Un café con Woolf, Tiresias y Catalina de Erauso

Un café con Woolf, Tiresias y Catalina de Erauso

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El hipo
Corría el año 387 a.C., y en medio de un jardín, bajo una higuera, yacía Catalina. Me disculpé mil veces por mi tardanza pero el hipo no se me quitaba desde la mañana; casi estuve a punto de cancelarle.

— Buenas tardes, señora Catalina.
— Buenas, ya pedí un espresso, el quinto de hoy…pide antes que llegue el malvado de Tiresias, en una de esas se te adelanta con el café y te adivina hasta el tuétano.

Nos quedamos en silencio, ella jugando cartas como en privado, absorta. Yo, aguantando la respiración. Nada, el hipo continuó.

El episodio que acabo de relatar alguien me contó que lo soñó. No importa quién, abre el hilo a un interesante encuentro. Ahora con las ventajas que implica la virtualidad, las reuniones por Zoom están a la orden del día, y estoy a punto de enviarle invitación a esos personajes: a la monja Alférez y a Tiresias. Pero para hacer más interesante la reunión pienso incluir a Virginia Woolf. Como aún no confirman ni día ni horario, me propongo pensar sobre la interesante velada, sobretodo esas sorprendentes (trans)formaciones de las que todas ellas han hablado, mejor dicho, han encarnado. Algo que despertó en mí un profundo interés fue la facilidad con la que se dan las transformaciones de género tanto en La monja Alférez, de Catalina de Erauso, como en Orlando, de Virginia Woolf. Ambas novelas llevándome a Tiresias.

La invitación
La primera en aceptar mi invitación fue Virginia, me comentó que tomará la charla entre sorbo y sorbo de su té negro y en su propia habitación. Fin del comunicado. Woolf escribió Orlando en 1928, muy posiblemente tras la ruptura trágica con su amante Vita Sackville-West. Orlando es el preferido de la reina, quien le regala un anillo de esmeralda, que le dota de la capacidad  de no envejecer ni morir. Encuentros y desencuentros: primero como hombre enamorado de una princesa rusa que luego lo abandona, él decide huir a Turquía. Allá en el remanso del sueño -que duró 10 días- despierta convertido en mujer, quien se casa con un navegante. A lo largo de la trama se juega con la transformación del personaje: cambio de sexo, cambio de trajes, cuestionamiento de los géneros, pero nada de sexo explícito, como ocurre en la mayoría de las obras de Woolf. Metamorfosis a lo largo de 400 años de vida del personaje

Una de las cosas que más sorprende de esta mutación es que no sea cruenta para el cuerpo o para el alma. Es decir, no incluye mutilación o daño, se da de forma pasiva mientras se encuentra dormida y en el sueño la visitan las alegorías de la Castidad, la Pureza y la Modestia. Orlando me recuerda las leyendas de tribus amerindias, quienes creen que algunos de sus miembros tienen dos espíritus en un solo cuerpo: un espíritu femenino y un espíritu masculino, son conocidos como “two-spirit” o “berdache”.

Hasta aquí uno se pregunta: ¿androginia? Para algunos, Virginia quiere mostrar la androginia como metáfora del proceso creativo y como forma de dar vida: lo fálico y lo materno. Para otros, se trata del devenir. Así, Orlando realiza un recorrido transexual y transgénero en una temporalidad trastocada.

Casi a las dos horas, Catalina fue la siguiente en confirmar la reunión pero con una condición: que no se le critique por beber su bourbon y que se pueda retirar media hora antes para ir a cobrar una apuesta. La historia de la monja alférez, escrita por ella misma, narra sus aventuras como hombre, sus contrariedades de ser mujer y virgen, de tener la autorización del Papa para vestirse de hombre. En cierto momento de su vida, escapó del convento donde sus padres la dejaron aún muy pequeña, desde entonces inició su vida como Antonio de Erauso. A lo largo de 20 años, viajó a numerosas regiones, cruzó el atlántico, fue soldado, comerciante, entre otros. Duelos de honor, rescate de damiselas, habilidad con la espada, la hipermasculinidad… No olvidemos lo que menciona Le Breton (2002): “el cuerpo no es una naturaleza indiscutible, inmutablemente objetivada por el conjunto de comunidades humanas”.

Finalmente, a la mañana siguiente Tiresias mandó decir por Whatsapp que confirma la reunión. Pidió discreción por su atuendo, pues no sabe el contentillo de Hera, por lo tanto improvisará un vestido de seda, unos jeans y saco…De beber: americano con refill.

