Pánfilo descubre: ¡Que tenemos una columna!

Suena a que quieres ser escritor…

Pánfilo. —Ok… ¿Qué hacemos aquí?

Hugo. —Escribimos.

Pánfilo. —Ok, lo dejaré en términos que no den cabida a tus evasivas. ¿Por qué mi nombre está en una columna de una revista literaria, cuando tú fuiste el que quiso participar?

Hugo. —¿Por solidaridad con un buen amigo?

Pánfilo. —¡Me voy!

Hugo. —¡Ya! Está bien, necesito a alguien que me sirva como refuerzo para lo que voy a escribir,  y tener retroalimentación sobre conceptos que, creo, no son lo suficientemente sólidos.

Pánfilo. —¡Awww! Necesitas de mí.

Hugo. —Hay veces en las que eres un verdadero dolor de cabeza…

Pánfilo. —¿Y de qué va a tratar la columna en sí? Digo, si soy tu editor.

Hugo. —No, no eres mi editor.

¿Por qué eres así?

Pánfilo. —Bien, tu verificador de contenido.

Hugo. —Pánfilo, no te voy a dar un título, solo eres un espectro del inframundo que decidió usar mi casa como centro vacacional, y ahora planeo sacar provecho de ello.

Pánfilo. —Entendido… dejémoslo entonces en que soy tu consciencia.

Hugo. —Te odio…

Pánfilo. —¡Ya! ¡Dime de qué va la columna!

Hugo. —¡A eso voy! Dios… La columna, en pocas palabras, trata sobre los conocimientos que vamos adquiriendo al paso de la vida. Y estamos dispuestos, en ocasiones, a hablar sobre arte, ciencia, historia, y tal vez, en algún momento, dar un comentario de tipo social.

Pánfilo. —No tienes nada.

Hugo. —No.

Pánfilo. —Entonces, ¿enviaste una propuesta de columna sin tener una idea clara de lo que querías decir, tratando de compensar los complejos que tienes al creerte superior intelectual, moral y emocionalmente, pensando que todos deben escuchar o leer lo que tienes que decir al mundo?

¡Ya dime de qué va la columna!

Hugo. —… ¿por qué eres así?

Pánfilo. —Aparte de todo el análisis barato que se le puede hacer a cualquier periodista, por algo son periodistas los muy ególatras y narcisistas. ¿Qué más querías con esta columna?

Hugo. —No lo sé. La hice con la ilusión de contar, opinar y todo. Siempre he tenido una pasión por los grandes del periodismo y su capacidad para transmitir los hechos (aunque eso cualquier historiador lo hace con una mano en la espalda), pero no cualquiera puede proyectar las emociones y sentimientos del momento.

Pánfilo. —Suena a que quieres ser escritor…

Hugo. —No es lo mismo… digo, ejemplos puedo dar… desde lo más burdo de los comentaristas de deportes… o sea, el deporte es emocionante, hay adrenalina, fuerza, suspenso, pero no se refleja la acción de los deportistas tan bien como cuando el juego es narrado en tiempo real. Esa persona que va dando detalles de la acción ofrece un matiz, es un filtro de lo que se está viviendo en el instante de su acontecer. Cataliza al máximo lo primordial de aquello que, aunque presenciado, no terminó de sentirse.

Pánfilo. —Entonces,  ¿por qué no mejor te pones a narrar futbol?

Hugo. —Es que no solo eso ocurre ahí. La crítica, por ejemplo, es otro medio por el cual la obra pasa por una serie de filtros, todos ellos propuestos por especialistas en la materia, y son ellos quienes van juzgando con detalles que usualmente pasan desapercibidos frente a nosotros. Hay algunos que pueden después presentarnos esa información ya digerida, con términos que por fin tienen nombre.

Pánfilo. —Pero, el periodismo… ¿para qué sirve?

