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“¿Quién no ha sentido temor ante la palabra bruja? Desde la infancia provocan al pensamiento, revoloteando en mundos oscuros y misteriosos.

“Las brujas son mujeres que escapan a la racionalidad dominante porque sus conductas extrañas a sus jueces, les hacen clasificarlas como raras, como diferentes, como brujas…” 
Marcela Lagarde y de los Ríos

Hola, lector,  lectora, compartiré contigo el extraño y mítico mundo de las brujas, mujeres andariegas que viajan en las páginas de los libros, caminan por los senderos de la ciencia, el arte, incluso en la calle te las podrás encontrar. Son mujeres transgresoras, que traspasan los obstáculos de su época, alteran el orden con sus ideas, no obstante ser censuradas, ellas nunca se dan por vencidas. Las brujas son las heroínas del cuento, no importa que sean malas o buenas, poseen un poder de atracción y repulsión que las mantiene vigentes. Siempre he tenido admiración por estas mujeres extrañas de miradas fulminantes y certeras. Sus rostros son un profundo pozo de misterios, quien las escucha se sumerge  en sombríos laberintos de placer o miedo. Desde tiempos remotos han cimbrado con su poder y sabiduría su entorno. Las brujas, con ritos secretos han crecido bajo la apariencia vulnerable de una anciana, tienen ellas, sonrisa luminosa y su cerebro lanza mil ideas.

¿Quién no ha sentido temor ante la palabra bruja? Desde la infancia provocan al pensamiento, revoloteando en mundos oscuros y misteriosos. En aquellos relatos su imagen  perturbadora queda prendada en nuestros recuerdos y se nutre a través del imaginario popular. Pero, cuando hablamos de brujas, ¿cómo las percibimos?, es casi imposible abordar el tema sin aludir a los estereotipos, las delimitaciones ideológicas  y sociales que a lo largo del tiempo se ha construido sobre la figura de la bruja toda una parafernalia que acrecienta o distorsiona su figura. La miramos junto a un caldero hirviente con una abarrotada despensa con despojos humanos y alimañas. Un gato negro es una de sus mascotas favoritas. Ataviada de negro, cubierta con un largo y picudo gorro, montada sobre una escoba -como la representó Francisco de Goya en sus famosos grabados-, dicen que se trasporta a mundos inéditos frotándose en su cuerpo bálsamos y ungüentos  de plantas narcoticas que las elevan y las conducen a esferas insospechadas en placenteros “vuelos  del mal” bajo el cómplice escutrinio de la luna. Se cuenta de sus aquelarres y ceremonias demoníacas  donde los excesos carnales imperan. Además se le representa fea, vieja, jorobada con nariz ganchuda, también bella y atractiva con gran poder de seducción, sortilegios con los cuales, ellas consiguen lo que desean. Así, por medio de la ficción descubrimos todo un universo de brujas  que nos generan repulsión y atracción, al mismo tiempo es una pulsión extraña seguirlas en las narraciones de la abuela, en las leyendas y en la propia vida de sus creadoras. Sin embargo, las brujas han sido depositarias de saberes ancestrales, recordemos sus aportes a la comunidad, como: las parteras, perfumistas, herbolarias, curanderas, nodrizas y consejeras sentimentales, chamanas, teólogas, adivinas y magas. Vale mencionar que en la ficción y en la realidad los ropajes de las brujas cambian, se transforman, son otras las vestimentas y todo este conjunto de elementos han sido creados para oponerse a la denostación. En un contexto sexista llamar bruja a una mujer es insultarla, despreciarla, hacerla sentir inferior. Recriminar a las mujeres que contravienen los mandatos misóginos, que se oponen a la docilidad brutal, al sometimiento es una constante en sociedades patriarcales.  La ficción se ha nutrido de representaciones emblemáticas del personaje de la bruja, es un ser poliédrico y cautivador.  Puede encarnar la maldad absoluta, ser mortífera, peligrosa, pero, lo que cautiva de estas mujeres, es su capacidad de aprender por sí solas o entre ellas mismas un oficio. Su autonomìa y libertad de movimiento siempre ha resultado sospechoso, por ello se les busca cautiverios, espacios cerrados. El duro bregar de estas mujeres llamadas brujas las convierte en agentes de cambio por su sabiduría, a manera de las antiguas beguinas del siglo XII en los Países Bajos y Flandes  mujeres laicas que por voluntad propia decidieron crear comunidades alejadas de los sistemas monásticos por considerarlos corruptos y represores. Se dedicaban al estudio, a la oración y realizar actividades de apoyo a la comunidad fungiendo como curanderas, maestras, pintoras y poetas viviendo con sus propios recursos propiciando la autogestión y la autarquía personal a diferencia de las monjas, las beduinas rechazaban la jerarquía religiosa y los mandatos de los hombres. No cabe duda, del talento y cualidades que tiene las brujas que como herbolarias conocen las propiedades de las plantas medicinales y venenosas, la medición del tiempo y los ciclos de la fertilidad entre otros saberes. Nada, ni nadie queda exento del peculiar radar de estas mujeres, su curiosidad por descubrir es inmensa. Como lo expresaba la joven Remedios Varo en su diario. “Mi curiosidad y deseo de saber eran efervescentes… siempre experimentar y descubrir…” Mujeres hechiceras que tienen el don de compartir sus hallazgos, ayudar a los demás a unir energías constructivas. Son como María Sabina, chamana mayor, que atisbó en el corazón de un hongo la inmensidad del cosmos. Voces de Alejandra Pizarnik, Rosario Castellanos y Gioconda Belli, sus escritos cual hilos que unen, poesía trasfigurada en palabras mágicas. Son mineras que bajan a la materna gruta de la tierra para extraer la piedra filosofal que trasmutan en ciencia. No temen en ascender escarpadas montañas y dejar caer murmuradores conjuros en labios de Ámparo Dávila, Elena Garro. Así como, Pilar Pedraza hechicera mayor madre de generaciones de brujas cósmicas juguetonas e insumisas entretejen los destinos humanos como las parcas latinas. Narradoras locas e insólitas como: Ana María Shua, Luisa Valenzuela y muchas más.

Las brujas tienen la virtud de enseñar, de mostrar con lucidez la senda a las más jóvenes, Raquel Castro, Brenda Lozano, ellas con grimorios aspiran la sapiencia de vida. Por lo tanto cada bruja nos sorprende con sus historias, no aceptan la violencia, el oprobio y el escarnio, se niegan a ser invisibilizadas de la historia, porque ellas también la escriben.

¡Te convoco al aquelarre: murmullos de brujas literarias que por ello sostengo, son mujeres rebeldes!