Práctica de una sobreinterpretación

Práctica de una sobreinterpretación

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Así como los psicópatas funcionales aprenden a canalizar sus impulsos homicidas hacia actividades deportivas, bandas de metal o videojuegos de zombies, hace algunos años tuve que empezar a redireccionar mi tendencia a sobreinterpretar los textos. En realidad, no pasa nada si le agregamos un poco de nuestra cosecha a las lecturas, no te meten a la cárcel ni nada. De hecho, es una práctica cada vez más común: el fanfiction no es otra cosa que la apropiación de un texto escrito por alguien más para explorar huecos en la historia o darle giros que se adapten a una u otra identidad. Tampoco es cosa nueva, algunos dicen que Tolkien fue el primer gran escritor de fanfiction medieval, otros agregan que fue Cervantes. Además, debemos tomar en cuenta los muchos Don Quijotes apócrifos y, si hablamos de textos no canónicos, qué mejor ejemplo que la misma Biblia, cuyos 70 y tantos libros (dependiendo del credo) son una selección entre cientos de posibles evangelios y apocalipsis.

Es común, pues, el deseo de alterar la escritura de otro para acercarla al yo. En mi caso, crecí viendo cine y leyendo literatura como fan, y el problema vino cuando quise practicarlo como carrera. Desde luego es necesaria la presencia de un lector para activar a ese autómata textual, Umberto Eco no nos dejará mentir. Pero es el mismo Eco, erudito en hermenéutica medieval (no lo olvidemos), quien entendió donde terminan los límites de la interpretación y empieza la crema excesiva que le echamos al taco.

Principios que me vi obligado a tallar en mi cabecera tras los cursos de Teoría Literaria y años de trabajo en el Seminario de Metaficción e Intertextualidad Acatlán (SMIA), coordinado entonces por la Dra. Claudia Chantaca (nuestro Virgilio teórico): 1) no toda comunicación sugiere múltiples significados, 2) una interpretación debe ser validada por el texto (no sólo el segmento en cuestión, sino la totalidad orgánica del texto), 3) el contexto es un apoyo para delimitar la interpretación, 4) el texto es un objeto de amor, imponerle tu propia visión es homólogo una forma de acoso.

Supongo que hay otros parámetros, pero por ahora estos para brincar a la práctica. [Va la anécdota] En esos mismos años que andaba yo de estudiante y con actividad intensa en el SMIA, López Dóriga tuvo su famosísima entrevista con Anthony Hopkins, donde, ante la falla del traductor remoto, el periodista se vio obligado a improvisar y terminó por formular la icónica pregunta “Why De rito?” Fue uno de los grandes momentos para la cultura del meme. Entre los chistes, mi compañero Daniel Valencia del Seminario de Metaficción me contó uno que hasta la fecha me hace reír:

− ¿Qué le dijo un hielo a López Dóriga?

− ¿Qué?

− ¿Why derrito?

En aquel entonces nos iniciábamos en el análisis textual y, ávidos por extender el chiste (cosa que hasta la fecha practicamos), rompimos el primer principio: “no toda comunicación sugiere múltiples significados”. ¿Cómo no? Hago un registro de nuestra sobreinterpretación:

Juego retórico: desde luego, hay una humanización del hielo parlante, pero ahorita llegamos a eso. Primero el calembur en la palabra “derrito”: quien escucha comprende que hay un juego con la ordenación de las sílabas de-rri-to para producir dos combinaciones posibles, por un lado, la referencia a la pregunta de López Dóriga, De rito, y por el otro, el verbo derretir en primera persona del presente simple, derrito, que en voz del hielo tiene sentido porque es un objeto que tiende a derretirse en temperatura ambiente. Hasta ahí el sentido que busca el chiste. Los chistes suelen jugar con el doble sentido y en eso consiste su efectividad, si hubiera más significados, se volvería muy aburrido…como la literatura. Pero nuestra necedad nos condujo a rascarle al asunto.

Problema existencial: la humanización del hielo implica una metáfora de las preocupaciones del hombre. Así, expresar su condición de derretimiento indica la angustia de descubrir el carácter efímero de la vida. “¿Why derrito?” es un grito de ansiedad ante el desgaste del cuerpo, lo mismo que preguntar “¿por qué he de morir?” Aquí el tema de la muerte, universal en las artes.

Relaciones de transtextualidad: no sólo hay una reescritura del evento mediático López Dóriga-Hopkins, sino que, en el fondo, en el nivel que Gérard Genette denomina architextualidad, se encuentra una tradición que desemboca en la mismísima Epopeya de Gilgamesh. La mortandad del hielo es una actualización del sufrimiento de Enkidú y el silencio de López Dóriga al final del chiste (puesto que no le da ninguna respuesta) es un reflejo de la actitud de Gilgamesh en la última Tablilla, cuando se sitúa sobre las murallas de la ciudad de Ur a contemplar el abismo porque la inmortalidad se le ha escapado de sus manos, pese a todos sus esfuerzos. Pero aún hay más.

Problema paródico: dado que en el texto base, la entrevista, López Dóriga fue quien enunció la pregunta “Why De rito?”, el chiste lleva acabo una inversión de los papeles: es el hielo quien interroga y López Dóriga quien tiene la posición de receptor. Dicha inversión del diálogo constituye un desdoblamiento del periodista que hace del hielo un espejo del periodista, como cuando imaginamos un interlocutor para terapearnos a nosotros mismos. De esta manera, el chiste completo es una parodia del suceso al que refiere, pero, en realidad, es la cancelación de las voces de los otros para representar la inmersión en el yo, el diálogo con uno mismo. El problema existencial es, entonces, resultado del proceso de autoconocimiento del personaje López Dóriga, quien encuentra en los objetos de su alrededor anuncios de su propia finitud.

Hasta ahí el falso análisis. ¿La culpa la tiene el análisis textual? ¡No! La culpa es de quienes nos apuramos a utilizar herramientas de interpretación sin comprender de antemano la naturaleza de cada comunicación. Hay por ahí un ensayo paródico de Avilés Fabila donde hace mofa del análisis estructural exagerando la significación de los componentes lingüísticos, de los símbolos y las voces narrativas. La crítica, en apariencia, cae sobre el método en sí, pero habría que reconsiderar, preguntarnos si el problema está en el método o en los usuarios del método. ¿Para qué sirve un electrocardiograma: para diagnosticar un corazón o para crear un corazón nuevo?

No podemos culpar a la lingüística, ni a la retórica, a la semiótica o a la narratología por las aventuradas afirmaciones que hicimos Daniel y yo sobre Why derrito? Es mucho más probable que nuestras ganas de reírnos a la menor provocación se hayan impuesto sobre nuestra facultad de entender la diferencia entre comunicación humorística cotidiana y comunicación literaria. Y, bueno, ya sabíamos desde el principio que se trataba de un chiste del chiste. Pero, ¿no es acaso lo mismo que sucede a escritores y artistas cuando critican los métodos de análisis en su afán por intervenir en la academia?

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One thought on “Práctica de una sobreinterpretación

  1. Estimado Héctor, es propio de lis lectores recrear sus lecturas. Incluso, reintepryamos nuestra propia vida cada vez que cambiamos de estado de ánimo o llegamos a cierta edad. Me encanta tu obsesión de hermenéutico a cada paso una nueva palabra, un nuevo significado. Te imagino soñando en la dimensión desconocida reinterpretanfo nuevas historias. Enhorabuena.

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