Hugo. —Depende. El periodismo como tal, es el arma de tener la historia contemporánea en la mano y exponerla a tu entera voluntad. Puede ser de forma transgresora, por ejemplo, y hablar de cómo Hong Kong es objeto de una viva represión social por parte del gobierno chino. O puede callar, y no dar información alguna, optando por servir tan solo a poderes mayores. En sí, el periodismo real debe fungir como detonante de cambios en el razonamiento general. Las personas, al leer trabajos periodísticos, deben estar ansiosas por obtener más información, por participar en diversas actividades sociales, por exigir cambios sociopolíticos.

Pánfilo. —¿Y tú quieres provocar eso?

Hugo. —No del todo. Realmente, me gustaría aportar para que las personas busquen el conocimiento. Transmitirles, de alguna manera, el deseo de leer un libro extraño, ver una película o escuchar un podcast diferente. No inspirar del todo, pero sí que quede en ellos un dejo de “necesito saber más sobre X”.

Pánfilo. —Bien. ¿Y cuándo falles miserablemente en ello?

Hugo. —Intentarlo otra vez. Por cierto, gracias por la confianza.

Pánfilo. —No es cuestión de confianza en tus pocas o nulas habilidades.

Hugo. — …

Pánfilo. —Solo que… ¿un medio escrito en la actualidad? Digo, tu mediocre podcast ya era algo, pero ahora quieres espantar aún más publico, dando tu opinión a través de un medio que requiere un nivel de interés por encima de lo que en general se está dispuesto a ofrecer. 

Hugo. —Pues realmente eso creemos, y quizás, para nuestro público, sea un disuasorio el hecho de que sea por medio de una lectura que reciban cierta información; sin embargo, ¿no es twitter una de las principales plataformas de comunicación masiva en la actualidad?

Pánfilo. —Eso sí. Hablando de ello y aprovechando que está muy en boga, ¿no te da miedo la censura o que tu discurso no sea el correcto?

Hugo. —Creo que no. Mira, de entrada, no soy imbécil.

Pánfilo. —¿Seguro?

Hugo. —Te detesto… Me refiero a que no creo que mi pensamiento e ideales estén fuera de lo que es correcto; por ejemplo, no soy un ultraconservador del tipo white supremacy. Pero tampoco soy un liberal rojo que piensa que un líder político es un dios.

Pánfilo. —Sí, y evidentemente acabas de atacar a los dos grupos sociales que más ruido hacen en la actualidad…

Hugo. —Me refiero a que puedo ser analítico con los temas que me apasionan, pero con las ideologías no, con ellas puedo estar de acuerdo o en desacuerdo, sin castigar o aplaudir el discurso. Eso es exactamente lo que me gustaría hacer: enfocarme en algún momento si hablase de cuestiones sociales y políticas, en ser un centro de recepción de información que no se deje influenciar por las pasiones y tan solo asirme de un punto de vista totalmente neutro.

Pánfilo. —Y eso ha funcionado tan bien en el pasado…

Hugo. —Bueno, en última instancia, ni siquiera quiero focalizar mis ideas en ello. La política es secundaria a lo que yo quiero compartir y expresar, antes mil veces hablaría de la animación y el cine, hablaría de libros, hablaría de ciencia.

Pánfilo. —Repito. Eso ha funcionado tan bien en el pasado…

Hugo. —Pues tú sigues aquí.

Pánfilo. —Eso es porque quiero ver hasta dónde llegas con este proyecto extraño. No acabo de figurarme cuál es la meta.

Hugo. —Compartir, creo yo que la meta es compartir conocimiento, por poco o mucho que tenga. Y por consiguiente, que las repercusiones consistan, precisamente, en recibir conocimiento.

Pánfilo. —Que bonito, dijo nadie, nunca. Yo quiero chocolate.

Hugo. —Vamos por tu maldito chocolate…

Pánfilo. —¡Yupi!

Continuará

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Un pensamiento en “Pánfilo descubre: ¡Que tenemos una columna!

  1. Hola Víctor Hugo, realmente Pánfilo es bien fiero, no te dejó respirar con tantas preguntas, pero vale que lo pusiste en claro, el periodismo debe ser un detonador para generar polémica y estoy muy de acuerdo contigo. Enhorabuena por tu columna. P.D. Saludos a Pánfilo.

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