PAN TERESA: I. Lo mejor de Teresa

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Lo mejor de Teresa no sólo pertenece a esa especie insular, sino que en sí misma absorbe una identidad hereje que parte de ideales y preceptos heredados para cuestionarlo, acaso negarlos, y buscas raíces propias.

Prólogo. PanÓptico pretende ensayar, en el estilo más esencial y antiguo, con 2procesos2 del quehacer editorial:

  1. La estructura: bajo la premisa de que él análisis/crítica/lo-que-sea-que-se-intenta-lograr-en-este-espacio depende del contexto y los capitales de quien observa y juzga, la estructura estilística pretendes estar al servicio de la res visual a analizar, no al revés.
  2. La cordial irreverencia: desde el título se busca antelar un distanciamiento cercano para con la teoría, adhiriéndola de una forma antes jocosa que académica, con espacio para mezclar posturas y saberes acaso discordantes, pero conjugados en la siempre fermentante y sabrosa mas/za madre humana.

Preámbulo: Originalmente, siguiendo la ruta de la convocatoria «Todos somos Teresa», previa a la realizada para columnistas, pretendí buscar una cinta sobre alguna Teresa que sirviera de apertura y enlace. Lo que apariencia era una decisión difícil, como casi toda selección, se matizó al saber la historia y homenaje que nuestra editora, M. M, rinde a su abuela, figura tutelar de la narración en su forma más pura y cercana. Por ello, en forma de mini homenaje a la tradición seguida por M. M, decidí que las primeras «entregas» sean las cintas que más cercanas son al ser y sentir de la Teresa editorial, y cuyas historias podrían ser, o lo son en los infinitos senderos del ocurrir, parte del anecdotario de la Teresa real.

Ahora sí, ¡A darle, átomos!

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LO MEJOR DE TERESA
México
Alberto Bojórquez Patrón
1976

Al hablar del cine mexicano suele establecerse un hálito de eras geológicas, en las cuales se encapsulan los hitos de plata que identifica el quehacer cinematográfico hecho en Churubusco (algún Hollywood debemos tener). Sin embargo, compactadas entre estos estratos, y en ocasiones desarraigadas de los mismos, se hallan muestras de un cine que busca contar otras historias, otras miradas del sentir de una nación que se predica como crisol, pero que se vive y pretende unitaria.

Lo mejor de Teresa no sólo pertenece a esa especie insular, sino que en sí misma absorbe una identidad hereje que parte de ideales y preceptos heredados para cuestionarlo, acaso negarlos, y buscas raíces propias. Ello se encarna en Teresa (Tina Romero), alegre y recién graduada bachiller que busca establecer y ensanchar los límites de una identidad que no se sabe aún, «cosas de la edad», pero que al no hallarse en su comunidad tabasqueña no tiene empachos en perderse/buscarse en el faro metropolitano que era/es el otrora DF, tan lleno de oportunidades que es ahogarse o encandilarse parece imposible.

En esta otra jungla (¡oh!, el lugar común para llenar espacios cuando no se sabe que más decir…) que a la vez está gestando su propio carácter, con coquetas y limpísimas casetas telefónicas de colorido plexiglás siempre a la mano, en la que lo mismo se halla una fila ordenada para subir al autobús que un ruletero dispuesto a cantar bronca antes que llegar a un acuerdo sobre lo justo/injusto de la tarifa (cedemequis, siempre tan cerca del caos y tan lejos del Uber ordenado y regulado) Teresa encontrará de todo un poco: oportunistas, amistades insospechadas, migajas de apoyo familiar, condescendencias obvias e inesperadas (la encargada de atención de la UNAM con una de las variaciones ni obvia ni escrita del goya), trabajo, precariedad variada, algo parecido a eso que sólo incauto llamaría “amor”;… pero no a sí misma.

O sí, pero no de la forma esperada. Porque, si bien la escena final, con su coreografía inintencionada de multitud viajante de ritmo valsado, bien puede remitir a una escena de ese romanticismo europeo decadente de principios del XX, con topografía habitada por otras almas tan parecidas como esquivas a las que se hallan en cualquier no lugar, la construcción que Bojórquez hace de Teresa es de una delicadeza casi nihilista, en la que la pérdida de oportunidades lejos de cargarla la aligera. Donde la generación de la que viene se hallaría despojada de sentido, Teresa, portabanderas de una progenie moderna que vive en el empuje de las promesas del ser propias de una bonanza sentida más que vivida, encuentra, sino un sentido, si atisbos de que es cierto que hay algo más.

¿Qué?, poco importa. Lo que importa es algo que sólo se puede vivir jugándose la piel en pos de materializar “el sueño”, entendiendo este desde su esencia de lo inmaterial, lo inalcanzable que es perfecto en ese estado nunca acabado, pues sólo así se permite la esperanza.

Por ello es por lo que, a pesar de no arrojar una lección clara o directa, como mucho del cine de antes y entonces estilaba, la falta de cierre de Teresa valida su título, pues lo mejor de Teresa no está en su pasado, ni está por venir, sino se da en la medida en que ella acomete actos más que heroicos heroico del romanticismo absurdo: existir y persistir.

 

 


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