RETRATO DE TERESA, 1979

“(…) si me quieres, no me recortes:
¡quiéreme toda… o no me quieras!”
Quiéreme entera…, Dulce María Loynaz

Las revoluciones no son hechos aislados ni cerrados, una vez iniciadas tal vez sólo otras revoluciones puedan acabarlas o, en todo caso, matizarlas y darles nuevos cauces.

En el caso de Retrato de Teresa (Cuba, 1973; dir. Pastor Vega), los ecos de la revolución cubana se observan en las relaciones que Teresa (Daysi Granados) establece y enfrenta con su esposo Ramón (Adolfo Llauradó), técnico de televisores, y sus compañeros de la fábrica en la que trabaja.

Con los últimos está la convivencia, las asambleas para determinar cuotas de trabajo y necesidades laborales (en particular los turnos y servicios de apoyo para las mujeres que compaginan su vida laboral con la hogareña), así como el elemento detonador del drama de Teresa: las actividades extralaborales de corte cultural dentro de las cuales ella juega un papel destacable.

Esto la lleva a adentrarse en esa otra revolución social, la femenina, a la vez que permite que Vega juegue tanto dentro de los límites —tan difusos como severos— de la crítica sociopolítica, como con el entendimiento trabado con un mundo que en esa época mostraba un recelo más que abierto con la sociedad cubana. No sólo porque muestra a una sociedad cubana en entendimiento del espíritu de su tiempo mediante la cada vez más robusta cruzada de Teresa, sino porque también exhibe una urbe, La Habana, dinámica y vibrante, en la que conviven sin pudor manifestaciones culturales propias con modas y avances de otras latitudes, dando a entender que los hechos enmarcados podrían estar ocurriendo en cualquier otra ciudad moderna, sin consideración de sus filiaciones políticas y económicas.

Retomando el enfrentamiento matrimonial, la intención de Teresa por continuar con las actividades culturales la lleva a encarar, por un lado, a Ramón, quien poco a poco demuestra que su calidad de hombre modélico para los fines de la revolución, trabajador y en constante “mejora”, esconde un machismo atávico al que no dudará en dejar libre en sus diferentes manifestaciones para doblegar el espíritu de Teresa.

Esa no es la única oposición que encuentran los anhelos de Teresa. Las faltas de Ramón la orillan a buscar consuelo en su círculo familiar, sólo para observar las diferentes caras que el machismo usa para preservarse, sometiendo a diferentes generaciones y condiciones, muy a pesar del refulgente perfil de la revolución cubana.

Más allá de los diálogos, es la actuación de Granados la que marca la pauta de las acciones de Teresa y sus avances y retrocesos (pues su lucha no es ni por asomo única ni definitiva). Es ahí donde el relato, ya anclado en un ambiente por demás familiar (a pesar de la doble insularidad que pendía sobre Cuba hasta bien entrado el siglo XXI), incluso hoy en día, se muestra íntimo en todos sus rigores e hitos, logrando que el espectador entre en la piel tan anónima como universal de Teresa, y siga sus pasos cada vez con más aplomo hacia los confines de un futuro en el que, la única certeza existente, es la cada vez mayor agencia que tendrá sobre ella misma.

 

Please follow and like us:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *