Movimientos apagados

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“La marea fluye y refluye en las cercanías del ocaso, allá donde solo puedo divisar la perfección en unión de colores, mar y cielo fundiéndose consecuentemente en rosas, morados, rojos por el sol que pretende esconderse detrás de ellos, acá en la neblina actuando de barrera a los que llegan, augusta en luz tenue, rayos lumínicos pintan niebla a vapor lila, la arena tibia aún después de sus horas ardientes, reacia a sentirse agradable a las pisadas descalzas, el pleamar en su tintineo pasivo-agresivo que se azota a gran velocidad sobre las rocas que delinean la orilla del muelle, mientras lejos el retumbe del sonido se expone principal junto al unísono de las gaviotas comunicarse en los elevados cielos en su vuelo”. Me imagino el paisaje de mi descanso de esa forma, a la que recurro cuando agobiado del mundo trato de calmarme.

Tengo la voluntad de programar mi fallecimiento. Hace unos días compré una unidad del descansar soberano que expide la Secretaría de Vida y Crédito Público; después de una serie de documentos cuyo contenido se hacía referenciada a mis cuentas bancarias, impuestos pagados, impuestos añadidos por tal servicio, la suma de impuestos era mayor a los que la infografía mencionaba, ciertamente no tenía caso alegar el descuido del servicio por la administración pública, de todos modos, no pensaba cambiar de opinión, los muertos no meten quejas, por qué tendría que hacerlo aquellos que ya no tienen el deseo de vivir, aun así el paquete llegó fuera del tiempo estipulado por el portal de la Secretaría, curiosamente el empaque inspiraba vida, una cajita blanca de tamaño regular y forma redonda de cantener, adentro venia un sobre de alta hermosura, de brillo y entintado aperlado con bordes dorados que se olía a papel caliente, al abrirlo estaba el código para iniciar la programación en lenguaje Koshner-Limador, dando la última obligación de dar explicación a todas las razones y situaciones que llevaron al requerimiento de dicho servicio, a continuación pedía que prendiera fuego a la carta para que esta al quemarse dispondría humo que facilitaría la explicación de los actos, todo esto lo había visto en un tutorial días atrás; no la encendí al momento, en su contrario la dejé sobre la mesa por un rato, mientras deambulaba sin rumbo en mis pensamientos, definitivamente estaba en alborozo taciturno pero también sentí el peso de mi propia vida tambalearse sobre la cabeza, recién llegaba de la fábrica así que también se entrecerraban los ojos por el cansancio, vi por la ventana que la tormenta de polvo había comenzado, el promocional de luz en el edificio de enfrente cegaba la vista, haciendo contorno a las motas de polvo que caían, mi rostro se reflejaba en el cristal, por un momento me desconocí, sumí la mirada en el sedimento pensando particularmente en nada, me encojaba en la mesa despojado del apetito, cargando sueño en trozos del insomnio de estos pesados días, sin saciar mi desgaste, cuando veo la tela de mi cama y el reloj marca que ha pasado una hora desde mi último intento sé que no dormiré lo que resta de la noche,  decidí entonces darme una ducha. La ansiedad hizo su presentación sobre la regadera, los litros de agua asignados para cada ciudadano tardaban en llegar, no tenía a nadie que comentarle lo que iba a hacer, nunca me molestó y en ese instante tampoco, sobre todo fue que estuve consciente y no una acción de conveniencia, hormigas recorrieron mi piel ante el descubrimiento, el agua llegó inoportuna rompiendo lo que se estaba llevando a cabo, se sentía diferente, más agradable y un lene susurro de viento soplar asedió mis oídos, quizá era tiempo de incendiar ese papel y florecer en emociones insondables.

Cuando llego a casa quiero tranquilidad, la tranquilidad que busco todos los días al pisar el azulejo detrás de esa puerta, en algunas ocasiones me quedo quieto sin hacer ruido, con la esperanza de escuchar mi corazón latir y; conformarme con tal primitivo sonido, qué pesada es la desilusión pues enseguida mi vecino gritándole a su esposo que lo odia; que anhela clavarle un cuchillo mientras duerme, el otro esposo no se deja ofender, alega y deja saber que ha pensado lo mismo, explota diciendo cuan cerca ha estado de cortarle el pene, uno de ellos tiene problemas con la bebida, constantemente tropiezo con botellas de Tonayan vacías, el peste vomitivo a razón de las ingestas de alcohol recorre todas las escaleras, el elevador descompuesto con ya reportes de hace años, las mamparas parpadean; cables salen de ellas sin estar aislados, fundidas en absoluto, robadas, acumulando tanto polvo que pareciera que expiden tinieblas en vez de luz, en los escalones y pasillos es imposible resbalar por las capas de mugre, tierra y fluidos corporales secos, comprimidos a zancadas; repletos de basura, envolturas de dulces y golosinas con restos de producto siendo lamidos por ratas gordas de pelo áspero, cadáveres en conjunto descomponiéndose de las mismas ratas, el perro del vecino de arriba que no cuidaba ni alimentaba, papel de baño usado vagando libres en los aires de esos pequeños espacios; pegados a las paredes por la mierda inherente, la propaganda política que suena, suena y suena desde que me levanto de mi cama cundida de garrapatas, pasando al descenso y ascenso en las repugnantes escaleras, tras la desesperante búsqueda por hallar el sueño,  explicando, justificando, haciendo manejes en tecnicismos ilógicos en las conferencias de prensa del día anterior, resonantes en cada zona de aire, expulsadas desde los drones del gobierno. Estoy harto, asqueado de mí mismo, es… es horrible, ya no aguanto más.

El otro día toque fondo, era la hora de comida en el trabajo, me gusta estar afuera en el almuerzo, dándome un momento de soledad, ya tengo un lugar reservado, me siento sobre restos de duraplastic, la salida da a la calle céntrica de Mario Molina, cerca hay una  escuela primaria, por alguna razón me hizo volver a la fatiga del día, llevaba una torta de jamón, en la segunda mordida mi comunicador sonó de improvisto, sacándome fuertemente de mi concentración, en el susto del momento salté y mi torta cayó al suelo, la ira me invadió, fuego y brasas en mi interior provocaron que me parará de un movimiento , pero tenía suficiente, mi día no podía ser peor, en el momento que las lágrimas brotaban, ese rastro de ira contenida se vio gastada en mis manos cerrarse haciéndose puños temblorosos de una frustración que se enterraba en mi cordura, no me pude contenerme más, estallé en llanto, lamentándome, no encontraba consuelo en nada, me maldecía, yo continuaba llorando expuesto, con la piel roja del intentar contenerse y los ojos hinchados como quien se derrumba ante algo que lo supera, en un pequeño vistazo a la calle observe a una niña mirándome impactada, sin entender qué me pasaba, tan solo puedo imaginar cómo me veía esa niña, un ser desgraciado que merece sentirse un completo fenómeno, eso soy yo y no me di cuenta hasta ese momento, decidí morir porque no soporto esa vergüenza, me desprecio y odio como todo lo que me rodea. Quiero tranquilidad e imagino que con mi muerte la he de alcanzar.


GLOSARIO:
Cantener: material ficticio, similar al cartón, de características más resistentes y contaminantes.
Lenguaje Koshner-Limador: Lenguaje de programación ficticio utilizado en la cronología de este texto.
Duraplastic: Material de construcción ficticio, de características moldeables y de color extraño.

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One thought on “Movimientos apagados

  1. El vato hasta se inventó términos, bien, bien! Me fui de viaje…q nunca nos alcancen esos drones del gobierno.

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