Las hermanas Brontë, lazos de escritura

Las hermanas Brontë, lazos de escritura

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Para mi doble, que camina a mi lado.

LA FAMILIA 

Hace algunos años mi amiga Dunia tuvo el tino de regalarme Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Poco conocía yo de la dinastía Brontë, pero gran impacto dejaron en mí sus intensos personajes. Ahora, muchos años después, me parece la ocasión perfecta para comenzar un escrito sobre cómo pensar lo fraterno. 

Charlotte,   Emily   y   Anne,   las   Brontë,   rompieron los moldes estéticos de su época, pues su escritura se desviaba del canon victoriano plagado de temas sobre decencia, moral o el espíritu humanista, cuyos máximos representantes eran Dickens y George Eliot. Las tres se encuentran insoslayablemente unidas por una serie de tragedias: perdieron a su madre, quien murió después del nacimiento del último hijo; también perdieron por tuberculosis a sus dos hermanas mayores, María y Elizabeth, cuando se encontraban recluidas en un internado. De hecho, después de esto Charlotte y Emily regresaron a casa junto con Anne y Branwell (el único varón de la dinastía), donde su educación quedó a cargo del tiránico y estricto padre. Encerradas, con la casa al lado de un cementerio, las tres hermanas conocieron muy temprano el concepto de lo trágico, mismo que se plasma en lo gris y masoquístico de los personajes de sus obras cumbre.

En realidad había toda una complicidad entre estos hermanos. ¿Jugarían a las escondidas, la rayuela, las canicas o a saltar la cuerda? Al parecer pasaban la mayor parte del tiempo dentro de la casa, tal vez contándose historias entre ellos. Lo desconocido para mí, era que para sobrellevar esa vida tan compleja y llena de penurias, crearon un mundo alterno, fantástico y en el que participaron todos los hermanos. Emily y Anne crearon Gondal, mientras que Charlotte y Branwell (el menor), crearon Angria. Esto me recuerda a Freud cuando hace referencia a la “liga de hermanos” como una de las primeras formas de organización social, así como la relación del hermano con el intruso/el semejante/el prójimo. Por  eso el hermano es siempre éxtimo: extraño e íntimo. 

Seguramente para la creación de estos maravillosos mundos paralelos cada uno aportó de su mundo interno y conflictos, también de su avidez por la lectura que venía de la biblioteca de su padre. El padre les inculcó la lectura de Las mil y una noches, Byron, la Biblia, las hazañas de Bonaparte o Los viajes de Gulliver. Pienso que la creación de estos mundos son intentos de simbolización del niño a partir de vivencias de encuentro-desencuentro con un otro, lo que da lugar a cadenas representacionales a partir de movimientos metáfora-metonímicos que forman una malla psíquica. Escribir fue comenzar a tejer. 

DISFRACES

Mucho hay de idílico en las tres hermanas escritoras, su consunción por tuberculosis de igual forma fue romantizada; sin embargo, datos poco conocidos u oscuros dejan ver la otra cara de la familia… Los otros Brontë. 

Dentro del psicoanálisis, Otto Rank (1914) fue el primero en señalar la utilidad del “doble idéntico” como protección frente a la angustia de muerte. Myrta Casas de Pereda (1999), habla de la necesidad transitoria del niño de un referente exterior, de un doble, que al desplegarse en lo imaginario acompaña y ayuda a desmentir pérdidas, ya sea muertes o peligros vinculados a la castración. 

La temática del “otro” acompañó a las Brontë. Para empezar: el nombre del padre en realidad era Patrick Brunty, de origen irlandés; sin embargo, en sus tiempos de estudiante de teología, decidió cambiarlo por Brontë, derivado del griego y cuyo significado es “trueno”. Posteriormente, “el otro” se arraigó en las hermanas, que instigadas por Charlotte, escribieron y publicaron en 1846 sus primeros poemas bajo pseudónimos masculinos. Currer (Charlotte), Ellis (Emily) y Acton Bell (Anne). Estos pseudónimos adquieren la connotación de un amigo imaginario. El niño no está solo si tiene un otro imaginario, con el que juega y conversa. Necesita crear y construir esta figura para tolerar sus vivencias de desamparo y soledad, generadoras de angustia. La construcción del compañero imaginario está dentro de la zona de omnipotencia del niño, como objeto subjetivo, que compensa y ayuda a elaborar la angustia. Está el ejemplo de Frida Kahlo y su amiga imaginaria a la edad de seis años, que aparecía cuando Frida dibujaba con su dedo una puerta imaginaria en la ventana de su cuarto.

