Schmitt: ¿qué mueve a la unidad política?

Continuando con esta travesía, me gustaría que hiciéramos una reflexión en torno a lo político y la política en Schmitt que hace repensar a aquellas fuerzas que actúan al interior de los conceptos. Si bien se pueden encontrar rastros referentes al mito, la religión y la identidad, también hay elementos discursivos que sobrepasan estas ideas. Se encuentra, además, en nuestro autor una referencia a Hobbes en la idea de un estado natural, pero al mismo tiempo se aleja de dicha concepción. El miedo, que en Hobbes mantiene un brillo referente a la violencia como una esencia que permea los cuerpos; en Schmitt el miedo se vuelve un elemento que constituye al conflicto. En el pensamiento del filósofo alemán se hace del conflicto una opción política que permeará la concepción del Estado.

Aquí la distinción amigo-enemigo se vuelve fundamental, pues el conflicto pareciera volverse esencia de lo político y, por ende, del poder. Este sujeto, que es el enemigo, se vuelve otro, no en un sentido estético, sino existencial intensivo. Es decir, que el otro se declara un no amigo de la voluntad anteriormente creada hacia el Estado. No existe, por lo tanto, un enemigo universal en sentido estricto, sino un conjunto de unidades que, por el simple hecho de existir, hacen de lo otro un enemigo. La unidad política vendría a ser quien marque la pauta en los casos límites y quien tome la decisión referente a lo político.

Esta unidad política, nos recuerda Schmitt, cambia, ya que si los antagonismos culturales, económicos o bien, determinado conjunto ideológico posee la fuerza suficiente para decidir en los casos límites, se vuelven la unidad política. En referencia a la guerra, que puede ser una lucha armada entre unidades políticas, o bien civil, y estar al interior del Estado, hay que tener presente que si no retrocede se vuelve un motivo político que afirma la existencia de la guerra, es decir, hay una unidad política que la mantiene.

Cabe preguntar, en este orden, si ¿la unidad política depende de la fuerza? y ¿qué hay al interior de la unidad política y cómo se mueve ésta? Luis Villacañas Berlanga en Poder y conflicto. Ensayos sobre Carl Schmitt, menciona que una de las formas de la unidad es el conflicto. El Estado vendría a ser, bajo esta lógica, quien neutralice dicho conflicto, y a su vez, quien mantiene el conflicto. El conflicto se encuentra dentro de la línea histórica de la identidad, pues a su vez, menciona Villacañas que el otro vendría a ser no solo el enemigo, sino la propia identidad del sujeto. Aquí surge otra pregunta: ¿el conflicto que la política identifica se da en la historia de la naturaleza o en la historia social? Es decir, ¿se da en la convivencia? Si el conflicto es una de las formas de la unidad política y la fuerza —si es que acaso se puede manejar así— otra de sus formas, ¿qué permea en el interior de la unidad más allá de la voluntad?

Habría que traer a la narración otro concepto, y es el de sujeto. Schmitt concibe un sujeto abstracto, un sujeto que mantiene en su interior el conflicto, es decir, la diferencia amigo-enemigo que a su vez reside en la historia de la identidad. Los individuos que integran la unidad política deben ser sujetos políticos y, por ende, el soberano debe ser el sujeto político; sin embargo, Schmitt habla de un soberano abstracto que no tiene una referencia jurídica concreta. Arditi Benjamin en su artículo ‘Sobre lo político: Schmitt contra Schmitt’ mantiene la idea de que el verdadero sujeto de la política, para Schmitt, es el Estado. Sobre esta línea cobran mayor relevancia los conceptos amigo-enemigo y el de unidad política, pues recordemos que el sujeto que le interesa a Schmitt es el sujeto político, y lo político en su interior mantiene el conflicto. El enemigo, por lo tanto, pasa a ser un elemento central dentro de la reflexión sobre el Estado y la unidad política que guía (¿quizá acaso legitima?) la acción y la toma de decisiones en los casos límite.

El enemigo, en este sentido, recae nuevamente en el miedo, pero recordemos que no es un miedo a la manera de Hobbes como en el Leviatán, sino un miedo que se incorpora en el conflicto. Se vuelve importante, porque es quien otorga identidad a la unidad política, el que hace que (muy posiblemente) exista y cobre fuerza para combatir, pero también para mantener la paz tanto al exterior como al interior del Estado. La unidad política cobra sentido cuando lo político identifica y otorga identidad a los sujetos políticos del aparato civil.

Donovan Hernández en su texto “Idea del Estado en Carl Schmitt Aportes para una genealogía de lo político” también reflexiona sobre la unidad política en Schmitt, pero como una definición que pueda dar luz a sus otros conceptos, en este sentido nos habla de algunas referencias acerca de la unidad política que se han encontrado en el filósofo alemán: como una serie de elementos que comparten los sujetos, ya sea como el territorio, la nacionalidad, la lengua, etc.; como la formación de una voluntad indivisible y que se expresa mediante una Constitución; como la depositaria y quien toma la decisión; o bien, como la integración de tres esferas, en las cuales está el Estado, el movimiento y el pueblo; como el sujeto de la decisión; hace referencia de igual modo a la Constitución como aquella que da forma a la unidad política (donde pasaríamos por las formas de gobierno: monarquía, aristocracia, democracia…); a su vez, como el soberano de la unidad personal, pues es quien puede tomar decisiones para cuidar a la unidad política.

Expresado de esta forma, la unidad política vendría a ser, a mi parecer, la fuerza que se expresa una vez constituida. En su interior, podríamos encontrar los motivos, es decir, aquello que mueve por su naturaleza a la unidad política. Estos motivos que pueden dar una forma estable y jerárquica al movimiento de la unidad política es lo que se encuentra en su interior, pues como se ha mencionado Schmitt concibe un sujeto político en abstracto, lo mismo que a la unidad política. Sin importar cómo se expresa esta unidad, que cobra identidad en lo político cuando se identifica al enemigo, o bien, que se expresa en su forma práctica al momento de la decisión (ya sea que la voluntad cobre fuerza en la cultura, la ideología o el soberano) y en los casos límites, que por sí misma es protegida; la unidad política está integrada y se mueve por motivos, donde uno de ellos —debido a su idea de enemigo-amigo—muy posiblemente, jerarquiza a los demás y es el miedo, es decir, el impulso de conseguir la paz sabiendo que existen otras unidades políticas que pueden ser el enemigo, y por ello debe existir el sujeto político, es decir, el soberano que logra mantener a la unidad política sujeta a la identidad propia que ha tomado a partir de lo político. Es decir, hay motivos estables y jerárquicos que mantienen y mueven a la unidad política antes de que se materialice en la práctica y su existencia.

 

Please follow and like us:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *