¿Qué pasa en Guanajuato?

Con el arranque oficial del periodo de campañas, con bombo y platillo, se da inicio a las elecciones más grandes de México en su historia –sí, de nuevo son las más grandes de la historia-. De manera que hay que entender algo, el pistoletazo de salida para los candidatos ha anunciado, no la competencia política nacional, sino la competencia política local: el verdadero botín se disputa en la periferia, no en el centro.

Ahora, con eso en mente, si bien la competencia política local es drásticamente heterogénea en el país y cada elección local responde a condiciones contextuales específicas, con agendas locales diversas y variables regionales significativas; me gustaría ocuparme de una elección en particular, no tanto por su relevancia nacional, sino más bien por ser sui generis cada periodo electoral: ¿qué pasa en Guanajuato? ¿por qué llevamos 25 años sin una transición política en el Estado?

Sucede que al panismo en Guanajuato le gusta poco la democracia desde que llegó enérgicamente con los liderazgos de Vicente Fox y Carlos Medina Plascencia en los noventa, y poco tuvo que ver el panismo local, posteriormente, con el ideario con el que el PAN nacional se había pronunciado y denunciado durante años frente al sistema de partido hegemónico: el PRI. Basta con revisar someramente la extensa literatura del sistema político mexicano, desde Pablo González Casanova, pasando por Arnaldo Córdova, hasta Daniel Cosío Villegas para caer en cuenta que el panismo guanajuatense no dista mucho del priismo de antaño; aquel que se aborrecía y era sinónimo de atropello a la democracia.

Hacer una comparación del priismo del siglo XX, a nivel nacional, con el panismo guanajuatense, es inevitable. Tal como sucedió durante 70 años en nuestro país, en Guanajuato el partido oficial y el poder ejecutivo del estado se han consolidado hasta las entrañas de la vida política local. Es decir, es indiscutible que el protagonista, el hombre fuerte y máximo jefe político del estado es el gobernador, acompañado por un instrumento partidista de legitimación, así como de control político que evita la fragmentación de una élite local. Vayamos por partes:

Sometimiento de poderes: la vulneración del principio básico republicano de la división de poderes donde el principal contrapeso, el Congreso del Estado de Guanajuato, se encuentra completamente a merced del ejecutivo con una cámara ocupada en su mayoría por diputados que operan por consigna, los que a su vez invalidan desde el interior los mecanismos de control de un poder legislativo, tales como la ratificación de nombramientos, fiscalización y rendición de cuentas.  

Arraigo social: tal es la fuerza del partido y su presencia en el imaginario colectivo que, no solo ha creado una estructura clientelar consolidada que sirve de maquinaria electoral y de movilización ciudadana cooptadas mediante la dádiva, sino que ha llegado al punto de conquistar elementos simbólicos de la política local, de esta forma, es difícil diferenciar entre gobierno y partido, pues ambos se difuminan entre blanquiazules.

Partido, gobierno y gabinete: el gobernador es jefe de gobierno y del partido, este último le sirve de instrumento y le es funcional, puesto que es la instancia de control de los ascensos y carreras de políticos locales, además, es el espacio de negociación y conciliación de las élites locales –de manera que no es atípico que, tras un rompimiento, los partidos de oposición busquen sus candidaturas para posicionarse, pese a no compartir una agenda ideológica-. Asimismo, la formación del sucesor del gobernador es en tareas de gobierno, y no en instancias partidistas. Por lo anterior, es que el gabinete del ejecutivo está sobre politizado, pues la sucesión –y el dedazo- para la gubernatura proviene del círculo cercano del gobernador, entre su gente de confianza, aquellos que han pasado por el andamiaje de la administración pública tras haberse formado en el seno del partido.

Los símiles no paran, y con el arranque de campañas en Guanajuato, y, la insistencia presidencial para que los ejecutivos locales no intervengan en la contienda, llama la atención que el lema de campaña “Sí voto PAN” esté presente como yerra sobre las candidaturas. El gobernador palomeó y marcó a sus lacayos para 2021, queda claro que Diego (Si)nhue encontró un atajo para hacerse notar en la contienda, y dejar claro quién manda en Guanajuato.

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