Definitivamente, la imaginación y la escritura fueron el lazo que las tres compartieron, lazo que como hilo de Ariadna les permitía ir y venir entre su historia fatídica y Gondal, esa isla al norte del Pacífico. Hay un rastro de las crónicas gondalianas en Cumbres borrascosas de Emily… Charlotte en cambio, abandonó Angria. 

SECRETOS Y EXCLUSIONES

Las tres trabajaron como institutrices, actividad romantizada en esa época e incluso en sus famosas novelas; sin embargo, era la única opción para una mujer pobre y culta. La otra salida “laboral” en esa época era el matrimonio, que ninguna de las hermanas contempló. En los diarios de Charlotte queda asentado que era una actividad detestada, aunado a esto y su rectitud moral o su papel de hermana mayor-guía, era la más antipática de las tres. Sin embargo, Charlotte inició y mantuvo vivo el espíritu literario en las hermanas, las convocó a escribir poemas y novelas. En tan solo un año (1847) las tres hermanas lograron publicar sus novelas y ser reconocidas. Charlotte escribe Jane Eyre, de carácter un tanto autobiográfico; Emily, Cumbres borrascosas y Anne, Agnes Grey.

A pesar del marcado lazo entre los cuatro hermanos, Laura Ramos (2019) en Infernales. La hermandad Brontë, menciona la decisión de no invitar a su hermano Branwell —también poeta— a participar en el libro. Ramos nos dice: “Como unas brujas, le excluyen a él, que siempre había sido el elegido del padre”. Branwell no fue enviado a internados, preservó su lugar al lado del padre, las expectativas de la familia estaban depositadas en él. Curioso el destino de este último hijo, pintor y único varón de los Brontë, cayó en el alcohol y el opio, murió a los 31 años. Las hermanas lo excluyen del legado literario, no sin antes denunciarlo a través de sus personajes, como el primo John Reed en la novela Jane Eyre

Con Branwell uno piensa en los que triunfan cuando fracasan, hay algo de “hacerse a un lado” donde Kancyper (2002) señala que, entre hermanos, si el mayor brilla en algún arte, el menor, aunque artísticamente más dotado, pronto dejará sus estudios artísticos a pesar de que desea dedicarse a ello… El hermano menor suele ser eximido de ser el portador responsable de la tradición familiar; mientras él suele ser el cuestionador y creador, el mayor es el faro que conduce, el conservador. El último de los Brontë fallece en septiembre de 1848, a causa de delirium tremens, y en medio del escándalo de seducción a una mujer casada. Emily lo cuidó hasta el último de sus días.

Por tanto, no hay Charlotte ni Emily ni Anne, sólo las Brontë. A lo largo de su vida y sus obras, no se entienden la una sin las otras; compartieron una vida, misma que no podían vivir por separado. Por ejemplo, las huelgas de hambre de Emily y su fragilidad psíquica atraían inmediatamente a Charlotte, quien la veía pálida, insomne y escribiendo por las noches. También Charlotte le cumplió su deseo de llevarla al mar, donde finalmente, en diciembre de 1848, murió a consecuencia de la tuberculosis. Anne, de igual forma siguió los pasos al convertirse en institutriz, vivió entre dar clases y escribir, siendo la autora de una novela protofeminista, La inquilina de Wildfell Hall. Cuando Emily enfermó gravemente, Charlotte la cuidó y Anne trabajó para mantenerse las tres…a la muerte de Emily siguió la de Anne en 1849.

LAS TRES HILANDERAS

Por alguna razón, escribir sobre las hermanas Brontë, me deja pensando en otras tres hermanas: las Moiras.

Escribe Hesíodo (1978) al inicio de su Teogonía que la Noche parió, sin acostarse con nadie, a las Moiras, “vengadoras implacables”: a Cloto, Láquesis y Átropos. Según el mito, estas hermanas son tres viejas hilanderas encargadas de tejer el hilo que rige el destino humano, representando de alguna forma el trabajo femenino, esta es una de las primeras razones por las que asocio a las Brontë con las Moiras.

