¿Los sentimientos afectan la lectura? ¿Afectan la crítica?

El Quijote debe leerse en tres momentos de tu vida: cuando eres una persona joven, cuando eres una persona adulta y cuando perteneces a la tercera edad.

Alguien, recomendándote a Cervantes

En estas semanas, a medias, comencé a leer un libro que ya había leído. Lo recordaba de otra manera, no recordaba la devoción ni la admiración ni las frases “bonitas”. Cabe resaltar que tampoco se había tratado de un gran momento personal la primera vez. Entonces, ¿se puede hablar de momentos objetivos para leer? No lo sé, yo leo y pienso que el estado afecta la lectura, y las frases que resaltamos, aquellas que nos parecen más llamativas, estarán de acuerdo a lo que se esté viviendo en la realidad.

En este punto, posiblemente, muchos habremos leído alguna famosa trilogía distópica, y las frases que resaltábamos estaban de acuerdo a las creencias e ideales que teníamos en esa edad. Ahora, el “siempre” como respuesta a un “Después de tanto tiempo” o el “Real” frente a un “Me amas, ¿realidad o no?”, quizá no signifiquen lo mismo ni creen la misma ilusión en todo momento.

Pues bueno, de acuerdo con Alatorre (1973), en su ensayo ¿Qué es la crítica literaria?, la crítica literaria es la experiencia del lector. En este sentido, le quitamos el misticismo y relevancia al ser crítico tal como se ha concebido, es decir, para Alatorre todo aquel que se atreve a escribir su experiencia de lectura es un crítico; en palabras del autor, “crítica significa ‘apreciación, valoración, juicio, entendimiento de alguna cosa’, en este caso de una obra literaria” (p. 40). Cabe aclarar que la valoración que hace una crítica no está en decir “me gustó, está muy bueno”; la valoración consiste en reconocer el valor agregado que tiene un libro. El juicio tiende a nublarse por nuestra postura ante cualquier idea que podamos resaltar de la lectura. El entendimiento es nuestra percepción de la lectura, es la manera en que la desciframos.

En tal caso, aquel que se considere a sí mismo (o se le considere) crítico y diga que es “objetivo”, miente, porque la crítica que hará estará de acuerdo a sus creencias, a su posición social, a su educación, orientación, entre otros muchos factores. En otras palabras, un cuento será criticado desde diversas visiones, lo que quiere decir que, porque ese crítico reconocido hizo una mala crítica al cuento, no es que este sea malo, es solo la experiencia del crítico frente a la lectura. En este sentido hay dos posturas: todo un grupo de “literatos” e “intelectuales” que critican libros como Crepúsculo o cualquier producción de Paulo Coelho, y aunque no los han leído, se burlan de los mismos; y está el otro grupo que habla maravillas de los escritores de la generación del Beat estadounidense o de los escritores del Boom latinoamericano, y jamás han leído un solo libro de cualquiera de estos u otros conjuntos, pero ahí están recomendando Rayuela. Ambas posturas crean crítica y esta se comparte, luego nos damos cuenta de que no tienen fundamento, pero la creemos porque en una presentación la “autoridad crítica” se burló o, en su caso, respaldó la obra.

En este punto, no encontramos alguna base “objetiva” para declararnos críticas o críticos literarios, pero es que tampoco se lee de manera “objetiva” dentro de la literatura, ¿o sí? No asevero que no se debe ni digo que no se pueda hacer, sin embargo, siempre tendremos presentes ciertas creencias, pensamientos arraigados o nuestra visión del mundo. Un gran ejemplo cinematográfico es cuando Ego, de Ratatouille, prueba el platillo y este lo lleva a un emotivo momento de su infancia, y es debido a ese sentimiento evocado que realiza una crítica. Asimismo, Alatorre (1973) menciona que no existe la crítica objetiva, que “la literatura no existe propiamente como hecho objetivo y clasificable o rotulable, sino que busca su realización en las distintas subjetividades” (p. 47). Ni el objeto de estudio es objetivo, ¿por qué su interpretación debe ser objetiva?

Ahora bien, ¿qué tienen que ver los sentimientos con la lectura? Según Alatorre (1973), “una parte del enriquecimiento de nuestra lectura se debe a nuestra experiencia vital” (p. 44). Nuestras experiencias siempre estarán impregnadas de sentimientos y eso mismo nos empuja a sentir simpatía por el protagonista o por el antagonista, a partir de ello recomendamos el libro y le presentamos nuestra opinión a alguien. Por tanto, la crítica que hagamos de esa lectura se relacionará con el sentimiento que nos hizo vivir. 

Hasta el momento, entendemos por subjetivo el sentimiento y por “objetivo” el pensamiento. Entonces, aquel autonombrado o nombrado crítico que niegue alguna manifestación estética está negando su ser mismo, ya que está diciendo “no-seres” a los creadores y colocando su verdad y sus ideales de verdad por encima de la obra misma, lo que convierte a su crítica en subjetiva. Esta constante negación de lo sentimental solo tiene como respuesta críticas repetidas o parafraseadas de las mismas obras, incluso para solo darle flores a nuestro amigo escritor.

A manera de conclusión ambigua: no te preocupes de que alguien con la “autoridad literaria y académica” quiera minimizar tu experiencia de lectura. Existe el sentimiento en la crítica y existen críticas en la crítica. Por tanto, ni lo dicho por alguien es supremo ni lo dicho por muchos es bueno.


 

Bibliografía:
Alatorre, A. (1973). ¿Qué es la crítica literaria? En Ensayos sobre crítica literaria (pp. 38-50). Recuperado de http://www.afoiceeomartelo.com.br/posfsa/autores/Alatorre,%20Antonio/Alatorre,%20Antonio%20-%20Ensayos%20sobre%20critica%20literaria.pdf

 

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