Mi hogar es una caja de mudanzas: finalista del Premio Andalucía de la Crítica

Mi hogar es una caja de mudanzas: finalista del Premio Andalucía de la Crítica

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La poeta ha sido y es consciente de aquello que dice el poeta danés Morten Nielsen: “Sabemos cada uno que el otro está ahí./ No necesitamos más. Ya nos encontraremos”.

Libro: Mi hogar es una caja de mudanzas.
Autora: Cristina Angélica.
Editorial: Valparaíso Ediciones. 2020.

Nos encontramos ante un acontecimiento, un hito que muy raras veces sucede en la literatura. Prepárense, celebrémoslo. Poetas como Claudio Rodríguez con dieciocho años, Pere Gimferrer o Blanca Andreu, ambos con poco más de veinte, asombraron al panorama poético de su tiempo (o incluso transformaron parte de él) con un primer libro, una opera prima poderosa, renovadora y a una muy temprana edad. Este es uno de esos casos. Por eso, no me extraña que este primer libro sea candidato al Premio Andalucía de la Crítica para la modalidad Opera Prima, siendo la autora la candidata más joven en la historia del Premio.

Cristina Angélica comenzó esta obra aún con dieciocho años, apenas en la mayoría de edad y cursando su primer año de Derecho en Málaga, y como en los casos anteriores, ha conseguido elaborar una ópera prima poderosa, renovadora y apabullante por su calidad, con cohesión y voz propia. Es envidiable y asombroso. Es un privilegio ser testigo de ello. Imagino los círculos cercanos y los literarios de Claudio, Pere y Blanca cuando vieron la magnitud de esos libros, su proyección y, sobre todo, en el momento del suceso, del reconocimiento, del deslumbramiento. Hay motivos para creer en la Poesía, en el talento poético precoz. Este libro, su autora, es uno de ellos.

Cuando Cristina recibió la llamada con la noticia de que su libro era galardonado ex æquo del Premio Valparaíso, es, exactamente, un 23 de diciembre, día de su decimonoveno cumpleaños. Una de esas desconcertantes casualidades de la vida. Desconcertante como fue para el jurado encontrar una obra tan madura y brillante por una persona nacida en el 2000. Una obra sobre la identidad, el hogar, la familia, la mudanza como punto de comprensión de la realidad social y privada; donde casa, identidad, ciudadanía y futuro son modos de mudanza, se transfiguran en un concepto voluble de mudanza, donde nada es cierto ni seguro, donde se convierten en tan solo una estación de paso. ¿A qué llamamos casa al alquilar un piso si será la decimocuarta “casa” por arrendarse; si en la herencia —ese papel más problemático que clarificador—, la palabra “casa” es un hueco vacío? ¿Y qué entenderemos por identidad si vives tus dieciocho años sin un Documento Nacional de Identidad, si el primer documento oficial donde figuras es, justo, tu carné de la biblioteca pública? O si naces en Caracas, Venezuela, pero vives y creces en España, y entre tanta geografía y bandera no tienes ningún documento de ambos lugares: te encuentras como un apátrida, no sólo de un territorio con el cual identificarte, sino también de tu identidad, ya que en cada nuevo instituto o barrio, con vecinos y comercios locales diferentes, nada se mantiene en el tiempo; acabas por ser otra Cristina en esas calles y paradas de autobús que podrían cruzarse por la acera y saludarse por educación, porque se conocen de algo, aunque sin saber muy bien de qué.

Un libro que refleja una “mudanza social”, ese dolor social, atañe a su generación, a los problemas y perspectivas de esa generación Z (los nacidos desde 1994 hasta 2010) e, incluso, dentro de poco a la generación alfa (los nacidos después del 2010). Palabras como precariedad, futuro y desequilibrio se han vuelto en la última poesía joven (aquellos que publican desde el 2017 hasta la actualidad) un lenguaje común, con poemas cuyas sensaciones me enlazan a versos de la poeta danesa Tove Ditlevsen: “Hemos aprendido a esperar./ Sin saber realmente qué” o “No tengo ningún provecho/ como esa gente de fuera”. Cristina Angélica comparte ese hilo conductor con poetas tales como Ana Castro, Miguel Ángel Pozo, José Santatecla, Álvaro Macías, Mario Vega, Rocío Acebal, Jorge Villalobos, Alba Flores… La autora de Mi hogar es una caja de mudanzas, ha desarrollado inquietud por sus coetáneos y por participar en varios eventos literarios; es más, fue ganadora de la Slam Poetry de Málaga y candidata al Slam Poetry nacional. De igual manera, es asidua a los micros de su ciudad, sobre todo a La Polivalente. La poeta ha sido y es consciente de aquello que dice el poeta danés Morten Nielsen: “Sabemos cada uno que el otro está ahí./ No necesitamos más. Ya nos encontraremos”. En pocas palabras, nuestra poeta conoce lo que es la poesía que vive dentro y fuera del libro.

Por todo esto, en Mi hogar es una caja de mudanzas hay un gran libro, un gran ópera prima de una joven gran autora, prometedora, valiente, constante, trabajadora, talentosa, con una obra de sobrada solvencia. En palabras de Gustav Munch Petersen, “considerad, sois jóvenes,/ […] si dejáis que vuestra voz se pierda,/ no podréis dominarla en el futuro”, y Cristina Angélica ha dejado bastante claro en este libro que posee una voz propia, individual, generacional, con un dominio sobre el poema y sobre todos los futuros posibles, donde ella nos asombrará aún más y seguirá demostrando un lugar bien ganado en este mundo-trastero y en el mundo literario. Un lugar que no puede arrebatar mudanza ninguna. Prepárense, celebrémoslo.   


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