Cada vida humana es representada por una hebra de lino que sale de la rueca de Cloto, es medida por la vara de Láquesis y sufre el corte de las tijeras de Átropos cuando llega la hora de la muerte. Robert Graves (2004) considera que el mito de las Moiras proviene de la costumbre que las familias tenían de tejer las marcas de la familia y del clan en los pañales de los recién nacidos, de esa manera se le estaba asignando su lugar dentro de la familia y la sociedad. Mi segunda asociación es que hay algo del destino y la fatalidad que marcó al linaje de las Brontë, mejor dicho, estos hijos fueron la última generación, después de ellos nadie nació. Sin embargo, las Moiras pagan un alto precio: “ellas están obligadas a tejer los hilos de los destinos de otros pero nunca tejerán el suyo propio, y aquí reside su drama: no son ni podrán ser nunca hacedoras de su propio destino” (Fernández, 2012, p.113). Mismo destino trágico para Charlotte, Emily y Anne, un designio que había que cumplir.

Como vemos, el trabajo de las escritoras y de estas hilanderas se lleva a cabo en la oscuridad y ocultas de las miradas; se trata de un lugar y espacio míticos, ajenos a los humanos. 

MUJERES QUE ESCRIBEN

Como figura mitológica de tres cabezas, las hermanas son mujeres extrañas para su época. Nos legaron un estilo literario donde las intensas pasiones que experimentaban sus personajes estaban desplazadas a descripciones del paisaje y naturaleza en sus obras, como los fuertes vientos, lluvias y neblina que azotaban los páramos en su infancia. Woolf extasiada escribió, “leemos a Charlotte Brontë no por una observación exquisita del carácter: sus personajes son vigorosos y elementales; no para la comedia, su historia es sombría y cruda; no para una visión filosófica de la vida: la suya es la de hija de párroco; sino por su poesía ” (Ochoa, 2020). 

Charlotte se casó con un ayudante de su padre, se embarazó, pero antes de terminar el embarazo falleció de tuberculosis la última de las hermanas que quedaba. Charlotte murió en 1855 a la edad de 39 años, misma edad de su madre al morir. Niñas/mujeres solas sin otra mujer que les develara el enigma de ser mujer… la madre murió, la tía materna poco figuró. Releyendo la obra de Charlotte, se comprende el temor profundo a los embarazos, así como la asociación entre nacimientos y muerte. María la madre dadora de vida, Charlotte la hija-madre y última en morir. Solo escasos nueve meses tuvo otro apellido diferente al de sus hermanos. Charlotte también se hizo a un lado, renunció al hijo que iba a tener, permaneció en lo horizontal de la fratría.

La producción literaria de las tres se originó cuando eran solteras, en ese lugar al margen de la época en la que se encontraban; sin embargo, aquello que las marginó fue al mismo tiempo lo que les permitió dedicarse a la pasión que compartían: la escritura. 

 

Referencias:

  1. Hesiodo. Obras y fragmentos. Teogonia. Trabajos y días. Escudo. Fragmentos. Certamen. Madrid, Gredos, 1978.
  2. Fernández, O. (2012). «El hilo de la vida. Diosas tejedoras en la mitología griega». Revista Feminismo/s 20, diciembre 2012, pp. 107-125.
  3. Graves, R. Los mitos griegos. Madrid, España: Círculo de lectores, 2004.
  4. Kancyper, L. (2002). «El complejo fraterno y sus cuatro funciones». FEPAL XXIV Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis “Permanencias y cambios en la experiencia psicoanalítica”. 
  5. Rank, O. (1914). El doble. JCE ediciones, 2004.
  6. Ramos, L. Infernales. La hermandad Bronte. Taurus, 2019.
  7. Casas, M. (1999) En el camino de la simbolización. Producción del sujeto psíquico. Argentina: Paidós.
  8. Ochoa, F. (2020). «Virginia Woolf escribe sobre las hermanas Brontë: parte I». Revista Nudo Gordiano. Disponible en: https://revistanudogordiano.com/virginia-woolf-escribe-sobre-las-hermanas-bronte-parte-i



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