Yo caminé con un Zombi: La figura del muerto viviente antes de Romero

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La Real Academia Española de la lengua nos dice sobre la palabra “zombi”, que viene del criollo haitiano y que es quizá, de origen africano, con dos acepciones: 1. Persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de dominar su voluntad, y 2. Atontado, que se comporta como un autómata.

El fenómeno del zombi en la literatura es vasto, pero ahora intentaremos dilucidar dicho fenómeno en el cine, en donde se ha convertido en un tema tan recurrente, que pareciera que siempre fue igual, y no es así. El cine de zombis, ha pasado por varias transformaciones, adaptándose al momento, como decía Siegfried Kracauer en su famoso libro De Caligari a Hitler, una historia psicológica del cine alemán, de 1947: “Las películas de una nación reflejan su mentalidad de forma más directa que otros medios artísticos”, es decir; Kracauer abordó cómo los miedos y las aspiraciones de una cultura pueden ser plasmados en el cine, convirtiendo así, a muchas obras cinematográficas en continentes de un sin fin de temas que son vistos por las sociedades de una u otra forma, dependiendo del tiempo y del espacio en que se sitúen.

En 1968, el cineasta norteamericano George A. Romero, plasmaría en el cine y en la cultura popular, el comienzo poderoso de una nueva forma de mirar el tema zombi, sin embargo, Romero abrevó de una rica tradición cinematográfica y literaria que planteaba caminos diversos, y algunas veces muy distintos de lo que él proponía: los zombis como una horda imparable de destrucción, entes sin individualidad con un único propósito, matar y devorar a sus víctimas. Metáfora de la destrucción del Estado, de la desigualdad y el malestar en una sociedad en donde el consumismo es pieza nodal para su funcionamiento.

La película del cineasta francés Jacques Tourneur, I walked with a zombie, de 1943, nos muestra ese cine de zombis anterior, en donde más que una máquina devoradora de seres humanos, el zombi es un esclavo al que se le ha robado el alma, un ente que ya no está vivo, que por arte de vudú, ha sido despojado de su identidad para satisfacer los deseos criminales de alguien más.

Producida por la RKA (Radio Pictures), la misma compañía que diera a conocer joyas como “King Kong” o “El ciudadano Kane”, y bajo la supervisión del legendario Val Lewton, cabeza de la sección de horror -que nos traería otros films del género como “The cat people”, “The leopard man” y “Night of the demon”, ésta última con Columbia Pictures- Yo caminé con un zombi nos cuenta la historia de Betsy Connell (Frances Dee), una enfermera que se embarca a la isla caribeña de San Sebastián, para cuidar de la esposa enferma de Paul Holland (Tom Conway), dueño melancólico de una plantación de azúcar.

A través de la creación de una atmósfera atemorizante, construida a partir del miedo hacía el “otro”, y a las leyendas y tradiciones del vudú, la trama se va desarrollando, dejándonos entrever envidias asesinas, celos desproporcionados, y tensiones que tienen que ver con el poder, pero sobre todo, nos regala una historia compleja, en donde nadie es enteramente bueno ni malo. Parte de la gran creatividad en la forma de abordar los temas como el de la violencia y el erotismo, se los debemos a las leyes de censura cinematográfica de la época, el Código Hays, que se aplicó más o menos a partir de 1934 y hasta 1947, y que fue causante de que los cineastas tuvieran que ser más imaginativos de la cuenta, buscando constantemente nuevas maneras de mostrar algo que por ley, no se podía.

Yo caminé con un zombi, se basó, entre otras, en la historia escrita por Inez Wallace, y recrea el horror por medio de una atmósfera atemorizante, en donde los pequeños detalles juegan un papel preponderante: los temibles sonidos de tambores lejanos, las tomas de sombras muy al estilo del expresionismo alemán, los animales muertos y sobre todo, la apariencia amable e inofensiva de los aldeanos. No hay necesidad -tampoco se podía- de recurrir al gore, al desmembramiento explícito de cuerpos y a la violencia clara, es decir; nos encontramos ante una joya cinematográfica, que aborda el tema zombi desde una perspectiva anterior a Romero, de ahí la importancia de conocerla.

Cerraré recomendando que si les gusta el cine de zombis, no dejen pasar la oportunidad de revisar Yo caminé con un zombi, ya que se trata de un film que es parte de esa primera etapa en donde la figura del muerto viviente era solo una excusa para contrastar la maldad humana individual, y no una metáfora de lo que pasa cuando una sociedad entera colapsa.

Recomendación: En el último podcast de Radio Horror, charlamos sobre esta película. Los invito a escuchar todos sus episodios sobre cine de horror. Liga: https://radiohorror.transistor.fm/s2/6

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One thought on “Yo caminé con un Zombi: La figura del muerto viviente antes de Romero

  1. Hola estimado Ernesto, coincido con tu afirmación sobre que cada película de zombis tiene ciertos cambios, se ha transformado a este ser producto de los rituales vudú en un ente carnicero y cruel; presente en las grandes ciudades y siempre impelidos por su sed descructiva. Su mejor alimento son los cerebros de los vivos, pareciera paradójico que siendo entes que no piensan y descerebrados gusten de tan especial platillo. En lo personal, las hordas de zombies que han invadido el cine, carecen del transfondo del mito y las leyendas, ahora los zombis los encuentas más cerca de t{i.
    Enhorabuena por tu columna.

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