Yudi Kravzov: Elíxir de zafiros

Yudi Kravzov: Elíxir de zafiros

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Yudi Kravzov, Elíxir de zafiros, México, Endira, 2010, 110 pp.

No practico la crítica literaria, pero como lector ejerzo mi derecho a dar mi opinión.

Lo compré de remate, en la Librería Pessoa de Querétaro; entiendo que la editorial quebró, ignoro por qué. En primer lugar, es una novela que se presenta como erótica (tantos prejuicios al respecto); en segundo lugar, fue escrita por una mujer mexicana. Tenía que leerla. Hasta aquí mi innecesaria anécdota.

Por años se me hizo difícil opinar sobre este género. Leí varios títulos de la colección La sonrisa vertical de Tusquets en la universidad, hace décadas. Entre amigos, hacíamos comentarios de lo más diversos, pero con poco tino. Recorrí a Sade y a otros autores, aunque dejé de hacerlo por mucho tiempo.

Nunca leí un texto o teoría que me mostrara con claridad qué es el erotismo literario. No es que no lo haya, aclaro. Pasado el tiempo, creo que, por lo menos, una obra erótica debería ofrecer al lector tres cosas: una historia interesante, una dosis de sutil picardía y un uso del lenguaje auténtico (u honesto, podría decirse). Es decir, no pidamos más, pero tampoco menos, de un género bastante leído (y buscado), pero casi siempre en el filo de la insatisfacción (paradójicamente).

En Elíxir de zafiros lo más extraño es el título, que choca un poco, porque parece intelectualoide. Hasta ahí lo raro. Por su parte, la historia que presenta es un cliché, sí, pero está bien contada: una mujer conoce a un hombre en extrañas circunstancias, resulta que él es escritor y ella intenta serlo. Visto así, parece de lo más aburrido. El ambiente, sin aclararlo, es la Ciudad de México, según yo. Los ubico entre San Pedro de los Pinos y la Narvarte.

La trama es interesante porque ella se obsesiona con él, con su enredada y torcida mente más que con su cuerpo. Ese punto de tensión sexual coloca al lector a la distancia suficiente para que contemple una historia, más que dos cuerpos sudorosos. Comienzan a ser irrelevantes las circunstancias y a destacar los protagonistas. Se comunican por e-mail (lo que extrañamente suena actual y está bien usado), por teléfono (llamadas) y en vivo. Una comunicación multicanal, con sus diferentes tonos y posibilidades.

Sus encuentros en persona se dan en el departamento del señor, donde hay un juego psicológico, algo así como de amo-esclavo, con toques de sadismo y cierta inclinación hacia otras bellas artes que agrada. Sus cuerpos están cerca, su lenguaje habla del deseo, pero sus personalidades los acercan y alejan… como en la vida real (esa cotidianidad tragicómica que cualquier ha vivido). Su relación está más situada en el lenguaje, en las obsesiones y las manías, que en la desnudez, la penetración o los besos (apenas presentes). Se agradece que nunca caen en la cursilería.

Kravzov sí tiene aquí una novela, aunque breve, bien lograda. Quizás en el límite de lo disfrutable, en especial porque pudo alargarla más para beneplácito de los lectores, pero no queda a deber. El affair se resuelve con un giro final, donde uno de los dos pierde, pero ambos ganan. Y ahí está: algo sencillo, bien contado, con recursos literarios y personajes que no engañan. No coincido con Vicente Quirarte respecto de que esta obra haya que leerla “más de una vez”, pero sí leería cualquier otra novela de esta autora nueva para mí.


https://www.elsotano.com/libro/elixir-de-zafiros-2-ed_10561177

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