Sylvia Plath: el aislamiento como experiencia transformacional

Probablemente Plath pasó su vida en búsqueda de una experiencia de silencio, tranquila consigo misma. Al escribir buscaba ese espacio fértil entre el silencio y el lenguaje donde continuamente podía escucharse de nuevo.

Las mujeres por antonomasia hemos sido asociadas con el silencio; aquello que hunde sus raíces en la oquedad, el negativo de algo, lo oscuro. Solía pensarse que la mera producción de palabras era del orden de lo masculino: lo convexo, lo activo, lo positivo, la luz. Afortunadamente comienzan a existir nuevas formulaciones sobre lo femenino y lo masculino, sobre la relevancia de ambos aspectos en la escritura.

Como sabemos, a lo largo de la historia de la literatura, muchos escritores (Proust, Dickinson) se refugiaron en sus casas/habitaciones para poder escribir; curiosamente muchos en esta época de pandemia por COVID-19, no lo pudieron llevar a cabo…Pandemia y aislamiento, pero también aislamiento y creatividad literaria. Confieso que mis principales tejedoras han sido hasta ahora: Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik y Sylvia Plath…esta noche me acompaño con “La mujer en silencio”, Plath. Se trata de un recorrido psicoanalítico sobre el papel del silencio de la soledad, del aislamiento y la escritura, en esta ocasión del hilo de Sylvia Plath.

Si el psicoanálisis se trata de un espacio transicional, vital que le permite a la persona transformar su mundo privado y empobrecido a una versión más creativa; lo mismo podríamos considerar de la escritura. Para Marion Milner (1950, p. 187), el proceso creativo estaba relacionado con la salud psíquica y con la habilidad no sólo de la recreación de los objetos perdidos, sino a la creación de lo que no existía antes.

Como dije, la mayoría de los escritores coinciden en que, para escribir se necesita una atmósfera silente, en aislamiento y sin interrupciones. Dickinson y Tolstoi dan prueba de ello. Pensemos que en el principio era el silencio… De acuerdo con Lutenberg (2007) “Es dable considerar que el habla es una combinación de palabras y silencios con alternancias rítmicas (…) La alternancia entre el silencio y las palabras nos da –como en la música- la cualidad de los matices invisibles de la comunicación…asimismo, el silencio nos abre el acceso a la comprensión de lo que está más allá de lo simbolizado, es decir, de lo inédito.” (p.79)

La tranquilidad es el trasfondo del ser, área de vitalidad antes del hacer y relacionarse, que es más existencial que interaccional, y es una condición previa para aprender a estar con lo que Winnicott (1965) denomina “soledad existencial”. Probablemente Plath pasó su vida en búsqueda de una experiencia de silencio, tranquila consigo misma. Al escribir buscaba ese espacio fértil entre el silencio y el lenguaje donde continuamente podía escucharse de nuevo. Plath esperaba ser entendida en su silencio.

Entonces comenzamos a hablar del aislamiento como una paradoja. La fenomenología del aislamiento suele ser interpretada en clave psicopatológica. No dudo que lo anterior aplique en numerosos casos; sin embargo, me gustaría pensar el aislamiento desde una óptica psicoanalítica como parte del desarrollo normal del individuo. Desde luego, con Sylvia Plath nos sumergimos en el aislamiento mortífero de su depresión con tintes melancólicos, constantemente hace alusiones importantes a las capas y a las murallas. Por ejemplo, en La campana de cristal (Plath, 1963) nos habla de su experiencia subjetiva dentro de ese cristal: “el aire de la campana de cristal me rodeaba y no podía moverme” o cuando menciona: “Para la persona adentro de la campana de vidrio, inexpresiva e inmóvil como un bebe muerto, el mundo en sí mismo es un mal sueño”. Sin embargo, el aislamiento al que recurría Plath para escribir –al igual que muchos escritores- también podría estar relacionado con un intento de dar continuidad a su ser. La paradoja es la siguiente: el aislamiento personal y la no comunicación, como formas estratégicas de subjetivación.

