Una apasionada combinación: sexo y escritura

Una apasionada combinación: sexo y escritura

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“Siempre seré la prostituta virgen, un ángel perverso, una mujer siniestra y santa de dos caras…”
Anaïs Nin.

«Una mujer disfruta con la certeza de acariciar un cuerpo cuyos secretos conoce y cuyas preferencias son sugeridas por el suyo propio.»
Colette

La escritura femenina es cosa de brujas, escondidas en sus rincones las mujeres en forma clandestina bordaron no sólo carpetas y paños finos, también labraron en sus cuadernillos pequeñas historias, frases secretas, cual mágicos conjuros. Una red de palabras configuradas en cartas, diarios cuentos, novelas poesías y algo más…  Si bien, en  el pasado eran pocas las mujeres que sabían leer y escribir, algunas se atrevieron a revelar sus deseos y apetencias sensuales, sexuales y eróticas.

En la historia de la literatura los diarios íntimos femeninos han sido destruidos, ocultados o expurgados cuando en sus páginas se hace referencia al sexo. Decir lo que no se puede contar en las reuniones sociales, a los amigos, al esposo, incluso al amante se ha trasladado a las níveas hojas de un  púdico diario femenino cual cómplice licencioso que recibe de su dueña los latigazos de su negra tinta. Adentrarnos en los recovecos de los diarios es incitar nuestra curiosidad, convertirnos en voyeurs entrometidos, ansiosos por saber más de la intimidad de sus autoras. Por tal razón, las obras de las mujeres que escriben siempre han estado fuera del canon oficial porque se considera su escritura plagada de subjetividades y contar emociones y sentimientos para la literatura académica no es reputada de calidad. Atreverse a decir las experiencias personales e íntimas es vulgar o pacato. En cambio, los diarios hechos por escritores se esperan interesantes, combativos, objetivos y de realce aventurero. No así los escritos por las féminas. La censura, el desprestigio y el morbo son algunos de los efectos hacia sus autoras, no obstante el rechazo social, su fiereza creativa acicatea su ego y continúan combativas con su oficio de escritura.

Estas brujas literarias han surgido con su pluma enhiesta para narrar con valentía su visión del mundo, así tenemos a dos hechiceras de palabras lujuriosas: Sidonie-Gabrielle Colette y Anaïs Nin. ¿Qué tiene en común estas dos mujeres?, su poder se basó en su cuerpo, talento y curiosidad de aprehender el mundo.

Sidonie-Gabrielle Colette (1873-1954) se inició en la escritura desde pequeña, ya en las cartas que enviaba  al que sería su marido, Henry Gauthier-Villars se atisba una gran desenvoltura en crear personajes femeninos precoces como la adolescente Claudine, novela que no obstante fue firmada por su esposo y las secuela de dos más, usurpando su talento. Colette perfilaba historias donde las mujeres se despojaban de convencionalismos falsos para decir, pensar y hacer lo que sentían. Ella misma como auto inspiración, caracterizó en sus protagonistas el cuestionamiento de las contradicciones en las relaciones de pareja como un rito impuesto por la hegemonía masculina. Su propia vivencia la llevó a experimentar una bisexualidad como un prisma de sensaciones y aprendizajes. Colette no dejó de escribir. Ensayista, narradora, actriz y periodista imprimió un estilo nuevo de mostrar con humor y agudeza la sexualidad y los deseos eróticos de las mujeres, sin importar la edad: adolescentes, adultas, mujeres mayores de cuarenta años y más que no niegan su necesidad de gozar su erotismo, incluso de enamorarse de parejas más jóvenes, como lo experimentó la propia Colette que mantuvo por un largo tiempo una apasionada relación con el hijo de su tercer esposo, Henry de Jouvenel. Al ser descubiertos, Colette se divorció siguió con su vida creativa produciendo con su característico estilo literario, persistentemente certero en delinear personajes y emociones que llegaron a ser populares en el publico lector de su época.

Cabe mencionar la admiración y asombro que producían su vida, así como su propia calidad discursiva y facilidad para abordar varios géneros como la crítica teatral, el cuento breve, aspectos reconocidos por intelectuales y escritores como  André Gide premio Nobel de literatura en 1947, además era uno de  sus mejores amigos.

