Vivimos en una sociedad

A lo largo de la historia hay frases ready-made, como “a lo largo de la historia”, que se usan indiscriminadamente para enmarcar las reflexiones u ocurrencias de cualquiera que busque hacerse notar bajo la bandera de la criticidad, sobre todo cuando se trata de hacer sonar a un producto de mero entretenimiento como algo que no es. Ahí, creo yo, está uno de los más grandes problemas que tenemos ahora, y es que el entretenimiento ya no es lo que era.

La industria del entretenimiento, tan fiel antes a sus valores de producción centrados en el star system y el consumo frívolo, se ha visto afectada por la necesidad ideológica del bienestar y la salud, permitiendo que se haga un tropo indispensable de sus creaciones el construirlas bajo la adjetivización de “inteligente” para que así pueda ser vendido a los públicos que ansían, fascinados, un producto que los haga pensar en sus horas de esparcimiento. No me lo tomen a mal, me encanta pensar, pero si, por decir algo, estoy viendo una serie que quiere obligarme a pensar y yo solamente quiero relajarme, entonces esa serie no es para mí.

Una de las grandes, y graves, consecuencias de enfrentarse a un mercado, cualquier mercado, en el que poco a poco todo se estandariza bajo la misma necesidad de producción y se oferta dentro del mismo marco es que la diferenciación del producto no se conciba ya ni siquiera desde la marca, como se hacía hace unos veinte años, o desde la calidad del producto mismo, como se hacía hace más de cincuenta, sino desde la generación de identidad de los mismos consumidores, es decir, de la creación de fanáticos que beban todo de un mismo abrevadero porque se les ha metido la idea de que sólo esa agua los hará más inteligentes. Eso justo es lo que ocurre con el entretenimiento, que segrega y dispersa, que identifica y relaciona, siempre y cuando esté etiquetado bajo la nomenclatura que el bienestar da para los márgenes de la sanidad mental: algo inteligente que si lo entiendes te hace mejor, algo despierto que te valida como socialmente funcional, algo doctrinario que te separa de los que no se entretienen igual.

La contraargumentación a lo que aquí expongo es sencilla pero ilusoria: cualquiera podría decir, también usando una de esas frases tan socorridas en estos días, que cuando vivimos en una sociedad que logra aportar algo a las personas por medio de su entretenimiento todo mejora, puesto que es reflejo de consumidores más exigentes, consumidores a los que también se les llega a etiquetar como inteligentes; pero, para usar su misma fórmula, la verdad es que vivimos en una sociedad que es propensa a la alienación, una sociedad en la que estamos obviando que las personas atraídas hacia esos productos siguen siendo, justamente, consumidores. Siguiendo la lógica de Yves Michaud, lo que vende ese tipo de entretenimiento no es el entretenimiento mismo, como antes, sino el lujo de agregarle un elemento de inteligencia, real o no, para renovar al producto pero esta vez con consecuencias tremendamente graves, pues ahora el producto genera comunidad y la comunidad genera marcación social y segregación.

Nos hace falta recordar que antes el entretenimiento se producía para ser lo que era, y en su misma construcción apelaba a la polisemia por debajo de la necesidad de entretener, generando pensamiento fuera de sí, permitiendo análisis e interpretaciones diversas, interacciones realmente inteligentes; ahora es necesario un sentido único para llegar a comprender el entretenimiento, las personas se pasan buscando videos con minucias respecto a lo que acaban de ver, explicando teorías con esperanza de tener la razón y poder soltar un “te lo dije” a quienes les dijeran algo diferente, enojándose si alguien da una interpretación diferente a lo que el producto es de acuerdo a lo establecido, elidiendo a las voces que disienten en gustos pese a que el gusto sea de las cosas más libres que podemos llegar a tener.

Supongo que hoy vivimos en una sociedad en la que el entretenimiento inteligente es lo de las cosas que menos hace inteligentes a las personas.         

              

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