Poder comprender el aislamiento más allá de una óptica negativa es importante; por ejemplo, para Winnicott la no comunicación es esencial para la construcción subjetiva del niño, ya que permite la comunicación silenciosa y creativa con objetos subjetivos, esta experiencia es del orden de la privacidad y no de la soledad. Además, para este autor “en el centro de toda persona hay un elemento incomunicado, un elemento sagrado y merecedor de todo cuanto se haga para protegerlo” (Winnicott, 1965). Ese elemento sagrado, privado al que Winnicott refiere puede ser el potencial para la creatividad, o puede encontrarse aislado y/o disociado del resto de la personalidad como una forma de protección.

Por otro lado, la noción de Ogden (1989a) de “la posición autista contigua” puede ayudarnos a comprender que el aislamiento es esencial para el proceso de subjetivación; así, este tipo de aislamiento busca reemplazar a la madre como entorno, por un entorno sensorial autogenerado y sirve para proteger al bebé, y luego al adulto, contra el estrés continuo de lo impredecible del vivir. Lo anterior es importante ya que Plath, de alguna manera vivió con la máxima: me aíslo, escribo, luego existo… Cuando entrevistan a Plath sobre qué es escribir ella menciona (1989, p. 171): “cuando digo que necesito escribir, no quiero decir que forzosamente tenga necesidad de publicar. Lo importante es dar forma estética a mi experiencia caótica…(escribir) representa mi forma de religión”. En Sylvia Plath, el acto de escribir en aislamiento puede ser entendido como una relación con una forma autística a través de la cual se genera una superficie sensorial del self. Así, la actividad mental de este estado sensorial, queda suspendida entre “la tierra de lo vivo” y “la tierra de lo muerto” (Ogden, 1991, p. 384).

Por ejemplo, en La campana de cristal (1963), Plath narra en un capítulo cómo la protagonista Esther Greenwood (alter ego) va al cementerio a la tumba de su padre, momento lleno de irrealidad pues nunca había sido visitado tras su muerte. Es una imagen gris, comienza a llover y Esther lleva un impermeable negro, detengámonos en una escena narrada donde la escritora introduce la temática de lo sensorial, las capas psíquicas que no contienen la lluvia, es una escena que introduce al replegamiento a un aislamiento primitivo:

“…Una pegajosa humedad pasaba a través de él hasta mi piel…” Luego recuerda cuando compró el impermeable “…Y cuando le pregunté qué significaba a prueba de agua, me dijo que mejor hubiera sido que comprara un paraguas” (p.262).

Acto seguido Plath nos lleva al día siguiente de su visita al cementerio, Esther despierta y deja una nota “voy a dar una larga caminata” (p.264). Después baja al sótano y se introduce en un gran hueco oculto en una de las paredes, cuando por fin se acomodó, tomó casi 50 pastillas, poco a poco quedó encerrada y sedada en ese recoveco. A continuación lo que considero central de esta escena, y en la vida y el acto de escribir en Plath, donde se anuda el aislamiento en una experiencia autista-contigua:

“El silencio volvió a su cauce, suavizándose como se suaviza el agua negra hasta que la vieja calma retorna a su superficie después de habérsele arrojado una piedra” (p. 267).

Al cabo de varios días, Esther es rescatada de entre la pared del sótano. Llama notoriamente la atención la descripción detallada de la oscuridad, las telarañas, las superficies llenas de tierra, el cincel y la voz del hombre que la rescató de esa oquedad; luego lo que sintió al ser cargada y llevada a la ambulancia, finalmente al hospital psiquiátrico. Como vemos, Sylvia Plath nos regala en su novela una escena donde la protagonista realiza un intento por regresar al aislamiento autosensorial, donde queda suspendida entre “la tierra de lo vivo” y “la tierra de lo muerto”.

