¿Cómo?! ¿Te drogas?

— Sólo cuándo voy de putas.

— ¡¿Qué?! ¿Vas de putas?

— Pues claro que tendré que ir de fulanas, como a la señora no le gusta chupármela porque le da asco.

— ¿Por qué me haces esto ahora? Tendríamos que estar rezando al Señor.

— Dios no existe, ¡asúmelo!

— Me voy, no quiero escuchar nada más.

— ¡Vete! Pero que sepas que nuestro matrimonio es una farsa, que hace años que no te quiero. Y si no te he abandonado es porque sé que me sangrarías en el divorcio. Y aún te diré algo más: ¡Me estoy follando a tu hermana!

— ¡Joder! — dice el hombre en voz alta-. ¡Qué sensación tan extraña! Voy a palmarla de aquí a nada, pero no tengo miedo, me siento liberado. Espera, que voy a llamar por teléfono a mi cuñado.

— Cuñado, te llamaba para decirte que este año no vienes a cenar a casa en navidad, mayormente porque nos va a caer un misil nuclear encima. Sí, eso y, también, que eres un listillo y un puto pelmazo y no hay quien te aguante. Y por cierto, me estoy tirando a tu mujer.

Cómo me he reído escuchando a mi cuñado. ¡Qué divertido! Espera, espera, que llamo a mi jefe.

— Buenos días jefe: Hoy no pienso ir a trabajar, ni hoy ni nunca más. Sí, ya sé que lo comprende dadas las circunstancias. Bueno, también quería decirle que sus putos chistes no me hacen gracia y que es un déspota y un explotador. Es usted un cabrón, un mamón y un hijo de puta y espero que se pudra en el infierno.

¡Coño! Vuelve a sonar la alarma del móvil. A ver que pone: “No hay ningún misil dirigiéndose hacia Hawái. Todo se ha debido a una falsa alarma activada por un error humano. Disculpen las molestias”.


Collage por Mario Galván

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