Retomemos el Banquete de Platón, donde se relata que en tiempos primitivos existía un tercer tipo de género: el andrógino. Estos seres eran redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza, y por supuesto, los dos sexos: el masculino y el femenino. Zeus los castigó partiéndolos por la mitad, Apolo les dio la forma de cada uno de los sexos imperantes; desde entonces, el amor intenta reunirlos, fundirlos: dos seres en uno solo.

Pero es en la Metamorfosis de Ovidio donde Tiresias se convierte en mujer al separar con su bastón a dos serpientes que estaban copulando, reencontrando su condición de varón siete años más tarde al volver a separar a las mismas serpientes. Cuando Zeus y Hera se enteran de semejante peripecia, discuten acerca de cual de los dos sexos disfruta de mayor placer sexual, y lo convocan a dar su opinión. Cuando les responde que es la mujer quien experimenta más placer, Hera enfurece y lo deja ciego; Zeus para compensarlo le concede el don de la adivinación. Tiresias, como sabemos, fue siete años hombre y otros siete años mujer, no por gusto propio sino por castigo y furia de la diosa Hera. En este mito es donde ocurre una de las transformaciones más originales, mutando de hombre a mujer en distintas fases de su vida.

Peripatéticas
Quién sabe si en la reunión por Zoom, semejantes mujeres entren en una especie de banquete platónico. Yo desde mi rincón propio les preguntaré sobre esas intermitencias del existir. Me parece que el eje central sobre Orlando, Tiresias y la monja alférez es acerca del devenir y lo trans, así como de la soledad que las atraviesa. El devenir está muy relacionado con el tiempo y por lo tanto con el cambio. Margo Glanz nos recuerda que “para Michelet la mujer es semejante a la naturaleza, cómo ella es movida por un ritmo: así como la tierra se mueve por la luna, la mujer se mueve por la sangre” (p. 122,2019). Algo es ahora… pero dejará de serlo inmediatamente después, para pasar a ser otra cosa. Muy Heracliteano el asunto, el filósofo fue famoso por su insistencia en el cambio, la unidad y la armonía de los contrarios.

Por lo tanto, ligo ese devenir con el prefijo trans: como algo que está más allá o al otro lado y finalmente como proceso de cambio. Lo opuesto a lo trans sería lo estático, lo rígido, creando una serie de vicisitudes como el aferramiento rígido a las teorías o ideologías como “verdades”.

Mi sentimentalismo les hará preguntarse sobre el origen de la escritura: ¿hija de Adán o de Eva? Ojalá tengamos chance de hablar sobre Winnicott (1971), quien en su escrito «Los elementos masculinos y femeninos disociados que se encuentran en hombres y mujeres» parte del concepto de bisexualidad como rasgo característico perteneciente a todo individuo. Winnicott vincula el elemento femenino con el ser, con la identidad primaria, siendo la madre suficientemente buena quien lo proporciona. El elemento masculino corresponde a un hacer, el impulso relacionado a los objetos. El elemento femenino precede al masculino, ambos conformándose muy tempranamente.

Tal vez esto ayude a entender el poderoso efecto de tales elementos constitutivos en los escritores; de ahí que, tenemos a un Flaubert con una novela que nos transporta al mundo de ensoñación de Emma, nos dibuja el interior de Madame Bovary…lo mismo ocurrió con Marguerite Yourcenar y su agudeza plasmada en Memorias de Adriano.

Escribir es una forma de perpetuarse, no es ni masculino ni femenino (Anzieu, 2010). Dichas intermitencias entre lo femenino y masculino en la escritura, podrían ir al encuentro de aquellas trazas primigenias, aquellas huellas disociadas pero posibles de subjetivarnos.

Azoradas nos despediremos y apagaremos la cámara.


Referencias bibliográficas:
-Anzieu, A. (2010). La mujer sin cualidad. Para un psicoanálisis de la feminidad. Biblioteca Nueva.
-Glanz, M. (2019) El texto encuentra un cuerpo. Colección lectores.
-Le Breton, D. La Sociología del cuerpo. 2da ed. Argentina: Ediciones Nueva Visión Buenos Aires; 2002
-Winnicott, D. (1971) Realidad y Juego. Los elementos masculinos y femeninos disociados que se encuentran en hombres y mujeres.

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One thought on “Un café con Woolf, Tiresias y Catalina de Erauso

  1. Hola Liliana, tu columna me recuerda el goce primario cuando leí Orlando de nuestra admirada Virginia Woolf.Ella destacaba lo negativo y nocivo de dividir el pensamiento entre lo masculino y femenino. Porque mirar y escribir sobre el mundo es desde una perspectiva metasexual, es decir trascender más allá de los géneros que en ocasiones como un traje nuevo aprieta e impide respirar libremente. Enhorabuena.

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