No te sientes, no te calles

No te sientes, no te calles

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La pregunta de quién puede y quién no puede ser feminista es una cuestión que ha provocado debates dentro de y entre los feminismos. A pesar de no ser una discusión nueva (desde finales del siglo pasado llegó a provocar debates) todavía hoy sigue siendo complicado establecer alguna especie de parámetro más allá del reconocimiento personal. Para esta columna me veo obligada a partir de la conclusión (consciente de que mi opinión no es la más popular entre feministas y no feministas): para mí, todo mundo cabe dentro del feminismo.

Claro que no siempre lo creí así. Al inicio, cuando recién empecé a relacionarme de manera directa con todo lo que involucra el feminismo y no solo a través de relatos de terceros e influencias de los medios de comunicación, entendía que era un movimiento por y para mujeres. No porque tuviera motivos muy sólidos para pensar así, sino porque esa es la opinión que más se escucha y la respuesta que más resuena ante la incógnita que concierne a este texto. Una vez hasta lo escuché directamente de Olimpia Coral, activista que impulsó la Ley Olimpia en México; en una conferencia, nos dijo a las y los presentes que la mejor manera en la que un hombre puede apoyar el feminismo es sentándose y callándose. En palabras de ella, “no hay ni puede haber feministos”. 

En ese momento coincidí, pero ya no lo hago. Entre otras cosas, lo que me guio a cambiar de perspectiva fue un libro: El feminismo es para todos de Bell Hooks, escritora y activista estadounidense. En una obra corta, clara y amigable, demuestra con las palabras justas y los argumentos más acertados cómo es que el feminismo debería ser una lucha que abrazara a todas las personas, no solo a las mujeres.  Pero para entender cómo es que esta premisa funciona, es necesario hacerse la pregunta del millón: ¿qué es feminismo?

Hay miles de definiciones en diccionarios y también fuera de ellos. Algunas coinciden, otras se repelen; unas se construyen de manera conjunta, a otras se llega desde lo personal. Desde mi concepción particular, considero al feminismo no sólo como un movimiento histórico que sigue en constante transformación, sino que también lo pienso como la adopción de determinados ideales y como una forma de hacer política. 

Existen muchos tipos de feminismos que se han distinguido entre sí por la especificidad de sus causas, la persecución de determinados objetivos o sus diferencias entre autoconceptos. Cada uno podrá entender de manera distinta lo que es el feminismo, lo que es ser feminista y quién puede o no puede serlo. He escuchado a incontables chicas defender que los hombres no pueden ser feministas por el hecho de ser hombres, y que nada pueden aportar a la lucha desde la posición en la que se encuentran. Otras difieren respecto a esto último, llamando “aliados” a aquellos que apoyan las ideas feministas. 

Pero las exclusiones más comunes no son solo hacia hombres. También existen ciertos grupos que se han manifestado como trans excluyentes o TERF, por sus siglas en inglés. Su postura descansa sobre todo en el argumento de que una tuvo que haber nacido mujer para entender y por tanto ser parte de una lucha denominada “de mujeres”. Esta distinción, sin embargo, no solo refleja un aprisionamiento en la binariedad del género sino también en la del sexo. Sugiere que lo que se nace se es para siempre y además eso nos define como personas. 

Es verdad que a lo largo de la historia los varones han sido los principales agresores de la mujer y aún hoy los números persisten, cuestión que justifica en primera instancia el rechazo a su inclusión en un movimiento que surgió en reacción a esto mismo. No obstante, no es posible apoyarse en el argumento de que los hombres son violentos solo por ser hombres, puesto que para la violencia no existen explicaciones naturales sino sociales y culturales. Percibirlos a todos como el potencial enemigo no ayuda en absoluto y al contrario, estanca la lucha feminista. 

Como fin último, el feminismo buscará la erradicación del sexismo. Este tipo de discriminación no es algo que afecta solo a mujeres, afecta a todas las personas en general porque crea sociedades injustas, violentas y represivas. A la expresión del seximo que pone al hombre por sobre la mujer se le conoce como machismo, y es algo que no está limitado a los hombres; también hay mujeres que bien caben dentro del calificativo. 

A pesar de que en el desafortunado orden de nuestra sociedad las mujeres son las principales afectadas, una sociedad sexista daña a todo mundo. Por suerte, existen quienes han hecho mayores y menores diferencias, todas las cuales han consolidado el movimiento que hoy en día conocemos como feminismo, y es desde él que no se busca erradicar el sexismo para unas cuantas sino para todas las personas. 

Por este motivo, considero que cualquier individuo interesado en acercarse, aprender y tomar acción puede volverse feminista, sin importar su sexo, orientación sexual, identidad de género, edad, lugar del mundo. Para alcanzar la realidad en que ninguna mujer se encuentre afectada, discriminada y mucho menos en peligro por razón de género, considero importante ampliar el círculo. Así como nacer mujer no nos hace inmediatamente feministas, tampoco a otras personas; es algo que se aprende. 

Aún cuando las experiencias pueden ser distintas, yo sí creo que los hombres y otras personas que se interesan en el feminismo no deben sentarse y callarse. Por el contrario, mientras más seamos los y las que busquemos erradicar las malas raíces que nos hacen tanto daño como comunidad, más seremos verdaderamente iguales las unas y los otros. Eso es adoptar ideales, eso es hacer política. Las transformaciones se van dando poco a poco, pero ya somos muchas las feministas y confío en que seremos muchas más en el futuro, con todo y feministos. 

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