Loa a una araña

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“Este es un trabajo para la Araña”, decía jocosamente mi padre en sus años mozos.

Hoy es un lunes pacífico, espero que no se lo lleve la chingada. “Soy totalmente un palazo”, “Juan Calacas, guantanamero”… me digo cuando salgo a la calle con disfraz de gente. “¿Quién dice que el veneno no es savia?” La sombra cultiva lo divino. Ahí la luz favorita de la mañana, desentierra las oscuras alas, “el mensajero también es Dios aunque digan que le tiene envidia a la creación de barro bermellón”. Me sigo engañando, evadiendo de mis responsabilidades. El encierro me recuerda, cuando encuentro pretextos para escapar de él, los días en que iba por mis comics a la esquina de la casa de mis abuelos. “Lo primero que pensé / mis cómics debo comprar”, exhortaba en poesía ochentera chilanga el tocayo Rockdrigo. Mi escape de la colonia Ruiz Cartones era hojeando primero las aventuras coloreadas con descuido y traducidas con mejor suerte, en un papel de calidades nulas. Me entregaba a esas luchas del bien en contra del mal en otro país, en otros aires.

Qué es el sentido de pertenencia… lo que te sujeta al mundo para que no te mates.

Qué va a ser un héroe moderno Spiderman, es un ejemplo de la posmodernidad: de las grandes épicas venidas a menos, del hombre común desgastado desde los primeros años de su juventud, apestado de la fama, la fortuna y la gloria; un Gregor Samsa que se siente cucaracha dentro de su habitación de la Gran Manzana y anexas, pero cucaracha con todo y sus poderes arácnidos. Su sentido, no es la detección del próximo peligro, es la intuición de que todo se va al carajo a cada instante. ¿Sino cómo explicar que es precisamente un experimento de laboratorio lo que complica su existencia? Huérfano, arrimado, con pensamiento pequeño burgués pero sin pertenencia a nada. Su primer superpoder es ser súperinteligente pero qué súperchinga, los nerds son infravalorados. Después, su primera infección no es el veneno de la araña atómica, es el ansia del baby boomer por alcanzar la paz consumista conquistada por las metiches guerras de su gran nación imperialista. (Aquí se escucha una risa malévola de la Luxemburgo). Para colmo, no es su primera tragedia de Peter, debe cuidar dos ancianos y uno se le muere por la arrogancia de no hacerle al policía con sus poderes de araña recién adquiridos, defendiendo la propiedad privada de quien la gana por medio de engaños; recordemos que es un empresario de lucha libre el que explota la inocencia de Peter Parker y que éste es asaltado por un “maleante” que escapa con el botín. (Risa estridente de san Foucault). El jovencito Parker queda a cargo de la tía viuda que al mismo tiempo es signo de culpa, remordimiento. Spidey-Héroe casi niño, confronta adultos corrompidos por la ciencia, las malas decisiones, bajo el panóptico represor social; el chamaco disfrazado ayuda a reprimirlos bajo el lema del “buen vecino”; qué cosa.

El Hombre Araña y “la Constitución dice que tengo derecho a cargar un arma para defenderme” están a un pequeño salto entre muros.

Peter es más posmoderno que nada -ni las juventudes del mayo de París lo eran tanto-, dentro de su pequeño y recio cuerpecillo está la protesta silenciosa de las consecuencias del progreso capitalista. “Un gran poder es una gran responsabilidad”, maldición y epitafio. Stan Lee, el padre no putativo (P.P.) de este adolescente aracnizado por su perversa imaginación, también es la idea de moral y ética pasada por la simpleza norteamericana. ¿Un ser tan vulnerable, un joven de los márgenes del monstruoso N. Y., es el héroe creado por la maquinaria armamentística y el encargado de someter a los “desajustes del sistema” triunfante?, ¿y pior (sic), resulta ser luego adalid del mundo (cuando es armado avenger). Ayuda a la bota de la “libertad” de barras y estrellas con su tarea imperialista. Más que posmoderno, Spiderman es pues-post-pos/moderno sobrado…

Ponerle problemas cotidianos a un superhéroe si bien era humanizarlo un poco, bajarlo del altar a los Aquiles gestados en siglo XX, es al mismo tiempo mantener su halo trágico y ensalzar su gen de pieza. Una nueva melancolía tragicómica en su tono, no lo densifica en carne. Ahí su paradoja en la que se esconden las almas imantadas, en sus desgracias afines y en sus proyecciones idílicas. Atrás la mafufada que no esclarece, trataré de seguir la lección martiana de la prosa “centelleante y cernida”, diré que: los posmodernos consumidores de Spiderman se identifican con él porque dentro de su Kafka interior ruge un Übermensch civilizado. En el amante de las historias del superhéroe arácnido, está contenido el asombro, pero amarrado, sujeto, encadenado… con mallas, máscaras y telarañas. Si bien no existe el deseo de volar con las propias alas, o capa según sea el caso, se halla el “al menos” columpiarse entre las columnas de la hegemonía económica, subyace el atravesar las edificaciones que cosquillean las nubes con soberbia, destruyendo un poco de vez en cuando y con frecuencia faetónica, los inalcanzables monumentos a la opulencia.

Imaginar que a la vuelta de la esquina, en la otra cuadra de la vida, Spiderman, Pedro Parker-Pan (Pedro por guardallaves de los cielos y Pan por joven eterno), dejará su traje de mediocre social y comenzará a dar ágiles mandarriazos rompiendo lo re armable, es abrazar la esperanza. Mas, si ocurriese, no mellaría el corazón de lo que lo produjo. Estamos condenados a dejar eterno a Spiderman en la memoria de los venideros mientras, quien recuente sus historias, siga manteniendo enjaulada su propia fuerza transformadora de la realidad y de la Historia. Dejar escapar el rugido de las cataratas, ocurrirá cuando las tinieblas latan ensordecedoramente y la selvas de concreto sean devoradas por los bosques verderinos.

Mientras, a disfrutar el columpiarme de la puerta de mi casa al pasado y a la chamba de recuperar el lunes laboral gritando, ¡ahí te va mi telaraña!


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4 thoughts on “Loa a una araña

  1. Me encantó la invitación a reflexionar sobre el propio significado de «héroe». La visión desde la otra perspectiva de lo que conlleva ese supuesto don, regalo o milagro. Un caramelo envenenado que convierte a un «nerd» cualquiera en alguien tan poderoso como desdichado. Es interesante pensar en cuántas personas cumplen con ese patrón de salvadores del mundo que necesitan ser salvados. Además de todo eso, siempre es un placer leer sus letras, maestro.

    1. Nos guste o no todos necesitamos ser rescatados, pero tal vez más los que rescatan. El abrazo al necesitado, es el abrazo del que necesita ayudar. Estar-estando con quienes pierden algo, a alguien… la calma, el mundo. Muchas gracias por las palabras, el cariño, y la compañía desde hace tanto, desde tan lejos, pero tan cerca, tan inmediata.

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