Quizá podríamos pensar que, el aislamiento como experiencia autista-contigua en Sylvia Plath y estrechamente ligado a su escritura, ayudó a construir la posibilidad de transformar la amenaza de muerte psíquica en la capacidad de aislarse en presencia del otro. Intentos por momentos satisfactorios, pero finalmente fallidos. Con Plath podríamos pensar una especie de transformación narrativa (Ferro, 2008) donde es la narración misma la que opera los cambios; esto se relaciona con las transformaciones de función alfa, que implica un proceso desde la sensibilidad hacia las imágenes.

Plath encontró en las palabras ese hogar, el santuario que menciona Ogden, que se vuelve un escape, una puerta abierta hacia otra región de su mente. Como si desde muy pequeña Plath, sobre todo después de la muerte del padre, hubiera puesto un aviso “de ahora en adelante ya no hablaré, sólo me comunicaré por escrito”. Incluso, podría decirse que también perdió a su madre, pues aquella tuvo que salir a trabajar, no podía contar con ella. Comenzó así una intensa relación epistolar con su madre que se prolongaría toda la vida.

Como vemos, el silencio de la noche fue fundamental para Plath, a eso de las 4 de la mañana, escribió algunos de sus poemas más importantes: Daddy, Lady Lazzarus, Límite…Por lo tanto; envuelta en el silencio, Plath escribió y construyó un “espacio vital donde podía protegerse contra la presencia excesiva de objetos y representaciones, donde pudo ejercitar su capacidad de alucinar, soñar, jugar, pensar y más ampliamente crear el mundo a su medida y según sus posibilidades” (Figueiredo, 2007, p. 22)

Desde luego esta forma de aislamiento no fue la única en Plath, en otras ocasiones predominó el silencio mortífero de la depresión, el silencio del sanatorio psiquiátrico, el silencio post-electroshocks, el silencio del suicidio. Plath finalmente recurrió a lo concreto, al regreso de lo inmóvil, del aislamiento en cercanía con la pulsión de muerte…Metió su cabeza en el horno y abrió la llave del gas, aquí tenemos el aislamiento en el útero (Propp, 1983), por lo tanto su suicidio llevaría de alguna manera a cabo su deseo de regresar a la matriz; a la inmovilidad, a eludir lo disruptivo de la vida.

Referencias bibliográficas:
1.- Ferro, A. (2008). Microtransformaciones, macrotransformaciones y transformaciones narrativas. Revista Uruguaya de Psicoanálisis; 107: 116-136.
2.-  Figueiredo, L.C. (2007), La metapsicología del cuidado. Psyché XI (21), 13-30.
3.- Lutenberg, J. (2007). El vacío mental estructural.
4.- Milner M (1950). On not being able to paint. Hove: Routledge, 2011.
5.- Ogden, T. (1989a), On the concept of an autistic-contiguous position. Internat. J. Psycho-Anal., 70: 127-149.
 ————- (1991). Some Theoretical comments on personal isolation. Psychoanalytic Dialogues, 1(3):377-390
6.- Plath, S. (1963). La campana de cristal. Ed. Edhasa. Barcelona.
———– (1989). Cartas a mi madre. Barcelona: Ediciones Grijalbo.
7.- Propp, V. (1983), Edipo  a la luz del folklore y otros ensayos de etnografía, Barcelona: Ed. Bruguera.
8.- Winnicott, D.W. (1965). The capacity to be alone. In The maturational processes and the facilitating  environment (pp. 29-36). New York, NY: International Universities Press. (Original work published 1958).


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Un pensamiento en “Sylvia Plath: el aislamiento como experiencia transformacional

  1. Hola Liliana, coincido contigo al señalar el silencio como un espacio necesario para la creación, sin embargo Silvia Plath se sumergió de lleno en él y cerró todo contacto con otras satisfaciones y gratificaciones personales como el amor a sus hijos y a ella misma. Es innegable el impacto profundo que dejó en ella la muerte paterna se sientió descobijada de ese cariño y en la vida real-según mi punto de vista- la debilitó como mujer, pero acrecentó su creatividad poética. Felicidades liliana.

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