Columnas Contrapuntos entre Alfonso Reyes y Chabelo 

La jitanjákintaj niajka keta enaijma

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No sé cómo se ha vuelto esto un lugar donde se fuerza a los memes a entrar en otro tiempo. No se trata de un estudio o de una interpretación académica porque procedimientos como el que sugiero a continuación no tendrían sentido en absoluto [hoy vamos a hablar del idioma extraterrestre revelado en Venga la alegría y la noción de jitanjáfora en Alfonso Reyes]. Tampoco se trata de eso que en redes se denomina “mamar” porque la intención no es demostrar bagaje cultural, ni ser team cultura alta o team cultura baja (cosa, por demás, obsoleta si no se consideran matices históricos).

Los memes, por su naturaleza viral, forman parte del ritmo de la cotidianidad. Del día a día, son expansiones de las agendas oficial, mediática y pública. Pero, como en un concierto o, mejor aún, en un motete, las voces de la cultura poseen diferentes ritmos: la vida comercial, política y los problemas de cada uno de nosotros en el día a día están en la superficie de los tiempos humanos, son el ritmo más acelerado del concierto cultural. A él subyace, sin embargo, otra rítmica que nos vincula con el pasado (y, ¿por qué no?, con el futuro).

Ese otro ritmo se vuelve evidente en nuestras experiencias frente al arte, cuando ingresamos a edificios antiguos donde la mano de los muertos se revela en la huella que han dejado en las piedras. También lo encontramos en las técnicas: si aprendemos un oficio analógico (manual, mecánico), dejamos el presente digital por un momento para ingresar en los saberes de generaciones previas. Cuando amarramos nuestras agujetas, vaya, participamos de un conocimiento táctil y psicomotriz heredado por siglos.

Así pues, encontrarle la jitanjáfora al lenguaje extraterrestre canalizado por Mafer Walker es bastante idiota… Pero también es un esfuerzo por simular que algo de pasado sobrevive en las marañas sobreinformativas del presente.

En el famoso ensayo “Las jitanjáforas”, Alfonso Reyes habla de fórmulas verbales sin significado (o con significado parcial) cuya única función es la expresividad. Algunos ejemplos recogidos por el ateneísta en su texto:

La galindinjóndi júndi,
la járdi jándi jafó,

la farajíja fo… (Porfirio Barba Jacob)

¡Chunda, chacunda, chacunda, chacunda! (Anónimo)

Vilichumbito de papagaya

lastirilinga de mañantay
trabuquilindo, lindo, lindoli

la papagaya de muranday… (Corresponsal porteño)

La jitanjáfora, pues, puede ser aprovechada por un poeta, pero habita en todos, tiene algo de popular (en el sentido que Enrique Dussel da al término) porque proviene de otro tiempo (un tiempo periférico al de la sociedad industrial), también posee un rasgo infantil porque al niño todavía no se le impone con tanto peso el lenguaje práctico. Reyes considera que estas formas verbales alógicas son liberaciones de un vestigio profundamente antiguo que sobrevive en nuestro uso del lenguaje, “Cada uno de nosotros se derrama hasta la prehistoria, violando censuras y rompiendo candados” (196). Recordemos que, para cuando el autor escribió su ensayo (1930), las vanguardias históricas habían ya cambiado la faz de la cultura y entre sus premisas se encontraba la desarticulación del lenguaje a su sentido más primigenio, libre de las ataduras del orden civilizado.

¿Pueden leerse, entonces, las formulaciones extraterrestres de Mafer Walker como jitanjáforas? Extrañamente…sí.

Si consideramos que, en el programa de Venga la alegría, ella misma definió su emisión vocálica como “un mensaje importante [que] digo desde mi corazón. La frecuencia en la Tierra y todo nuestros…el ser humano está cambiando de vibración […] Esos códigos que son frecuencias directas de la fuente, de otras dimensiones y constelaciones estelares y yo lo transmito desde el corazón” (yo he destacado las palabras en cursiva), entonces la verbalización de esta médium de los alienígenas es una especie de depuración de la expresividad oculta por la comunicación cotidiana (al menos para ella).

Coincide, pues, con la jitanjáfora de Reyes en el sentido de que ciertos usos de la lengua rebasan su practicidad y producen la sensación de intuir un pasado alojado en nuestro aparato articulatorio. La diferencia, claro está, es que Walker atribuye su mensaje a secretos alienígenas codificados en nuestro ADN…

Meme Monkey GIF by MOODMAN - Find & Share on GIPHY

…mientras que la propuesta de Reyes se sostiene a casi 100 años, y puede puntualizarse con diferentes avances científicos. Por no ir muy lejos, desde el cognitivismo y las teorías de la virtualización podríamos decir, por ejemplo, que el lenguaje de nuestros ancestros prehistóricos desde luego no se encuentra grabado en el ADN, ni en nuestra memoria colectiva [si fuera así, los filólogos no tendrían trabajo y Babel seguiría de pie]. Sin embargo, las posibilidades lingüísticas de nuestro cerebro son tales que podemos intuir, aprender y crear estructuras verbales distintas a las que se nos han enseñado. Estructuras como las que los primeros Homo sapiens pudieron haber generado. Entre otras cosas, esta habilidad de nuestra especie nos permite adquirir nuevos idiomas, hacer poesía, imaginar ficciones, proyectar planes a futuro y, como somos animales juguetones, inventar sonidos sin significado por el puro gusto de sentirlos vibrando en el cuerpo (y en la mente).

Fantasmagoría: todos lo intuimos, pero nadie se anima a decirlo. El lenguaje extraterrestre de Mafer Walker es una caricaturización de un tema más o menos vigente en la ciencia ficción que ha divulgado la industria cultural desde la película Arrival (donde una Amy Adams filóloga reconstruye la escritura-lengua de seres interplanetarios), adaptación cinematográfica del cuento “Story of Your Life” de Ted Chiang. Por eso la viralización de estos TikToks causa risa (y no polémica como se ha dicho en TV Azteca), porque es una versión ultra-reduccionista de un tema tratado con bastante solemnidad en la ficción de masas.

¿Qué se puede decir sobre Chabelo y las jitanjáforas? Por supuesto, la palabra que viene a la mente es catafixia. Sí, tiene algo de jitanjáfora, pero oculta también su propia fantasmagoría. La inocencia infantil detrás de los vocablos presentados en la televisión mexicana de finales del siglo XX es sólo una apariencia. En el momento en que sirvieron para fines de lucro se desmoronó el componente liberador de los impulsos poéticos primigenios y se puso al servicio de la industria del entretenimiento. En ese sentido, la catafixia es el mejor ejemplar, pues en el programa de Chabelo se utilizaba dentro de una sección de concursos diseñada para promocionar productos. La catafixia es la prostitución de la jitanjáfora.


Fuente citada:
Reyes, Alfonso. La experiencia literaria. Obras Completas XIV. México: FCE, 1990.

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