La imposible universalidad de Frodo

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  1. En 1936, Alfonso Reyes participó en la VII Conversación de la Organización de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, donde expuso frente a algunos de los grandes pensadores de la época los proyectos culturales que se habían logrado en México. Para algunos resulta curioso que el ateneísta de pensamiento liberal defendió en aquel encuentro la necesidad integrar el materialismo histórico a las reformas sociales. Supongo que algún chispazo de futuro (o pasado) lo había llevado a reconsiderar que el rescate del humanismo grecolatino tendía a difuminarse en un “elitismo despegado de lo real”. (Colombi, “Notas” 114) Un año después, en otro meridiano de la cultura occidental, J. R. R. Tolkien comenzó su larga redacción de El Señor de los Anillos, en pleno auge del fascismo y a tan solo dos años de la Segunda Guerra Mundial, contexto que inevitablemente se asoma entre sus renglones, pese a su insistencia en que la guerra mundial a lo medieval de su obra nada tenía que ver con la que azotó a su Europa contemporánea. Cinco décadas después, asistí al estreno de la adaptación que Peter Jackson hizo de La Comunidad del Anillo, que ahora cumple 20 años. Y, al ver esta secuencia, se me cayó el calzón: https://youtu.be/BjJvOm94W5U

    2. Confieso, de una vez por todas, que antes del 21 de diciembre de 2001 yo no tenía idea de quién era Tolkien [mucho menos Alfonso Reyes], que al ver el trailer de la trilogía de Jackson pensé que a partir del reciente auge de Harry Potter se había puesto de moda hacer muchas cosas medievalescas y también pensaba…muchas otras idioteces. [En mi defensa, era yo adolescente.] Pero unos cinco años antes había adquirido el gusto por los relatos artúricos y mi clasemediera formación anglofílica me predisponía a gustar de estas obras.
  1. Yo todo adolescente y con un nivel cultural proporcionado por MTV, Universal Estéreo y Alfa Radio [ni siquiera Radioactivo, qué pena], era un lienzo receptivo, perfecto para grabar cualquier imagen de valor. Y así fue. Todavía no cursaba 4º de prepa, por lo tanto, no tenía ni idea de qué significaba la palabra “utopía”, mucho menos “anarquismo” [alguna pista me había dado el pseudo-punk de moda]. Pero al ver la Comarca de los hobbits intuía en mis entrañas que la utopía es una forma artística íntimamente ligada a la naturaleza, que crece en equilibrio como “tierra bien labrada”, diría Bilbo.https://youtu.be/-PcUnqlPA8A
  1. Con El Señor de los Anillos aprendí a pasar de aficionado a lector y relector. Uno se memoriza las líneas de las películas, compra artículos de colección, juega los videojuegos, establece rituales anuales para ver maratones. Lo que sea para intentar traer la ficción a la vida. Contrario a lo que se piensa, un fan no siempre ve en su objeto de devoción un portal escapista, a veces quiere traer el mundo de ficción a la realidad: re-dotar de magia a la materia. El fan se vuelve lector cuando, en lugar de performar la ficción en la vida, mejor interpreta las posibilidades de sentido que le ofrece. Descubrí las referencias grecolatinas y nórdicas de Tolkien, la reescritura de los Evangelios en las funciones de Frodo y Aragorn, y di con una interpretación marxista a partir de las coyunturas sociales representadas en la Guerra del Anillo. ¿Podemos comprobar que Tolkien pensaba en el materialismo histórico? Probablemente no. A diferencia de Reyes −ambos hombres de letras clásicas, provenientes de sus respectivas élites, con un pie en la cosmovisión católica, aunque necesariamente distintos por sus coordenadas− me parece que Tolkien nunca hizo alguna declaración sobre la doctrina de Marx y Engels, pero el texto permite diferentes interpretaciones al respecto. Muchas de ellas acusaciones.
  1. En los memes y redes sociales suele hacerse acusaciones sobre racismo y clasismo en el orden cósmico de la Tierra Media inventada por Tolkien. Tales críticas se remontan a los años 80. Tolkien ha sido tildado de fascista, neovictoriano, misógino, orientalista, productor de ideales románticos burgueses para la enajenación masiva de la clase media, etc. (Oberhelman, “Marxist Readings” 410-411) Encima de todo, no le gustaban los irlandeses, probablemente por su amor a lo inglés. Quién sabe. A lo mejor sí era todas esas cosas. Pero específicamente en El Señor de los Anillos pasa algo muy bonito: el mundo es salvado y reconfigurado por “la persona más pequeña” (Rivera Ramos, 2014). https://youtu.be/YI15psli6Rc

 Aunque los personajes de la Tierra Media suelen referirse a Frodo como ese pequeño héroe, nosotros sabemos que la victoria del bien sólo se logra por obra de Sam, su compañero, su Sancho. Con esa victoria se derrota al mal ético e industrial que amenaza al mundo, pero a diferencia del mito heroico tradicional, no se restituye el orden cósmico previo, sino que se produce una coyuntura: el mundo gira hacia un orden que ya no depende de las jerarquías de la Creación (cosmovisión teológica), sino del ejercicio de la libertad responsable (¿visión democrática?).

¿Hay en esta resolución de la historia clasismo y racismo? Racismo tal vez…a fin de cuentas, la victoria del bien se representa como la derrota de “lo oriental”. Pero el clasismo a la victoriana se diluye: si antes había una jerarquía predispuesta por el orden de las “razas” (en orden de importancia: elfos, hombres, enanos, hobbits, orcos), a partir de la destrucción del Anillo se construye una responsabilidad ambientalista. Claro, bajo un orden feudal, pero entiéndase que el Rey en este mundo no es tanto el soberano ultraexplotador, sino el símbolo de la justicia y la sabiduría. Resultaría inverosímil otra cosa. A ello se suma que la Comarca de los hobbits se mantiene anárquica. La utopía de Tolkien es, pues, un equilibrio entre la sabiduría “popular” y la sabiduría “culta”, no olvidemos que se trata de un medievalista.

  1. Sam es un jardinero. No un campesino. Así, no podemos afirmar, en modo alguno, que Tolkien viera en él o en Frodo una metáfora de las clases bajas (proletario o campesinado) revelándose. No podemos hacer una interpretación marxista en términos de alegoría, como se ha querido hacer respecto a sus supuestas parodias del fascismo ítalo-alemán y el comunismo soviético. Pero, por vía de su catolicismo, sin duda podemos encontrar en El Señor de los Anillos una consciencia de la transformación histórica en manos del marginado.
  1. Por un tiempo consideré que esta visión poseía universalidad. Lo mismo que la visión de Reyes sobre Anáhuac. Ahora entiendo que, ni Anáhuac sola puede hablar por la diversidad de Abya Yala, ni Frodo-Sam por todos los “pequeños de la historia”. Ni si quiera por todos los “pequeños del cristianismo”. ¿Qué hacer con obras que no satisfacen nuestra visión de mundo? ¿Las cancelamos? ¿Las dejamos a su suerte?

No, por supuesto que no. No hay riesgo más grande que ignorar el pasado por considerar que nuestra forma de pensar tiene más valor que la de otros anteriores. Si queremos encontrarle algo de actualidad a Tolkien, podemos inclinarnos por su evidente ecologismo. https://youtu.be/XzugQBkUrZk  

  1. Pero, encima de todo, en El Señor de los Anillos hay belleza que no podemos ignorar. Claro, es la belleza de otro pueblo en otros tiempos, desde otra visión. La belleza de la ficción consiste en dejarnos ver lo que para otro es heroico. La euforia por la muerte en batalla es un ideal romántico, sabemos bien que la guerra no es gloriosa; sin embargo, la ficción ofrece la posibilidad de, por un momento, hacer que las acciones colectivas parezcan tener una razón homogénea. La épica maravillosa de Tolkien ofrece exactamente eso: destilar los matices de la realidad para manifestar lo que podría ser un ideal común. https://youtu.be/EmTz7EAYLrs

Bibliografía:

Colombi, Beatriz. “Alfonso Reyes y las ‘Notas sobre la inteligencia americana’: Una lectura en red.» Cuadernos del CILHA 12.14 (2011): 109-123.

Oberhelman, David D. “Marxist Readings of Tolkien”. JRR Tolkien Encyclopedia: Scholarship and critical assessment. Ed. Michael Drout. Londres: Routledge, 2006. 410-411.

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