Walter Benjamin: una reflexión y la crítica

Lo que pretendo hacer aquí, en este pequeño espacio, está más en sintonía con la idea de ‘pensamiento’, que con aquello que tiene que ver con la observación, consideración, sugerencia o incluso con la meditación. Esto, en gran parte, debido al reto que presenta dar una reflexión del ensayo ‘Para una crítica de la violencia’ de Walter Benjamin (en alemán Zur Kritik der Gewalt), el cual será eje central de las reflexiones hechas por el autor de estas líneas.

Me gustaría centrarme en el término ‘crítica’. Tal como lo menciona el autor al iniciar el texto, la tarea de la crítica en torno a la violencia tiene que ver (o está en sintonía) con la relación entre el derecho y la justicia, es decir, que la violencia puede ser analizada y, por ende, se puede emitir un juicio legítimo si se entienden los fundamentos que existen en el puente que se entreteje entre el derecho y la justicia. Sobre todo, si se mira el papel que ocupa la violencia en esta comunicación entre una y otra. 

La violencia se pondrá utilizar, a partir de esto, en esferas. Una de ellas será la de los medios, es decir, que la violencia es usada para conseguir un objetivo, aunque éste puede desplazarse interminablemente. Si se piensa en el derecho natural, la violencia sirve en aquellas acciones que entren dentro de los llamados fines justos; si se piensa en el derecho positivo, la violencia sirve entonces a medios legítimos: fines justos pueden ser alcanzados por medios legítimos, y medios legítimos pueden ser empleados para fines justos. Cómo se legitima la violencia a partir de medios legítimos tiene que ver con la monopolización de ésta, que en otra instancia cuida de sí misma, es decir, del derecho. No los fines, sino su mera existencia. Así lo expresa Roggero “El único fin del derecho es afirmar su propia autonomía, afirmar al derecho mismo. Toda violencia que no persiga los fines de derecho amenaza su monopolio”. Este derecho de hacer uso de la violencia como medio legítimo se presenta en las organizaciones, ya sea del Estado o de trabajadores. En su extremo se puede encontrar la huelga general revolucionaria, que concibe por sí misma el uso de la violencia como derecho, y esto es precisamente lo que el Estado teme. 

Si interviene en otros ámbitos, como el lenguaje, es por su legitimación dentro del derecho y la organización que de ésta se hace entre los sujetos de una sociedad. A su vez, expresada en otros ámbitos, como es la violencia mítica, viene a recalcar un vínculo entre el derecho y la violencia a través del poder. Lo que se buscará, a partir de esto, es la localización de otra esfera que se encontrará en la violencia pura, es decir, aquella que está fuera del derecho “En tanto que la violencia mítica es fundadora de derecho, la divina es destructora de derecho” nos dirá Benjamin. Sin embargo, nos recuerda Camargo que “La violencia, por tanto, es pura sólo si está en relación a algo externo que no puede ser, sin embargo, un fin buscado, pues entonces se reinscribiría en el ciclo medios y fines propios de la violencia mítica-jurídica”. La condición a la que muy posiblemente esté asociada dirá Camargo, la da Benjamin al inicio de su texto, es decir, a buscar otra relación entre el derecho y la justicia. 

Ahora bien, si es posible realizar una crítica de la violencia que pueda ser expresada para el desarrollo de una reflexión, ésta únicamente cobra relevancia cuando se realiza a partir de la filosofía de su historia, no en un sentido cronológico, sino dialéctico. La crítica, si algo permite, es descubrir la construcción histórico-filosófica de determinados elementos o fenómenos para ser pensados desde otros ángulos. Ello posibilita la reflexión, pero además da la posibilidad de entender el orden en el cual nos movemos y así, apostar por relaciones que mantengan los conflictos al límite: afinidad, amor a la paz y el lenguaje. 

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