Opciones bicéfalas

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[…] las dos caras de Jano, la que mira hacia el pasado y la que mira hacia el porvenir.
Alfonso Reyes, No hay tal lugar…

¿Se está loco por las cosas que se nos ocurre decir o se es loco por cómo se dicen? No es lo mismo portar dos cabezas que tener dos caras. ¿Y si ocurren ambas cosas? Entonces el rostro se multiplica al igual que las máscaras necesarias para sobrevivir a estas cifras ignotas. ¿Cuántos labios al final, cuántas palabras?, ¿cuántos ojos miran, el volumen de su observación es un símil con los magiscopios de Béjar el de Jiquilpan?, ¿qué ocurre con los oídos, se mantienen a la escucha en estéreo, pero alcanzan otras ondas? Quedan la respiración, las pestañas… ¿hacia dónde corre el pelo?

Estos planteamientos son sucedáneos al escribir y a la literatura, al leer y al encargarse de la lengua. En dónde inicia y dónde acaba, qué.

Para dejar algo expresado por medio del lenguaje, que se pueda compartir a otros, trascendiéndonos a nosotros mismos, a nuestro tiempo y nuestra cultura e historia, se requiere cierto dominio. De aquí que existen personajes en el mundo que se dedican a cultivar las reglas de la buena comunicación de ideas, historias, creencias. Algunos les han llamado poetas, y en otras ocasiones, contadores. De cada sitio y de cada momento se extraen los horizontes para tener la habilidad de darse a entender. Cuando se transmite lo que se tiene en la sesera, se cumple con la comunicación y se cumple con la trasferencia de nuestro aliento.

Existen muchas expresiones, pero la de mi interés en este ahora es el de la que llega a imprimirse en un soporte, que requiere de un abecedario, y por supuesto de una secuencia lógica, para que en acomodo de lo que se narra o canta, se comprenda por parte de una otredad que tenga las llaves para confluir.

Las inevitables decisiones que a continuación describiré, son el actuar de algunos que escriben y aspiran a que sus trabajos sean literarios:

Opción bicéfala 1.

Primero pensar en aprender y después escribir teniendo algo pensado. Para llenar las hojas en blanco, empaparse de otras tintas. El peligro es llenarse y vomitar, escribir tarde, pero escribir. No importando si lo leído es producto de la filosofías, de la ficción o emanado del terreno fértil de la poesía. En nuestra época la panorámica lecturil tiene la boyante espesura de los ensayos, el embeleso de las riveras de los estudios académicos, el eco y la cama de narcisos en los manantiales de las memorias. Entre otros más casos y fracasos. Ya luego de hartarse de lecturas, el posible literato siente el volcán de escribir. El otro peligro es que gane la muerte al juego de la vida y el escucha de otros ayeres se lleve al lecho de huesos la experiencia letrada.

Opción bicéfala 2.

Escribir aspirando el oficio y los humores de los maestros. Dejarse anegar por preceptivas, y perspectivas varias. Qué hacer y qué no hacer jalan las riendas del andar del estilete. El camino que se hace es siguiendo huellas, a donde uno busca hospedaje, es en los camastros donde otros hallaron la inspiración. En esta opción se escribe sin saber qué será obra, pero pensándose cada ejercicio como un ladrillo para el monumental mausoleo eterno. Lo que aterra a quien sigue esta senda es el ruido de Natura, los lobos temerosos de la luz y en el amparo de las sombras, con su aullido animal dedicado a la luna; los bajos graznidos del cuervo de la malsana melancolía, con sus reflexiones de santos y malditos; se paraliza la sangre al tambor de lo oscuro, de lo aberrante, de lo sagrado y misterioso. No, mejor el cobijo de la mano amiga, piensa el que elije esta opción. Ir a tientas, a quién sabe qué rumbos inexplorados, sin un guía adelante que lleve al palacio de la Gloria Eterna… da horror. Amanecer siguiendo veredas que desemboquen en avenidas, es el dios de estos seres arrojados al caos.

Y una tercera opción bicéfala.

Enloquecer con lo que se quiere decir. No importando si el reino de los locos está puerta afuera o puerta adentro. Enloquecer pero diciendo correctamente, para escapar de las fauces del lobo adentrándose en su gemido, para volar en el piar del cuervo blanco, para surgir de entre la tierra siendo el fuego que alcance las nubes. Enloquecer enloqueciendo, replicándose sin libro, libre, en liebre licenciosa reproduciéndose hasta el infinito, saltando el monte, que es túmulo y muladar. Pero perder la razón dejando razones acumuladas como hojas secas nutriendo el aquí pensando en el mañana, agonizando en el porvenir incierto. En este Jano no hay miedo, abre y cierra los brazos anunciando el fin de la guerra y el inicio de la paz. No tiene horizonte, mira a todas partes al mismo tiempo sin un arriba o abajo. No hay Sur, ni tampoco norte, no tiene Historia y sus historias tienen más-cara de leyenda, de mitos, de ignoto elemental recoveco. El hueco siempre es vacío y se vacía, no hay tiempo suficiente para emprenderse como escritor, como literato, como tampoco hay hora precisa para serlo.

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2 thoughts on “Opciones bicéfalas

  1. ¡Vaya, que me dejó como en una Telaraña! (con todo y rima).
    Muy interesante. Un tema para pensar y repensar.
    ¡Gracias por sus artículos!

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