En efecto, la escritura es un estado de liberación, un trance mágico e inspirador tan necesario como respirar como lo fue en Anaïs Nin. La notable urgencia de escribir como una obsesión surgió en el cuerpo y alma de Anaïs Nin (1903-1977), artista creativa, una bruja con talento para contar a detalle sus vivencias más profundas en una constante volición de crecer como literata. Desde su primera infancia sufrió el impactó del abandono de su padre de oficio pianista. Dolida por la ausencia paterna, empezó a escribir cartas en su cuaderno dirigidas a su progenitor donde le rogaba su presencia. Su diario se convirtió en su fiel amigo, en su grimorio perfecto para exorcizar la fatalidad de la vida. Inquieta, se dedica en su adolescencia al baile. Se casa a los diecinueve años con un joven banquero Hugh Parker Guiler. Su matrimonio dura varias décadas (54 años) entre un movimiento ambiguo de pasión y odio que aprovecha Anaïs Nin para viajar a Francia y dedicarse a experimentar el arte y la escritura erótica con la influencia de su amigo y amante Henry Miller. Este vínculo fue el parteaguas en su formación como escritora. En su libro titulado Incesto, Nin, anota su relación amorosa con Miller y su esposa June. “He hecho a ambos mi gran ofrenda. Entrego al uno al otro, dando a cada uno la bella imagen de ellos mismos. Soy únicamente la reveladora, la armonizadora…Mi amor por June y Henry es menor en proporción a mi rebelión contra el sufrimiento. Creo que uní en ellos una experiencia que no puede destruirme –en la que yo no entro del todo- porque quiero vivir«[1]  Así vivió Nin, liberando las tensiones, las pasiones y los instintos a través de palabras, decir lo que se siente y piensa después de haber colmado la materialidad del cuerpo en su diario fue su modo de ser. Cada experiencia la seleccionaba cual orfebre, engarzando  preciadas joyas sobre el lienzo sensual de sus diarios. Sus posteriores encuentros amorosos los fue describiendo con una prosa reflexiva y madura. En constante introspección de sí misma. La inseguridad, la autocrítica estuvieron presentes en sus diarios, y Anaïs Nin se preguntaba frente a su espejo: ¿Cuántas intimidades hay en el mundo para una mujer como yo? ¿Soy una unidad? ¿Soy un monstruo? ¿Soy una mujer?

Hay que tener en cuenta el impacto que suscitó cada una en su momento. Se les llamó licenciosas, lujuriosas, vulgares, se le trató de callar, de minimizar su importancia ante sus desenfrenos intelectuales. Sin pelos en la lengua, para describir con maestría todo lo que amaron, observaron, sintieron, creyeron y construyeron sin temor su propia personalidad. En continua búsqueda ontológica, entenderse y posicionarse en la realidad. Colette y Anaïs Nin, estuvieron en contra de la santificación hacia la mujer, porque se sabían mortales, incluso vulnerables inmersas en su corporalidad, sin sentirse pecadoras, por el contrario, experimentaron los atisbos del deseo  como un sendero de iluminación. Admiro su afán de aprendizaje, su razón de movimiento, de indagar, andar y Colette como Nin, en su larga vida fueron nómadas del saber.

Finalmente, es desconcertante y a la vez admirable cómo de sus  yerros  Colette y Anaïs Nin los adoptaron para reconstruirse paso a paso hasta convertirse en controvertidos íconos de brujas literarias. Pensar que en su trayecto creativo, estas dos mujeres insumisas y libres que disfrutaron el erotismo y ambas vivieron en Francia no se hayan cruzado para compartir en astuta complicidad un café en pleno París, hubiera sido un fantástico aquelarre.


[1] Incesto (1932-1934)  Trad. José Luis Fernández-Censio, Siruela, España, 2018, p.19.

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One thought on “Una apasionada combinación: sexo y escritura

  1. Es un texto muy bien fundamentado,donde nos muestra las habilidades de las mujeres que aún y apesar de las fuertes críticas y castigos se atrevieron a decir lo que sentían.
    Felicitaciones maestra Luz.

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