Mujeres ancianas. Brujas expertas

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Cansados pies tiene la bruja,

todos los días huyendo

de azarosos fanatismos.

Dicen que es una mujer con cinco piernas,

tres ojos y una boca enorme.

Sus manos enlazan acertijos

sobre hojas que vuelan por el viento.

Las brujas, con ritos secretos han crecido

bajo la apariencia vulnerable de una anciana…

(Fragmento: Bruja, Luz Carrillo)

 

La exclusión de las mujeres en la riqueza y la cultura en sociedades capitalistas y desiguales a discriminado a las ancianas, por considerarlas seres peligrosas y poco productivas. Hablar de brujas viejas y siniestras como la Baba Yaga, las moiras terribles, la anciana caníbal de los montes que espanta a los seres que miran la faz de la mujer envejecida, la desalmada abuela de Eréndira y todas aquellas ancianas que constituyen el imaginario popular, es mirar hacia una fase de vida discriminada  socialmente. En el pasado la vejez femenina se consideraba como un momento de cierre y de retiro de la vida pública, sin embargo, con el movimiento feminista, los avances de la ciencia y la tecnología así como las nuevas mentalidades han propiciado que se justiprecie la función valiosa que han tenido las mujeres ancianas a lo largo de la historia. Por lo cual, la experiencia de vida de las mujeres en la etapa de la vejez demuestra que  su influencia en los ámbitos privados y públicos es una fuerza que mueve al cambio. Así lo plantea la doctora Jean Shinoda Bolen, psiquiatra y analista jurguina  y catedrática clínica de psiquiatría en la Universidad de San Francisco California en su obra: Las brujas no se quejan. Un manual de sabiduría concentrada.[1] Shinoda, desde su enfoque feminista ha desarrollado estudios sobre la importancia de los arquetipos femeninos en la mitología griega y es precisamente esta idea del potencial divino, espiritual e intelectual que adquieren las ancianas que argumenta en su ensayo. Romper los prejuicios, temores e imposiciones sociales arbitrarias que afectan a las mujeres maduras es la propuesta de Jean Shinoda, que se ha caracterizado por estudiar la creatividad y las dotes intelectuales que las mujeres desarrollan  y que se minimizan o desprecian por llegar a ser vieja. Señala que la anciana en la actualidad se redefine, se le despoja, se rescata del tono peyorativo u ofensivo. Asimismo la palabra bruja se desarticula de su carga discriminatoria al observar a las ancianas, como personas sabias, valientes, con humor y gran vitalidad.[2] Considero, que la vejez es una oportunidad que tienen las mujeres de desplegar toda su experiencia, su sabiduría desde los ocultos rincones de su ser. Ellas han gozado y aprendido que ser mujer es complicado, incluso peligroso por sobrevivir a las injusticias y la violencia de género en todas sus terribles formas. Ser una mujer vieja ha tenido varios calificativos ofensivos y desprecios en diversa épocas. Se ha documentado que en la cacería de brujas las víctimas vulnerables eran las solteras y las ancianas consideradas como seres peligrosos para la sociedad. Su independencia y conocimientos, su autonomía sobre su cuerpo, tiempo y vida era vista como sospechosa. Aún en la actualidad las mujeres que ha optado por la soltería y al decidir no tener hijos, se les crítica y juzga como féminas egoístas o pervertidas. Según lo “correcto”, ellas, requieren de un varón, esposo o por lo menos un hijo que cuidar. Entretanto, las ancianas son víctimas de soborno, robos y fraudes, cuando carecen de las habilidades cibernéticas para realizar trámites bancarios. Prueba de esta violencia son los constantes fraudes, robos y los asesinatos,  como la oscura y cruel “Mata viejitas” Es innegable que la violencia cruza la vida de las mujeres en sociedades misóginas, pero, en la etapa de la senectud las mujeres se ven más expuestas al maltrato, discriminación y abuso. Cabe recordar las violaciones sexuales a este sector, el abominable caso de la muerte de Ernestina Ascencio, indígena náhuatl de 73 años, quien el 25 de febrero de 2007 fue violada y agredida sexualmente por algunos miembros del 63 Batallón de Infantería del Ejército. [3] Lograr extirpar el rechazo o menosprecio a las ancianas ha sido una constante lucha de los movimientos feministas que con sus propuestas y demandas han influido en la creación de leyes inclusivas y humanitarias para este sector de la población.

