La torre del elefante: uno de los relatos más importantes sobre Conan

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Paulo (que tiene 11 años) y yo, decidimos que ya era tiempo de revisar a uno de los escritores norteamericanos que más han impactado al género de la fantasía: Robert E. Howard. Creador de la era remota de Hiboria, en donde transcurren las extraordinarias aventuras de Conan el bárbaro.

Esta vez analizamos el fabuloso relato “La torre del elefante”, que se publicó por primera vez en la revista pulp, Weird Tales, en marzo de 1933, y que fue considerado tanto por el autor, como por los entendidos en el tema, como uno de los mejores y más representativos relatos de este personaje entrañable, que la mayoría conocería gracias a las películas “Conan el bárbaro” de 1982 y “Conan el destructor” de 1984, ambas protagonizadas por Arnold Schwarzenegger.

El relato transcurre en un antro de los barrios bajos la ciudad de Zamora, en donde en medio de ladrones, asesinos y guerreros, se escuchan las más variadas anécdotas de aventuras. Una de estas historias es la de la torre del elefante, una mítica construcción que todos conocen y temen, ya que guarda los tesoros indescriptibles del hechicero Yara. Pero lo que la leyenda resalta, es una joya enorme como nunca se ha visto, y que es el origen de los poderes sobrenaturales del brujo, llamada “el corazón del elefante”.

Un joven Conan, se aliará al mejor ladrón de la región (Taurus), y junto con él, pelearán contra guardias, leones y arañas gigantes, escalarán las lisas paredes de esa torre misteriosa, e intentarán tomar los grandes tesoros de Yara como trofeo. Después de vencer a la espantosa asesina de ocho patas, que acabó con su aliado, Conan, encuentra a un ser encadenado y atormentado por el mago Yara, un ser con cuerpo humano, pero con cabeza de elefante. El joven guerrero sabrá por labios de ese triste ser, que viene de las estrellas, y que ha vivido cientos de miles de años, y que por los últimos 300, ha estado apresado por el malvado brujo. Con la ayuda de Conan, Yag-kosha se liberará del yugo y se vengará del hechicero, atrapándolo en la joya, en el “corazón del elefante”.       

En este relato, Robert E. Howard construyó mucho del ambiente que rodearía el mundo de Conan, describiendo no solo los lugares y a sus habitantes, sino a sus costumbres y a sus dioses, como el mítico Crom, dios del pueblo cimmerio, al que Conan pertenecía:

“Sus dioses eran simples y comprensibles; Crom era su jefe y vivía en una gran montaña, desde donde sentenciaba el destino y la muerte de los hombres. Era inútil invocar a Crom, porque era un dios tenebroso y salvaje que odiaba a los débiles. Pero insuflaba valor a los hombres en el momento de nacer, así como la voluntad y el poder de matar a los enemigos, lo que, para la mentalidad del cimmerio, era lo único que cabría esperar de un dios”.

¿No nos recuerda a esa hermosa escena en la película de 1982?, cuando tras prepararse para la batalla, Conan sabe que es preciso pedir ayuda, pues están en total desventaja, y decide por primera vez, hablarle a su divinidad:

“Crom, jamás te había rezado antes, no sirvo para ello, nadie, ni siquiera tú, recordarás si fuimos hombres malos o buenos, por qué luchamos o por qué morimos. No, lo único que importa es que dos se enfrentan a muchos, eso es lo que importa. El valor te agrada Crom, concédeme pues, una petición, concédeme la venganza. Y si no me escuchas. ¡Al diablo contigo!”

También nos expone a través de una bella narración, elementos fundamentales que debe contener una obra clásica, como el tratamiento con que aborda la avaricia, el poder, el deseo y la compasión. Conan, que es un guerrero acostumbrado a usar el acero, se entristece ante la situación de un ser extraño, venido de otro planeta, es capaz de sentir la injusticia más allá de su propia especie, y de utilizar su espada para hacer lo que considera justo. El coraje de atreverse a hacer lo que está bien, más allá de cualquier recompensa, ya que pierde el tesoro que buscaba, convierte a Conan, en un héroe en todo el sentido de la palabra.

Paulo invita a niñas y niños a leer el relato: “Me gustó la torre del elefante, porque al final, no obtuvo riquezas, pero sí tuvo el placer de liberar a una criatura cósmica, y vivir toda una aventura. Aunque su compañero murió, en ningún segundo se rindió y sobrevivió a leones, guardias, arañas gigantes y a Yara, además de escalar los cincuenta metros de la torre.”


Créditos de la Ilustración: San Julián.
Relato: La torre del elefante, de Robert E. Howard, también adaptado a comics.

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