De un mundo de historias perdidas por cortesía

Despreocupándose de seguir algún canon, quien escribe dejándose engolosinar por el diablo de la desmitificación, deja la ocurrencia y acaricia la genialidad, como se distingue en Ibargüengoitia Me impregno de Ibargüengoitia y escribo: su mano sigue dibujada en la mesa, su escuálido corazón y sus nalgas inclinándose. Ahí, la mancha Seguir leyendo…