Las mujeres viejas son talentosas, su edad no impide el desarrollo de sus creaciones. Dejar de ser ausencias-presencias, es decir, invisibilizar sus derechos o explotarlas como vendedoras de droga, orillarlas a la mendicidad, ser cuidadoras y nanas sin sueldo de infantes traviesos y egoístas. Sin importar su edad las mujeres son agredidas de forma indistinta por el poder fáctico, ya sea ilegal y institucional. ¿Por qué se permite estas vejaciones?  La cultura impuesta por el capital se aprovecha de la fuerza de trabajo de los más vulnerables. Este sector importante de la población cada vez más creciente necesita de sustentos económicos suficientes para sobrevivir los embates de la crisis, precisan de atención institucional de salud, son viudas desprovistas de seguro social o carecen de pensión. Si bien, con el gobierno actual se han orientado medidas legales y constitucionales para que los adultos mayores cuenten con un apoyo económico, la realidad es que las ancianas viven en su mayoría en situación de pobreza. Estos paliativos institucionales no garantizan del todo gozar de una mejor calidad de vida. Frente a este complicado panorama prosiguen en su lucha de ser valoradas, por lo que son mujeres subversivas con sus acciones y palabras sabias.

Recordar la voz de la bruja que conforta con su canto, que sus manos nervudas, callosas elabora el ungüento mágico para sanar, para curar las heridas del cuerpo y del alma. Su apapacho glorioso las eleva y nos augura momentos de paz y armonía ¿Por qué, entonces su rechazo? Reconocer su trascendencia, no con dadivas, eufemismos falsos, de cabecitas blancas, como el personaje de la señora Justina “Estaba vieja, enferma. Le habría gustado que la rodearan los nietos, los hijos, como en la estampas antiguas…” decía con ironía Rosario Castellanos[4]. Ya no existen las abnegadas abuelitas del ropero, ahora las ancianas exigen sus derechos, son en cada región en cada comunidad y familia seres preminentes, bien lo dice  Jean Shinoda: “Las ancianas unidas pueden cambiar el mundo” [5] Su andar en este mundo deja huella, no importa que su cuerpo luzca señales del tiempo, líneas de experiencias en su rostro, se puedan mover por sí mismas, o permanecer en un solo lugar, lo valioso son sus palabras, su cascada de vivencias olvidadas por la mezquina actitud de los jóvenes que olvidan la insalvable ruta a la vejez. Finalmente, ser anciana, no implica quejarse, al contrario, las brujas mayores, desarrollan sus cualidades en esos momentos en que ya han sobrevivido a situaciones complicadas y difíciles. Ser viuda, estar pensionada, tener nietos, o no tenerlos contar con una pareja, estar sola y gozar de autonomía en una época final de su existencia.  Por lo que es pertinente interrogarnos sobre cómo lograr que las ancianas, tengan la oportunidad de construirse y recuperar su dignidad y empoderarse ante las desigualdades e injusticias. Transformar la última etapa de sus vidas en momentos de esplendor y plenitud es una tarea pendiente por alcanzar. ¿Quién dijo que la vejez es aburrida e inútil?


[1] Jean Shinoda Bolen Las brujas no se quejan. Un manual de sabiduría concentrada, Editorial Kairós, Barcelona, 2012

[2] Jean Shinoda Bolen Las brujas no se quejan. Un manual de sabiduría concentrada, pp. 9-13

[3] La Jornada, lunes 2 de abril 2007, Blanche Petrich  quién con su honesta y comprometida labor periodística quién indagó sobre este caso que hoy sigue impune a 15 años de cometido este feminicidio.

[4] Rosario Castellanos, Obras, I, Narrativa completa, Letras Mexicanas, FCE, México, 2005, pp. 970-971.

[5] Jean Shinoda, Ob, Cit, pp.89-96.

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