Manifiesto antinovelado

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Un monstruo recorre las librerías: el fantasma de la novela burguesa. Paráfrasis sobre paráfrasis. La historia de todas las historias sobre la novela hasta nuestros días, es la historia de cómo se aprendió a hacer novela para el gusto del público consumidor de novelas. Para novelar se puede recurrir a estereotipos culturales, primero por miedo a no ser entendido y segundo por el terror que implica que alguien no quiera leernos por espacio de largo tiempo. La novela exige un lector que aguante el largo narrar del que escribe novelas, incluidos los desinfectados con enjuagues bucales y los alientos con halitosis. Hay que considerar lo siguiente para tomar otras posiciones y acciones frente a la hoja en blanco que espera ser una historia de largo aliento:

Las ideas de la clase dominante son en cada época las ideas dominantes, es decir, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad resulta al mismo tiempo la fuerza espiritual dominante. La clase que controla los medios de producción intelectual, de tal manera, que en general las ideas de los que no disponen de los medios de producción intelectual son sometidas a las ideas de la clase dominante (Marx-Engels, Ideología alemana, P.78)

No sólo idealmente, el sistema, la ideología, las industrias, sí condicionan cómo nos conducimos, cómo nos relacionamos… cómo escribimos, cómo novelamos. De esta manera se propone lo siguiente, a modo de puntos a desarrollar en un futuro sobre lo que podríamos denominar La Novela Anti-Burguesa (pensando en la forma tradicional de llamarle a lo que produce el sistema capitalista desde el siglo XVI) o anti-Hamburguesa (pensando en la mecanización, la producción en serie, y en la comida rápida que lejos de ser sabrosa, es pensada para que así sea, fácil de consumir).

Léase en cualquier parte lo que es una novela y se verá que lo que sigue responde a esa forma de novelar avalada por un sistema empeñado en ganar ganando, a través del mercado cultural.

Sin jerarquías, propongo:

  1. una novela alejada de la “realidad” aprobada, probada. Sin posibilidad de experimentación o de la experiencia. Con ligas a lo artificial o a los artificios. Más mágica y mentirosa que realista y natural.
  2. una novela no descriptiva hasta la náusea. Las descripciones muchas veces alejan más de lo que ayudan acercarse al lector a lo que intenta describirse. Moderación descriptiva.
  3. una novela a-Histórica. De la Historia con “H” mayúscula. Que no quiera instruir sobre hechos que los historiadores consideran históricos.
  4. una novela antilineal. Avanzando si quiere a saltos, pero no sobre un riel. Como jugando con un avioncito pintado en el sueño. Si quiero contar pasando del 2 al 6, qué más da. Sí, conociendo las reglas principales del 1, 2, 3… Nadie se salva del orden numérico, pero eso no resta diversión a reajustar la manera y el modo de contar.
  5. una novela anticolonialista. Reconociendo la forma de conquista cultural, pero manifestando dicho reconocimiento y tal vez rechazándolo con la elaboración de otros mestizajes discursivos. Nos enseñan en todas partes las novelas canon, pero al conocerlas es posible también reformularlas con las lecturas propias. ¿Cuántos autores, fuera de los listados actuales no son una maravilla? Queda buscarlos y reescribir la antología propia.
  6. una novela Que no ahonde en el “reflejo” de la sociedad. Para eso son otras materias, otras especialidades y campos. El campo de la novela es el de imaginar qué hago con aquello a lo que llaman sociedad y no qué hago con mi imaginación para que lo que novelo se parezca a la sociedad en donde vivo. La pluma no es fusil.
  7. una novela a-tipificante y por lo tanto: sin estereotipos. Se lucha, contemporáneamente hablando, por romper con estas cárceles que simplifican al mundo y a los individuos. Vale aprender a nombrar las cosas cuestionándonos si no estamos ampliando la jaula donde se trata de encerrar la diversidad.
  8. una novela que no aspire a ser una escuela, o muestrario de costumbres. Ni enseñanza ni justificación. Quien trata de enseñar y de justificar las acciones de los demás, termina diciendo qué es lo normal, lo bueno, lo malo y otros etcéteras que son la piedra angular de los autoritarios y dogmáticos.
  9. una novela Alejada de una narración en orden. Modos, tiempos, lógicas. Cosmogónica o cosmológica. Todo es siempre al mismo tiempo, aunque luego uno quiera encontrar cómo se fue sucediendo el Todo.
  10. una no dirigida a deleitar por medio de la belleza. Si surge La Belleza, lo artístico, el goce, sea casi por accidente. Las palabras, las frases hermosas, los párrafos deleitables, emergen si se escribe con honestidad. La rosa es La Rosa por ser ella misma, por dejarse conducir por el impulso que desde semilla guarda en sí misma.
  11. una novela no progresiva (progresista). Si la historia se estanca o el personaje no cambia, será asunto del autor, no de las presiones para que ocurra por exigencias ajenas a la expresión del que escribe. Las personas como las historias no van de peor a mejor o viceversa. La vida solo trata de mantenerse viva.
  12. una novela no MORALIZANTE. Continuación del punto 8.
  13. una novela no “interesante”. Nouvelle, novedad, nueva, noticia… alejada del triángulo invertido del periodista. No colocar las cosas de modo que el lector tenga masticado lo que es importante de lo narrado. Tratar de generar interés por lo que se percibe a través de ella (al escribirla o al leerla). Amor al discurso, a la visión, al mundo del otro (autor) y para el otro (lector).
  14. una novela sin la fantasía de antecedentes que justifiquen consecuencias. Continuación del punto 12-8. Nos han enseñado a que por medio de la historia de alguien o de algo, se podrán prever errores ajenos para no cometer los propios, o encontrar lo que se “debe” hacer para repetir logros ajenos. Las novelas no son un manual, ni pasos a seguir, un método que puede llevarse a cabo en la realidad. Desconfiar de quienes te enseñan a vivir siguiendo fielmente libros.
  15. una novela que busque poner en jaque al lenguaje (se precisa de conocer las reglas), a las instituciones culturales y formadoras del “buen gusto”. Conocer las reglas gramaticales, lexicográficas, y demás ayudará en el debate con quien trate de censurarnos… que son casi siempre los que no se atreven a novelar.
  16. una novela sin recomendaciones (fundando un-otro-canon dentro del canon del que se estás escapando).
  17. una novela sin postura crítica. Neutra en sus relaciones, descripciones, afiances. Los personajes y las historias pueden tocarse con lo que se critica, con aquello que nos parece aberrante o que no soportamos.
  18. una novela sin filosofía (de vida) unívoca. En el error, en los terrores, en los fracasos hay historias y personas.
  19. una novela alejada de doctrinas (olvidadiza). Aprender para desaprender. No hay moldes pero es bueno conocerlos para hacer los propios.
  20. “La clase dominante secuestra la belleza” (relación con punto 15). De ahí hacen su negocio: de decir qué es lo bello y luego vendérnoslo.
  21. una novela que sepa que quien la va a completar será el lector, si es que halla su lector (botella echada al mar).
  22. una novela no sórdida, no escandalosa por propósito ni a propósito.
  23. una novela rígida en concepción, libre en escritura, cruel en revisión, sensata en correcciones y dulce al publicarse (pues es una entrega… botella echada al mar).
  24. una novela que sea “cámara de ecos” de vicios ancestrales heredados por academias, otros autores, autoridades y caciques de la cultura. Que no le digan las sirenas a uno de qué escribir. Sin compromisos con quien puede dar de comer en la boca.
  25. una novela que nos devuelva placer del cuerpo (concepción) sexual-textual, para intentar repercutir, reproducirse, llevar parte del autor al lector. Lo escrito, la novela, es un ente producido por un cuerpo que va hacia otro tratando de continuar viviendo dentro de él. Todo arte se arrebata si se ha secuestrado, la forma de arrebatar la novela a quienes nos han enseñado que son los dueños (novelistas, editores, mercadólogos del libro, estudiosos) es arrancándola de sus manos.

Es una enorme responsabilidad meterse en cabeza ajena. Cuidado, usted puede cambiar hábitos, pintar sueños, matar o revivir esperanzas… dibujar el cielo o el infierno. Los novelistas no tienen nada que perder cuando pierden las cadenas de quienes los dominan, en cambio tienen un mundo que ganar.

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2 thoughts on “Manifiesto antinovelado

  1. Muy interesante (y reveladora) tu definición de autoría, que es lo que se me ocurre mencionar del ambicioso «antinovelado». Me llevará tiempo y dedicación abarcar todo lo mencionado. Mucho mejor que (y más dificultosamente aunque finalmente logrado) que lo escrito en redes WhatsApp. Saludos Rodrigo.

    1. Gracias por tus palabras y tu compañía lectora. Revisaba el texto y pensé: no todos los puntos son para llevarse juntos a cabo. Tal vez es sano, dentro de esta propuesta, explorar uno o unos cuantos mientras no limiten la creatividad del autor, mejor dicho: de quien escribe una novela. El elemento lúdico en cualquier expresión siempre será valioso para quien la produce y para quien la recibe. Quiero suponer. Un abrazo.

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