Lucha de clases y elecciones presidenciales Perú 2021

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Todo contexto de elecciones significa un movimiento álgido en la correlación de fuerza de los sectores políticos. El pueblo, las clases, los académicos, la cultura, historia y más; son influenciados o utilizados en diversas campañas de situaciones ridículas, denuncias, populismo, engaños, entre otros aspectos. En todo ello, existe algo que escasea, y es la conciencia crítica y de clase.

Mundialmente, existen dos categorías que supuestamente dividen la ideología de un sujeto, es la de ser de izquierda o derecha. Estas denominaciones se hacen sin conocer el significado histórico y conceptual que se les dan a estas categorías, usándose en reiteradas ocasiones y combinándolo con otros conceptos que confunden a la población.

Uno de los términos que más me llama la atención es el de “izquierda progresista”, que supuestamente defiende derechos que no asume la “izquierda conservadora”, tales como las reivindicaciones femeninas, de la comunidad LGTBIQ+, racismo, y más. Partamos de la definición más simple y concreta, la izquierda de por sí debe ser progresista, no existe otra.

La izquierda es la que se encuentra al lado del pueblo y busca su liberación contra el enemigo que domina el poder, la cual puede variar en determinada época histórica. Desde el materialismo histórico, se reconoce a la lucha de clases como determinante para caracterizar las etapas de la evolución humana. De esa manera, en la Edad Media, el capitalismo representaba a la izquierda revolucionaria, en contra de la derecha que era asumida por la aristocracia.

Por lo tanto, debido a las condiciones materiales y a las relaciones de producción existentes en la actualidad, la izquierda es representada únicamente por el pueblo, es decir, la clase proletaria; mientras que la derecha, reúne a la burguesía. En ese sentido, toda reivindicación asumida por el pueblo para su liberación, es de izquierda, no existen subdivisiones.

Entonces, ¿cómo reconocer si un partido es de izquierda o no? Simple, es necesario identificar si se encuentra formado por y para el pueblo. Una agrupación o partido político solo será de izquierda si entre sus filas y sus principios políticos reconocen y asumen los siguientes criterios: 1. posición de clase y reconocimiento de las luchas populares, 2. análisis materialista-dialéctico de la realidad, 3. principios democráticos, 4. extinción del Estado, 5. gobierno popular, 6. modelo socialista, entre los principales.

Así, ya aterrizando en lo que nos compete, en el contexto peruano nos encontramos con el siguiente escenario: la “izquierda” es representada por Veronika Mendoza y Pedro Castillo, la primera siendo progresista y el segundo conservador; mientras que la “derecha” abarca a los más de 10 candidatos restantes. Por otro lado, existe aún, en la sociedad peruana, el trauma de la Guerra Interna de la época de los 80-90, donde el Partido Comunista Peruano – Sendero Luminoso, inició y sostuvo la guerra popular contra la dictadura de Fujimori.

Veronika Mendoza ganó muchos seguidores desde un discurso populista, principalmente de la pequeña burguesía engatusada con las propuestas a favor de las mujeres y de la comunidad LGTBIQ+. La campaña por redes fue masiva, los adolescentes y jóvenes habían encontrado a la supuesta salvadora del país. Mientras ocurría esto, Castillo se acercaba a los sectores más recónditos del país, donde ni siquiera llega la televisión abierta, agua, luz o el internet, y planteaba su discurso transformador.

En todos esos comportamientos, que se dan hasta ahora, aún a la espera de la segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, se identifica una actitud pasiva. Los jóvenes limeños de clase media, al igual que los proletarios y campesinos de provincia, colocan toda su esperanza en la persona que asumirá la presidencia, sin reconocer su poder colectivo como pueblo. No solo como votante, sino como fuerza política y militar.

La mayoría de los que apoyan a un candidato u otro de los de “izquierda”, nunca han participado en alguna organización política, ni en manifestaciones e incluso repudian los espacios de organizaciones populares, por miedo u otros motivos. Pero se venden fácilmente a los discursos populistas sin analizar si verdaderamente están representando al pueblo. Adelantamos, que ninguno de los dos lo hace.

Veronika Mendoza pierde en la primera vuelta, mientras que el trabajo de hormiga de Castillo le funcionó para asegurar su posición en la segunda. En un contexto donde la sociedad peruana se encuentra cansada de políticos corruptos y de un conservadurismo llevado al extremo, agregándole a ello la pandemia que agudiza la diferenciación social, la propuesta transformadora de Castillo es encontrada como una luz salvadora.

En el transcurso de campaña de la segunda vuelta, el fantasma de los 80 vuelve con más fuerza, retorciendo la herida del trauma y relacionando todo lo de la “izquierda” con el terrorismo, ello sostenido evidentemente con una prensa vendida y una campaña masiva de difusión. Lo mismo pasaba con Veronika Mendoza durante la primera vuelta, el miedo de los grandes empresarios por perder su poderío, engaña a la población con desinformación aprovechando la ignorancia de muchos.

Incluso se llega a relacionar con países como Venezuela, Cuba, Rusia y más, que poseen una realidad totalmente distinta. El poder de la clase burguesa es tan grande, que todo canal, propaganda, redes, noticia, entretenimiento y más, no deja de poner en una misma frase a Castillo con terrorismo. Aún si tuviera relación, nos encontramos en contextos totalmente distintos, de elecciones y no de guerra.

Si bien es cierto que en su plan de gobierno, el partido de Castillo, se reconoce como marxista-leninista y promueve la instauración de un modelo socialista, no basta para reconocerlo como la verdadera izquierda, por lo que ya hemos mencionado anteriormente. Por más que sus lineamientos tengan una perspectiva y análisis en su mayoría correcto, aún no congrega a la gran masa popular que representa a la clase revolucionaria, continúa siendo un politiquero más en busca de poder.

Las intenciones de Castillo y compañía no están claras, existe mucha ambigüedad y el pueblo necesita estar atento. Con Castillo en el poder pueden ocurrir muchos cambios, pero nosotros debemos estar muy atentos. No importa quien gane ni por quién votes, solo el pueblo puede salvar al pueblo, es necesario seguir formándonos y manifestándonos en contra de todo lo que atente a las clases menos favorecidas. Todo sea encaminado a la verdadera transformación de la sociedad.

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